La recuperación de este sector merece todo el aplauso ciudadano. Pero no es suficiente con el desmantelamiento de las casetas; detrás de esta comercialización hay una mafia que permanece intacta.

Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL
Durante casi cuatro décadas, el sec-tor conocido como ‘El Tierrero’, ubicado en la carrera 13 con Avenida Quebradaseca de Bucaramanga, se convirtió en una zona reservada de la delincuencia. En la ciudad entera se sabía que las partes robadas de los vehículos y motos iban a parar a ese sector, y que allí se revendían, a plena luz del día y frente a los ojos de las autoridades sin que nada se hiciera.
La semana pasada, la Alcaldía de Bucaramanga, la Fiscalía y la Policía metropolitana, en un operativo que tomó dos días y en el que intervinieron más de 50 funcionarios, ingresaron a El tierrero y desmantelaron 36 casetas donde fueron halladas 3.989 autopartes hurtadas. Tras el operativo, la zona fue limpiada y las secretarías de Planeación y del Inte-rior iniciaron el proceso de recuperación del sector, para evitar que sea invadido por ventas ambulantes o habitantes de calle.
Ahora, según ha dicho el director del Espacio Público, Julián Carvajal, en los meses siguientes se iniciará la recons-trucción de un sendero peatonal y se le-vantarán unas bancas en cemento.
La recuperación de este sector merece todo el aplauso ciudadano. El Tierrero se había convertido en un pedazo de la ciudad a merced de los delincuentes y es la primera vez que una autoridad local lo recupera para Bucaramanga.
Pero no es suficiente con el desmantelamiento de las casetas que allá funcionaban y donde se comercializaban las partes robadas. Detrás de esta comer-cialización hay una mafia estructurada que permanece intacta, y es allí a donde deben ahora dirigirse los esfuerzos de las autoridades.
Ya ha hecho carrera en la ciudad que todo elemento que es hurtado, incluidas las cédulas de ciudadanía, teléfonos o computadores personales, se llevan a es-te sector y posteriormente se contacta a su dueño para extorsionarlo y exigirle el pago de una suma a cambio de devolver-le sus propiedades. A pesar de las de-nuncias por estos hechos, es poco lo que pueden hacer las autoridades, pues mu-chas veces, por el hurto de documentos u objetos de menor valor comercial, las personas prefieren abstenerse de denunciar antes que enfrentarse a la burocracia estatal.
Solo podrá hablarse de una verdadera recuperación de este sector de la ciudad cuando además de limpiar estos espacios físicos se pueda poner fin a las bandas criminales que operan a sus anchas y que han hecho del hurto de autopartes, documentos y objetos dejados en vehícu-los toda una industria criminal que con-tinúa impune.












