Publicado por: Editorial
En este tiempo de reflexión, nos dirigimos a nuestros queridos lectores de Vanguardia, con un saludo fraternal y lleno de esperanza, porque la Navidad llega con su aire de serenidad tras un año de intenso trajín, invitándonos a hacer una pausa amable; por eso es nuestro más sincero deseo que estos días estén colmados de felicidad auténtica, compartida en la calidez de las familias y en el calor de la amistad para que cada encuentro sea una fuente de renovado afecto y comprensión.
Esta celebración trasciende lo festivo para recordarnos la esencia de nuestra historia y nuestra identidad. La unidad en la familia, núcleo íntimo y fundamental, se erige como el cimiento, la piedra angular sobre la que se construye la comunidad. Es en el seno del hogar donde se forjan, con paciencia y ejemplo cotidiano, los valores perdurables y las virtudes que después se insertan en la cultura. De ese entorno íntimo surgen las mayores calidades humanas que podemos aportar a la ciudad.
La solidaridad, la honestidad, el respeto y la compasión son algunos de los preciados valores que una familia puede ofrecer a la sociedad y que representan el espíritu de la navidad. Son estos principios los que, multiplicados en cada hogar, terminan definiendo el carácter de nuestra región. Justamente son cualidades que ya distinguen a los santandereanos y han forjado nuestro buen nombre. Nuestra solidaridad, manifiesta en tantas pruebas, es un sello de identidad que nos ennoblece.

Esa laboriosidad incansable, esa vocación de trabajo que convierte los desafíos en oportunidades, es otro pilar de nuestro prestigio entre los colombianos. La perseverancia que nos ha permitido levantarnos una y otra vez, con tenacidad y fe en el futuro, completa el trío de virtudes que nos enorgullecen. En esta Navidad, al reunirnos, celebramos también ese espíritu colectivo que nos une y fortalece.
Por ello, mientras preparamos la cena y envolvemos los regalos, no olvidemos que la mayor celebración es poder abrazarnos en paz. Los invitamos, con sentido de responsabilidad, a tomar todas las precauciones necesarias para que esta Nochebuena transcurra en completa seguridad. Que la prudencia guíe cada desplazamiento y que la fraternidad inspire cada gesto, protegiendo a los nuestros y también a nuestros vecinos.
Que la alegría de estos días no se empañe con imprudencias. Planificar el regreso a casa, moderar las celebraciones y velar por el bienestar de todos es un acto de genuino amor navideño. Cuidarnos mutuamente es la extensión lógica de ese espíritu familiar que tanto valoramos. La ciudad que soñamos, próspera y en paz, comienza con decisiones responsables en cada hogar.
Que esta Navidad nos encuentre más unidos que nunca, reconfortados por los lazos indestructibles de la sangre y la amistad. Que la Nochebuena llegue cargada de regalos y de abrazos que reafirmen y protejan el amor filial. Desde las páginas de este diario les deseamos una muy Feliz Navidad, llena de luz y serenidad. Que el amor y la esperanza reinen en sus hogares hoy y siempre.









