Publicado por: Redaccion Editorial
El presidente Gustavo Petro, recomendó a los colombianos consumir menos gasolina y planteó importar menos gasolina, al tiempo que comenzaba su viaje hacia Alemania, que tiene como uno de sus propósitos el de firmar un “memorando de entendimiento para promover la producción y el uso del hidrógeno en Colombia”, esto como parte del proyecto de transición energética de este gobierno, que es un objetivo cuya necesidad nadie ha negado, pero sí ha tenido siempre la observación de quienes han visto la inconveniencia que tiene la aceleración desmedida que le imprime el ejecutivo y que podría tener devastadoras consecuencias para el país en general y para Santander en particular.
Existe la sensación de que en el juego de poderes pende de un hilo el equilibrio que debe existir entre los factores que intervienen en la transición energética, que a pesar de que son muy frágiles, tienen unas implicaciones gigantescas sobre la estabilidad y solidez de todo el aparato económico nacional. En las últimas semanas, los expertos en la materia han señalado que llevar esta transición a la máxima velocidad posible, resulta altamente inconveniente, renovando así sus llamados a la prudencia del presidente Petro. De no moderarse ese ritmo, han dicho, el país podría enfrentar una crisis en la disponibilidad de energía, obviamente con consecuencias devastadoras.
Los líderes de empresas del sector energético han dejado claro una y otra vez que reconocen la necesidad de iniciar un proceso de transición energética. Sin embargo, consideran que la propuesta de reemplazar las fuentes existentes no debe llevar a una especie de colapso a la economía nacional, sino que, al conservar un paso prudente y continuo, se pueden lograr avances en la producción de las energías que sustituirán a los hidrocarburos, antes de suspender abrupta y catastróficamente la exploración y producción en este sector. Este equilibrio es fundamental para garantizar un resultado adecuado en este proceso.
Pero, esta preocupación que constantemente han expresado los gremios y distintos voceros del sector energético, no los cubre sólo a ellos, sino que se ha evidenciado también en el grueso de la población, que siente que su cotidianidad, su calidad de vida y su estabilidad económica pueden verse seriamente afectadas si sobre el tema de hidrocarburos no se toman las medidas que deben ser y de la manera como deben operar. Una transición gradual no solo reduce este riesgo al mínimo, sino que evita que regiones petroleras, como la nuestra, vivan la calamidad resultante de un proceso abrupto y, por supuesto, injusto.










