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Editorial
Sábado 27 de septiembre de 2025 - 01:00 AM

Más que pico y placa, necesitamos una movilidad inteligente

Publicado por: Editorial

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La reciente reactivación del pico y placa metropolitano en Floridablanca, Girón y Piedecuesta, ha reabierto un debate necesario y largamente postergado, sobre una medida, que, para muchos expertos, sólo representa la perpetuación de una política pública que insiste en un mecanismo que ha demostrado su ineficiencia para superar los desafíos de la movilidad urbana, por lo que, en lugar de revalidarla indefinidamente, debe hacerse una evaluación crítica de sus verdaderos impactos y de los perjuicios colaterales que genera, especialmente para el comercio y la dinámica social de los municipios más pequeños.

La medida, por ejemplo, ha perdido por completo su sentido original, pues surgió como una alternativa para descongestionar las vías específicamente durante las horas pico, entre las seis y nueve de la mañana, y de cinco a ocho de la noche; sin embargo, con el tiempo, y sin una justificación técnica sólida, se extendió a todo el día, ignorando que durante las horas valle las vías no requieren una prohibición que no distingue entre la congestión patológica y el flujo normal de la ciudad, penalizando innecesariamente a los ciudadanos y afectando la productividad y la libre circulación.

Uno de los argumentos más comunes para defender esta extensión horaria es su supuesta contribución a la descontaminación del aire, pero año tras año, la experiencia del ‘Día sin carro’ ha demostrado que la reducción en los niveles de contaminación es mínima, e incluso, en algunos sectores, como Cabecera, se han registrado aumentos, por lo que la idea del pico y placa como una medida ambiental es, en el mejor de los casos, una simplificación engañosa, pues una política verdaderamente ambiental apuntaría a cambiar las formas de movilización, promoviendo la caminata, la bicicleta y un transporte público eficiente y no contaminante.

En efecto, la crítica más seria radica en que el pico y placa es una solución superficial que no aborda las causas estructurales de la congestión o la empeoran al fomentar el crecimiento del parque automotor, cuando el verdadero reto es encontrar formas para desincentivar el uso de vehículos, con alternativas reales, más audaces y efectivas que pueden ir desde un cobro por circulación extendida, hasta nuevas políticas públicas de tránsito. Además, se necesitan planes serios de manejo de tráfico, elaborados con una visión metropolitana y no simplemente extender la restricción a zonas o municipios que aún no lo requieren, al menos en las horas valle.

En síntesis, la rehabilitación del pico y placa metropolitano prolonga aún más en el tiempo una medida que nació como una alternativa provisional. Las autoridades deben arriesgar más y proponer soluciones que, aunque inicialmente puedan ser impopulares, apunten a una movilidad más fluida, sostenible y equitativa. El pico y placa, al menos como está diseñado, debía ser un capítulo cerrado y deberíamos estar hoy frente a un debate serio sobre las alternativas que de verdad transformarán nuestra forma de movernos, ya no con simples restricciones, sino con una visión integral que priorice el transporte público, la movilidad activa y el uso eficiente del espacio vial.

Publicado por: Editorial

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