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Editorial
Miércoles 08 de abril de 2026 - 01:00 AM

Vender ilusiones sobre el barro

Publicado por: Editorial

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Hace dos años, Vanguardia informó sobre 424 familias del barrio La Feria, en Bucaramanga, que quedaron damnificadas cuando la tierra bajo sus casas cedió de golpe, hundiéndose casi tres metros. Esa noche, varias viviendas quedaron reducidas a escombros y decenas más sufrieron grietas que las volvieron inhabitables. No fue un hecho aislado ni, mucho menos, el primer caso. A lo largo de décadas, situaciones similares han ocurrido en casi todas las zonas que bordean la escarpa de Bucaramanga, en el costado occidental de la meseta.

En la última semana la noticia se repite, ahora en el barrio Kennedy, donde algunas casas se agrietaron al punto de que las familias deben evacuarlas. Pero atribuir esto únicamente a una falla geológica es demasiado facilista, ya que detrás de cada pared derrumbada hay decisiones humanas, intereses oscuros y una permisividad que ha hecho de la necesidad de unos, un negocio redondo para otros.

Durante años, las autoridades han mirado hacia otro lado mientras se levantaban paredes en la ronda de los ríos y en las laderas más deleznables de la escarpa. Nadie detuvo esas construcciones, nadie aplicó las normas, nadie protegió a quienes, por ignorancia o desesperación, edificaron sobre tierra que, tarde o temprano, habría de traicionarlos.

Pero hay más, y es más grave aún. Muchos de los políticos de la región han estimulado las invasiones en zonas no aptas como una manera barata de cosechar votos. Prometen títulos de propiedad, prometen servicios, prometen futuro y, a cambio, reciben la adhesión forzada de quienes no tienen otro techo que el que ellos les permiten alzar sobre el barro. Es un clientelismo macabro que siembra ilusiones en un terreno apto solo para la tragedia.

Y mientras los políticos reparten esperanzas falsas, las bandas delincuenciales hacen su agosto apropiándose de terrenos baldíos, loteándolos y vendiéndolos a familias en extrema pobreza. Les aseguran que con el tiempo llegarán la legalización y los servicios públicos, pero eso es un espejismo. Así se ha expandido la anarquía urbanística en Bucaramanga, por lo que lo ocurrido en Kennedy no es más que otro capítulo de esta misma historia.

Lo que tenemos frente a los ojos es un sistema que, movido por intereses oscuros, ha renunciado a planificar la ciudad y ha dejado el territorio a la especulación, la delincuencia y el clientelismo. La escarpa entera es un monumento a la irresponsabilidad y la falta de autoridad.

Es urgente, por tanto, que se haga una evaluación completa y profunda de todas las zonas de riesgo en Bucaramanga. Se requiere un mapa real del peligro que enfrentan miles de familias, barrio por barrio, ladera por ladera. Solo así se podrá determinar el grado de vulnerabilidad y tomar acciones preventivas antes de que la tierra siga abriéndose o deslizándose.

Lo cierto es que cada día que pasa sin ese estudio a fondo es un día más que dejamos al azar. En Kennedy, en La Feria, en cien lugares más con nombres distintos y el mismo destino, las familias merecen vivir sin el terror de quedarse sin piso. No podemos permitir que estas situaciones se repitan indefinidamente. El costo de la indiferencia ya es demasiado alto y la paciencia de la tierra se está agotando. No es simplemente un asunto de urbanismo; es una responsabilidad indelegable de las autoridades sobre los bienes y la vida de los ciudadanos.

Publicado por: Editorial

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