Publicado por: Víctor Castillo
Las manifestaciones públicas efectuadas durante esta semana muy seguramente afectarán el curso de la pandemia en nuestro país en un momento en el que los contagios están en ascenso y los hospitales reportan ocupación total. Estas protestas, que en algunos casos tuvieron desenlaces violentos, se generaron como rechazo al proyecto de reforma tributaria, el cual considero incoherente, ilógico y mal planteado por parte del ministro Alberto Carrasquilla, quien a todas luces se ve desconectado de la realidad social del país.
La propuesta del Gobierno lastimosamente va en contra de la reactivación económica que tanto necesitamos los colombianos. El momento actual requiere que se generen los empleos perdidos y que la población disponga de ingresos que le permitan subsistir. Muy desafortunada la idea de gravar con IVA los servicios públicos, las pensiones y alimentos, entre otros tributos que golpean especialmente a las clases medias. Esta iniciativa es percibida como un acto de prepotencia del ministro de Hacienda, quien se vanagloria afirmando que es la reforma más ambiciosa en la historia de Colombia con la generación de 26 billones de pesos en medio de la mayor crisis económica en la nación, generada por la pandemia.
Es clara la necesidad de tomar medidas para no afectar la calificación de riesgo del país y buscar mecanismos para aumentar los ingresos, pero esta no era la forma. Los mismos empresarios en cabeza del presidente de la ANDI, Bruce Mac Master, habían sugerido una propuesta en la que el sector empresarial aportaba 15 billones de pesos, que asociado al IVA a las bebidas azucaradas, ahorros por deducciones y por subvenciones, ventas de activos no estratégicos de la nación y una gran lucha contra la evasión y la corrupción generaría más de 26 billones de pesos.
Importante también priorizar la inversión que el país requiere. Es un absurdo que en estos momentos se piense destinar más de 15 billones de pesos para adquirir aviones de guerra cuando la verdadera necesidad es salir de la crisis económica.
Con todos los sucesos recientes y la realidad nacional, era fácil prever la reacción negativa de todos, como finalmente se dio hasta al interior de los mismos partidos que apoyan al Gobierno. La molestia fue aprovechada hábilmente para fines políticos por la oposición, que de una forma irresponsable y sin consideración con la salud de los colombianos llamó a la insurrección y la anarquía.
Las marchas que vimos en la última semana, aunque tenían fines loables, repercutirán sin ninguna duda en el aumento del contagio de la población. Me temo que vendrá una dura situación porque antes de la incitación al desorden, los servicios hospitalarios ya se encontraban colapsados, sin ninguna capacidad de reserva de camas hospitalarias y estaban circulando cepas tan contagiosas y letales como la brasileña y la británica.










