sábado 04 de junio de 2022 - 12:00 AM

El votante anti-establecimiento de la región andina

En las elecciones de 2022 la escisión maestra de la política colombiana cambió. En vez de dividirnos frente a qué hacer con el conflicto, el país se dividió alrededor de tres ejes: petrismo vs. anti-petrismo, uribismo vs. anti-uribismo, y establecimiento vs. anti-establecimiento.

Los candidatos escogieron distintas esquinas en ese cubo imaginario que combina los tres ejes para construir su base electoral fuerte. Petro obtiene la mayoría de sus votos de la esquina del anti-establecimiento-antiuribismo-petrismo y Rodolfo Hernández tiene su base de votantes en la esquina anti-establecimiento-antiuribista-anti petrista.

En esa oferta anti establecimiento se ofrecen dos menús. El menú Petro hay promesas de redistribución: a través de grabar a los ricos se promete que mejorará la calidad de vida de los pobres. En el menú Rodolfo Hernández hay promesas anti-políticas: ante todo quitar las rentas de los políticos corruptos y que lo que quede se utilice para levantar a los pobres. El establecimiento representa cosas distintas para ambos votantes. Para el petrista es el poder económico, político, cultural y simbólico que se ejerce desde los partidos, la tecnocracia, las universidades, los medios y los gremios. Para el rodolfista el establecimiento se acota a los partidos y sus maquinarias y a la tecnocracia/burocracia estatal.

Por qué un electorado se inclina más hacía uno u otro menú anti-establecimiento, tiene tanto de largo como de fondo. Creo que ayuda mucho cruzar estas variables con el mapa electoral. No es casualidad que en los márgenes del país haya ganado Gustavo Petro. Su propuesta anti-establecimiento de carácter redistributivo promete incorporar a los “nadies” –como Francia Márquez los ha llamado- a través de profundas reformas al sistema actual de protección social. Para los votantes del pacífico y del caribe votar por Petro es por fin contar y ser tenidos en cuenta.

Esto lleva a la paradoja del votante anti-establecimiento de la región andina, que desde siempre ha estado más integrada a las redes del estado y el mercado, y que por ello cuenta con mejor calidad de vida. ¿Por qué de repente las personas de esas regiones también quieren darle una patada al tablero? Para entenderlo creo que es importante que las economías de lo que va desde Huila hasta Norte de Santander han estado estancadas en los últimos años. En el bastión bumangués de Rodolfo Hernández los ingresos de todos han venido cayendo desde el 2014. El declive en los precios de petróleo, la dificultad de la industria manufacturera de aprovechar la favorable tasa de cambio, y la concentración creciente del empleo en un sector servicios informal y mal pago ayuda a entender la necesidad de que las cosas cambien. Por debajo del discurso chabacán de Rodolfo en contra de la ladronera hay una promesa de mejorar la economía a través de una alianza multi-clase entre empresarios y pueblo que se materializa con políticas proteccionistas para las industrias locales.

Estos votantes que tal vez con el Covid-19 por primera vez pasaron hambre, son hoy el votante de Rodolfo. Mientras que la promesa de Petro es una de incorporación de personas que nunca han sido invitadas al baile –el caribe y el pacífico-, la promesa de Rodolfo es de no sacar del baile a los que siempre habían estado participando. Y en esto tal vez valgan los paralelos con el votante de Trump.

Silvia Otero BAHAMÓN
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