Ahora, lo mínimo que deben hacer las autoridades departamentales es redoblar los esfuerzos para apoyar a los atletas santandereanos que participarán en los Juegos de 2027, tanto en lo financiero, como en lo técnico, logístico, deportivo, etc, para que, al menos en el medallero, podamos compensar el fracaso.
Publicado por: Editorial
Finalmente se produjo la mala noticia que se veía venir en relación con los Juegos Nacionales y Paranacionlaes de 2027, una sede que disputamos y que perdimos con los departamentos de Sucre y Córdoba que son los que recibirán los beneficios que en distintos campos significa organizar un certamen de esta magnitud. Por nuestra parte, nos queda la necesidad de establecer y asumir responsabilidades sobre lo que, sin duda alguna, es un nuevo fracaso de nuestra dirigencia política que fue la que tuvo en sus manos la aspiración y la promoción de Santander para que se le adjudicara la celebración de los Juegos.
Más allá del descontento que la noticia pueda causar, es fundamental que la clase dirigente del departamento asuma su responsabilidad en este fracaso y que lo haga abiertamente, pues aunque es cierto que la aspiración de Santander estuvo marcada por cambios abruptos en las reglas del juego, decisiones extemporáneas y la inclusión de candidaturas fuera de tiempo, estas irregularidades, aunque graves, no eximen a nuestros líderes de una responsabilidad de no haber previsto estos u otros obstáculos y no haber creado una estrategia que permitiera responder ante cualquier contingencia.
Desde el inicio, la administración del gobernador Juvenal Díaz Mateus mostró interés en traer de nuevo los Juegos al departamento, pero esta intención, que se veía como una oportunidad para recuperar el protagonismo que Santander tuvo en la organización de los Juegos en 1996, no se tradujo en una gestión efectiva y coordinada que pudiera enfrentar las adversidades que surgieron en el camino, lo cual refleja una planificación deficiente, falta de unidad regional y una carencia de visión general, pues Santander debía jugar un papel más activo en la política deportiva nacional, y el resultado final demuestra que esto no fue así.

Ahora, lo mínimo que deben hacer las autoridades departamentales es redoblar los esfuerzos para apoyar a los atletas santandereanos que participarán en los Juegos de 2027, tanto en lo financiero, como en lo técnico, logístico, deportivo, etc, para que, al menos en el medallero, podamos compensar el fracaso en la consecución de la sede.
Pero esto es solo un paso inmediato, pues lo que se requiere de fondo es replantear nuestra política deportiva departamental, pensar en programas y proyectos de largo plazo que fortalezcan todas las disciplinas atléticas en las que podamos participar. Santander tiene el potencial de ser un referente en el deporte nacional, pero para lograrlo, necesitamos una estrategia clara, recursos bien dirigidos y, sobre todo, un liderazgo que aprenda de los errores y fije una visión futurista en el tema.
Es hora de acometer una transformación profunda en el deporte regional. No se trata solo de ganar una sede, sino de crear un entorno en el que nuestros atletas puedan desarrollar todo su potencial y el deporte se convierta en una prioridad constante. No podemos permitir que la historia se repita, y para ello, es necesario un compromiso real y firme con el deporte, no solo como un propósito coyuntural, sino como una permanente política departamental.











