Abelardo De la Espriella se consagró como nuevo presidente de Colombia al superar al izquierdista Iván Cepeda en la segunda vuelta.

No tenía experiencia en política y mucho menos había participado en un proceso electoral. Su vida había estado en los tribunales, como abogado litigante, y como empresario de ron, ropa y cantante de ópera.
A sus 48 años de edad, Abelardo De La Espriella logró lo que no pudo hacer la clase política tradicional, como Paloma Valencia, o lo que no lograron aquellos que ya habían participado en jornadas electorales, como Sergio Fajardo o Claudia López: vencer a la izquierda e imponerse sobre Iván Cepeda, el senador candidato que tenía el respaldo de la izquierda, el Pacto Histórico y del presidente Gustavo Petro.
Su victoria estuvo cantada por la mayoría de las encuestas. Ganó la primera vuelta y todo apuntaba a que lo haría también en la segunda, como finalmente ocurrió.
De La Espriella se convierte oficialmente en el sucesor de Gustavo Petro, con quien tuvo una relación distante y a quien cuestionó en repetidas ocasiones, dentro y fuera de la campaña presidencial.
Es uno de los más reconocidos abogados litigantes. Su bufete ha tenido clientes polémicos como Álex Saab, el señalado testaferro de Nicolás Maduro; Salvatore Mancuso, exjefe paramilitar; David Murcia Guzmán, el estafador de la ‘pirámide’ DMG, y un sinnúmero de clientes que le reprocharon en medio de la campaña.
Visión argentina
Aunque Abelardo De La Espriella vivió sus últimos años en Italia, lejos del continente que ahora habitará por cuatro años, su campaña presidencial estuvo influenciada por la del presidente argentino, Javier Milei, quien acabó con varias décadas de la izquierda peronista en ese país.
Mientras Milei, en campaña, se hacía llamar “león”, De La Espriella se puso el apodo de “Tigre”. El primero gritaba “viva la libertad, carajo”, y el segundo, “firmes por la patria”. El argentino criticaba la “casta”, mientras que el colombiano criticaba a “los de siempre”.
“Abelardo De La Espriella claramente se influenció por Javier Milei en temas políticos, de Nayib Bukele en seguridad y de Donald Trump como un presidente empresario. Esas narrativas unidas le jugaron a favor y logró elegirse en primera y en segunda vuelta”, afirmó Patricia Muñoz, profesora universitaria de Política.
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Esos fueron los grandes referentes que llevaron al abogado candidato a llegar a la Casa de Nariño en medio de una campaña marcada por la polarización y la violencia, como la que ejerció hace un año la Segunda Marquetalia en contra del entonces precandidato uribista, Miguel Uribe.
Justamente, gran parte de su campaña se enfocó en prometer recuperar la seguridad con “puño de hierro”. Dice que acabará con los procesos de paz que Gustavo Petro dejó iniciados. Que atacará a los grupos armados al margen de la ley y que no le temblará la mano para combatir la delincuencia en el país.
“El crimen es hoy el principal enemigo de la libertad, la paz verdadera y la estabilidad del país. La Paz Total de Petro no es paz fracasada sino traición a la Patria”, ha dicho Abelardo De La Espriella en medio de su campaña que ahora logra ganar.
Costeño ‘europeo’
El hoy elegido presidente nació en Bogotá, pero buena parte de su vida transcurrió en Montería, Córdoba, donde se codeó con la alta clase política de ese departamento y también de Barranquilla. Estudió Derecho en la Universidad Sergio Arboleda, aunque quería ser periodista.
Después de hacer su vida como empresario en Colombia, viajó a Italia, donde se radicó junto a su esposa Ana Lucía Pineda y sus tres hijos, que ahora hacen parte de su vida política aunque son menores de edad.
Sus trajes de colores, pañuelos, sombreros, pantalones cortos y mocasines de marca europea generaron una nueva imagen en el abogado costeño, que en las últimas semanas de campaña cambió por colores más neutros y una camiseta de la Selección Colombia que se convirtió en pleito judicial por cuenta de tutelas y críticas desde el mismo Pacto Histórico y de su rival Iván Cepeda Castro.















