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Victor Castillo
Sábado 05 de julio de 2025 - 01:00 AM

Hacia una nueva gobernanza global en salud

La pandemia dejó en evidencia una gran debilidad: la dependencia de cadenas de suministro extranjeras. Por eso, fortalecer la capacidad de producción nacional es estratégico e indispensable para responder de forma autónoma a futuras crisis.

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En un mundo cada vez más interconectado, donde los desafíos sanitarios globales, el envejecimiento de la población y la inequidad en el acceso a la salud traspasan fronteras, la gobernanza global se ha convertido en una prioridad. Aunque la comunidad internacional ha logrado avances importantes en las últimas décadas, persisten desafíos significativos: si bien existen organismos como la OMS, GAVI, UNITAID y el Fondo Global, la realidad es que la duplicidad de funciones y la falta de coordinación siguen siendo grandes obstáculos.

En este contexto, la propuesta presentada por España para crear una Plataforma de Acción para transformar esta realidad resulta relevante. La iniciativa plantea la necesidad de repensar cómo el mundo se organiza, financia y responde de manera colectiva ante los desafíos sanitarios del siglo XXI. Este enfoque es fundamental, ya que la salud no debe seguir considerándose un gasto, sino una inversión estratégica en bienestar, productividad y desarrollo sostenible.

Una de las prioridades de esta plataforma es fortalecer el papel de la Organización Mundial de la Salud (OMS) como eje central de la nueva arquitectura sanitaria global. En lugar de fragmentar esfuerzos, la entidad asumiría un rol de liderazgo en misiones conjuntas orientadas a promover la cobertura universal, mejorar la preparación frente a emergencias sanitarias y consolidar los sistemas de salud. Una propuesta lógica y esencial para países como el nuestro, donde persisten retos estructurales en el sector.

Otro aspecto clave es la financiación sostenible. La idea es que cada país pueda fortalecer su sistema sin depender exclusivamente de donaciones, cooperación internacional o presupuestos públicos limitados. Para lograrlo, se plantea buscar nuevas fuentes de ingresos, como los impuestos a productos nocivos para la salud. En Colombia, ya se han dado algunos avances en legislación y esta propuesta podría brindar un soporte internacional que lo refuerce.

Además, se destaca la necesidad de impulsar la producción local de insumos médicos y el desarrollo científico en países de ingresos bajos y medios. La pandemia dejó en evidencia una gran debilidad: la dependencia de cadenas de suministro extranjeras. Por eso, fortalecer la capacidad de producción nacional es estratégico e indispensable para responder de forma autónoma a futuras crisis. En el caso de nuestro país, se cuenta con talento humano calificado y un creciente potencial en innovación biomédica, lo que representa una gran oportunidad para avanzar hacia una verdadera soberanía sanitaria.

Por otra parte, se plantea una nueva visión de las alianzas entre el sector público y el privado, orientada a objetivos que realmente contribuyan al bienestar social, por encima de los beneficios particulares. Esto supone un desafío considerable, ya que muchas dinámicas actuales aún responden a intereses individuales que dificultan un enfoque centrado en el bien común.

En conclusión, la propuesta de una plataforma de acción internacional es oportuna y visionaria, porque al final garantizar el derecho a la salud en cualquier lugar del mundo es una responsabilidad compartida e indispensable. El reto ahora radica en que los países asuman la responsabilidad y la materialicen en acciones concretas.

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