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Editorial
Sábado 01 de octubre de 2011 - 07:07 PM

Otras elecciones invadidas por el fraude

Los hechos son tan evidentes en los meses previos a las votaciones, que cualquier afirmación en el sentido de que una vez más estas elecciones serán presas del fraude y estarán marcadas por la trampa, es quedarse corto en el diagnóstico

Publicado por: REDACCÓN EDITORIAL

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En varias oportunidades, se ha comentado en este mismo espacio editorial sobre la incapacidad de las diferentes entidades del estado y los servidores públicos, de aprender de las lecciones del pasado. De su proclividad a permitir que los problemas más graves se presenten una y otra vez de manera inexorable, sin que se tomen las medidas mínimas para evitarlos.

Tal vez uno de los ejemplos más patéticos en ese sentido, es el que se exhibe cada vez que el país aborda un proceso electoral.

Es que los hechos son tan evidentes en los meses previos a las votaciones, que cualquier afirmación en el sentido de que una vez más estas elecciones serán presas del fraude y estarán marcadas por la trampa, es quedarse corto en el diagnóstico.

De hecho, no son solo las denuncias que atestiguan los cientos de miles de electores que son trasladados de un municipio a otro por todo el país para torcerle el rumbo a los resultados. También es evidente que una vez más los ríos de dinero para comprar votos de ciudadanos con privaciones económicas están desbordados.

Y eso no es todo.

Incluso llaman la atención ya sea por la carga de ingenuidad que resultaría inexcusable o por la ineficiencia crónica que demuestran, declaraciones como las del Registrador Nacional, Carlos Ariel Sánchez, quien le comunicó a la opinión pública como si se tratara de un gran logro, que 4 millones de cédulas de muertos, que posiblemente venían siendo utilizadas por políticos y candidatos inescrupulosos para hacerlas votar, fueron removidas del censo electoral.
La cifra por sí misma y el hecho de que no se hubiera realizado la depuración a tiempo, es un verdadero escándalo.

Hablar de elecciones limpias en Colombia se ha convertido en una auténtica contradicción de términos. Pero el problema es mucho más grave que de simple semántica ya que el calado del fraude es tan profundo, que difícilmente se puede hablar de que en este país impere una auténtica democracia, cuando el proceso electoral no elige a los más decentes y preparados, sino en su gran mayoría a los que encarnan todo lo contrario.

Publicado por: REDACCÓN EDITORIAL

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