La situación sobre el estado financiero de las Entidades Promotoras de Salud (EPS), confirmada por el más reciente informe de Así Vamos en Salud, nos lleva a mirar la situación con la seriedad que merece. Aunque los datos son preocupantes, si nos quedamos solo en las cifras, perdemos de vista el problema de fondo: la crisis de nuestro sistema de salud es el resultado de un modelo que no se preparó para un desafío universal.
En todo el mundo, los sistemas de salud enfrentan una presión constante. El envejecimiento de la población, el aumento de enfermedades crónicas y el rápido crecimiento de los costos en tecnología y tratamientos de vanguardia son retos globales. Países como Estados Unidos, el Reino Unido y otros en Europa se debaten entre la reducción de costos y la garantía de acceso. Colombia, a pesar de lograr una amplia cobertura con su modelo, no fue diseñado para ser financieramente viable a largo plazo ante estas tendencias. La falta de gestión y el gasto excesivo de algunas EPS no son solo la causa, sino también la consecuencia de un modelo que incentivó la competencia sin una estructura de costos y operación sostenible.
Los últimos análisis financieros de las EPS en Colombia revelan una crisis estructural aguda. Entre 2020 y 2025, los activos de estas entidades cayeron de 23,2 billones a 18,1 billones, mientras que sus deudas se dispararon a más de 32 billones. Este desequilibrio ha llevado a que el patrimonio de las EPS se desplome. En pocas palabras, el dinero que reciben no alcanza a cubrir sus costos, lo que se traduce en un sistema que no es viable y que pone en riesgo la atención de millones de colombianos.

Esta inestabilidad se traduce en barreras para el acceso a tratamientos, retrasos en la atención y un aumento de quejas que revelan un sistema que se agrieta desde adentro. El foco se quedó en la sostenibilidad de las entidades, y no en la salud de los pacientes. La respuesta no puede ser solo inyectar más dinero en un modelo que, a todas luces, no ha funcionado, ni culpar a una sola parte del ecosistema.
La falta de decisiones se traduce en un costo humano inaceptable. La crisis financiera no solo afecta a los hospitales que luchan por operar, sino que pone en riesgo la vida de los pacientes. La falta de recursos y los retrasos en los pagos se convierten en tratamientos postergados, en diagnósticos que llegan tarde y, en el peor de los casos, en desenlaces fatales. Es por eso que se necesitan decisiones urgentes.
Es momento de mirar más allá de las discusiones políticas y reconocer que el verdadero desafío es construir un sistema de salud sostenible para todos. Esto requiere una visión de largo plazo que priorice la gestión eficiente, la prevención y la creación de un ecosistema donde el sector público y privado colaboren en la búsqueda de soluciones.










