Publicado por: Editorial
Una vez más el estudio del programa Bucaramanga Metropolitana Cómo Vamos, basado en encuestas que periódicamente adelanta, llegó a la conclusión de que la desconfianza continúa primando en las relaciones sociales, en todos los municipios del área en niveles que, en Bucaramanga, rozan el 50 % y donde solo el 23 % de las personas interrogadas expresó su confianza en quienes le rodean. Este índice tiene múltiples causas y nefastas consecuencias, en tanto la carencia de este valor de la confianza, en términos generales, crea comunidades en donde se manifiestan mucho más las conductas conflictivas que las que permiten la sana convivencia.
En pocas palabras, es la confianza la que tiene la potencialidad de unir a las personas, las comunidades y las instituciones, sin embargo, en nuestra ciudad esta valiosa cualidad parece estar disminuyendo a pasos agigantados. La desconfianza se ha infiltrado en nuestras vidas, minando las relaciones personales, socavando la cooperación comunitaria y debilitando los cimientos mismos de nuestras sociedades, mientras va creando un ambiente en el que la paranoia y el miedo florecen. Cuando la mayoría de las personas desconfían unas de otras, se establece una lógica destructiva que socava la cohesión social, frena el progreso y obstaculiza la capacidad de las comunidades para abordar los desafíos que enfrentan.
Parte de la explicación de ciertas crisis por las que pasa especialmente Bucaramanga, como lo es el problema de la inseguridad, radica en que la desconfianza produce un aumento en los conflictos interpersonales, las personas se vuelven reacias a ayudarse mutuamente, a colaborar en proyectos comunitarios, o a contribuir al bienestar colectivo. La desconfianza erosiona la solidaridad, dando lugar a una mentalidad individualista, que, obviamente, dificulta la construcción de relaciones armónicas, lo que hace a las personas más propensas a sentirse amenazadas y aisladas tanto de sus semejantes como de las instituciones que deberían protegerlas.
Nuestra historia nos ha mostrado varias veces que cuando los ciudadanos desconfían de sus líderes y las instituciones gubernamentales, se genera un cli ma de escepticismo y descontento, que es el que registran permanentemente encuestas y estudios como los que adelanta BMCV. Por eso es determinante que desde el tejido social y desde los gobiernos se entienda que si no recuperamos la confianza, la democracia se debilita y con ella, la capacidad de la sociedad para actuar con justicia y equidad. Solo la confianza mutua puede construir sociedades capaces de enfrentar los desafíos del futuro con unidad y determinación.










