Una cosa es una fundación que realmente lo sea y otra, distinta, es el uso abusivo y torticero que se hace de tal figura asociativa, para llevar a cabo actividades empresariales y burlar el pago de impuestos.

Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL
El ministro de Hacienda ha anunciado que el gobierno Santos Calderón presentará a estudio del Congreso, el 20 de julio, un proyecto de ley que busca controlar la evasión de impuestos que llevan a cabo numerosas fundaciones y cooperativas que realmente no lo son, ya que son sociedades comerciales disfrazadas de entidades sin ánimo de lucro.
En Colombia no hay estadística real de la cantidad y calidad de las fundaciones que hay constituidas y funcionando, pero se estima que las entidades sin ánimo de lucro existentes tienen ingresos anuales por $120 billones y están exentas de pagar impuestos. Las fundaciones son entes jurídicos creados por voluntad de una o más personas particulares, que destinan recursos para atender, sin ánimo de lucro, necesidades sociales, ambientales, cuyo objetivo es propender por el bien común. Ellas deben reinvertir sus beneficios económicos para poder seguir cumpliendo, cada vez mejor, con sus fines.
Pero una cosa es una fundación que realmente lo sea y otra, distinta, es el uso abusivo y torticero que se hace de tal figura asociativa, para llevar a cabo actividades empresariales, sean ellas comerciales o industriales y burlar el pago de impuestos.
Fundaciones hay dignas de enaltecer, que prestan excelentes servicios a la comunidad, como ocurre con importantes entidades del sector salud, o universidades, que son pilar básico de la educación de nuestra población, otras dedicadas juiciosamente al sector comunitario, o al desarrollo económico, actuando todas ellas con responsabilidad social. Bastantes son financiadas por las empresas o familias que las fundaron. Pero así como las hay muy buenas, también las hay confusas, con objetivos poco claros, cuyo fin es enriquecer a sus fundadores y aprovechar la exención de impuestos.
Por ello es necesario evaluar los logros de cada fundación, su transparencia y resultados, el impacto social de sus acciones, verificar el cumplimiento del objeto para el cual fue creada cada cual, definir y crearles mecanismos serios de rendición de cuentas. En resumen, debe haber cabal regulación, eficiente vigilancia y control estatal para que no se salgan de su cauce. Lo mismo ocurre con las cooperativas, noble figura asociativa del sector de la economía solidaria que está siendo asaltada por empresarios mañosos con el fin de llevar a cabo actividades industriales, o comerciales, y evadir impuestos.











