Publicado por: Simón José Ortiz
Se sabe que una vez terminado Más allá del bien y del mal, Nietzsche se empeñó en que su editor lo hiciera llegar a los comentaristas que, desde la tribuna de los medios, pasaban revista a las nuevas publicaciones. Se trata, en consecuencia, de uno de los pocos libros del repertorio nietzscheano que cuenta con una amplia y constatable recepción, gracias a la cual queda registro de la primera gran colisión del filósofo con la opinión pública de su época.
Como apunta Julian Young (2010), allí encontramos la reacción hostil de una cultura que se siente brutalmente zarandeada y que, por lo mismo, solo atina a decir que aquel libro carece de «argumentos racionales», agregando que, si por algo resulta asombroso, no es por los pensamientos que revela sino por la «impudicia con que lo hace».
Pero Nietzsche, inicialmente leído con recelo, acabó convirtiéndose a lo largo del siglo XX y del XXI en uno de los filósofos más comentados tanto dentro como fuera de la academia, mientras que Más allá del bien y del mal se transformó, como se sabe, en una obra imprescindible para pensadores situados en las más diversas orillas.
Para unos, lo valioso del libro es la campaña espiritual que en él se emprende contra el autoritarismo y el dogmatismo de los tiempos modernos. Para otros, lo interesante es el giro moderado que da hacia el naturalismo junto con la idea de que, en cualquier caso, sin la compañía de las ciencias «inexactas» y del arte, las ciencias exactas son incapaces de asegurarle a la humanidad un panorama alentador.
De otro lado, hay quienes resaltan la originalidad con la que Nietzsche plantea su perspectivismo e imagina una sociedad libre de las escandalosas ideas que tuvo la religión cristiana sobre el mundo y sobre el cuerpo. Y por último, están los que recuerdan que el tiempo clave de esta obra es el futuro. Ella, insisten, mira hacia los dos siglos siguientes, esto es, hacia nosotros, pero también más allá, hacia una «patria» desconocida y prometedora.
A casi 140 años de la publicación de Más allá del bien y del mal, el mundo observa imperturbable cómo todo se cae a pedazos. Además de lo dicho hasta ahora, creo que este libro será necesario para comprender –y superar– la deriva nihilista de una civilización que, en línea con Benjamín, experimenta (ahora con las gafas de Apple puestas) su propia autodestrucción como goce estético.















