A 20 minutos de Bucaramanga, la finca Los Rosales transforma el cacao de Santander en más de 25 productos. Este proyecto familiar apuesta por la gastronomía, las tradiciones y el turismo.

Sabajón, barras de chocolate, bombones, galletas, polvo para bebida, mucílago, vino, aromáticas de piel de cacao e incluso jabones, cremas corporales, barras ‘antifrizz’, bálsamos y labiales. Esa es solo una pequeña parte de la lista de productos que es posible obtener del cacao.
En la finca Los Rosales, ubicada a 20 minutos de Bucaramanga, la lista supera los 25 productos y se complementa con un recorrido guiado que permite conocer el proceso completo, desde la siembra hasta la transformación final.

Detrás de esta propuesta está Dolly Paola Gómez Carrascal, creadora de la marca Rosantú y encargada de liderar el recorrido turístico que se desarrolla en la finca Los Rosales, en zona rural de Lebrija.
El cacao es el eje central de un proyecto productivo y turístico de esta, una de las 22 mil familias que vive del cacao en Santander.
En esa “minita de oro”, como le decían los vecinos a este terreno de la familia hay un legado muy santandereano. Un pasado piñero, con toques muy críticos por los cultivos de naranja y, desde 2017, una historia cacaotera.

En aquel año, Dolly buscó una alternativa laboral que se adaptara a su situación de salud y las posibilidades que tenía a su alcance.
“Se necesitaba encontrar una salida laboral. Por asunto de salud me era complicado poder adquirir experiencia laboral, era difícil”, recuerda.
La finca, sus paisajes y los frutos que desde muy niña vio brotar de la tierra fueron siempre la ruta más clara para esta mujer santandereana. “La gente nos decía: ‘Lo tiene ahí, ¿por qué no lo aprovecha?’”.
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La finca Los Rosales cuenta con cerca de 3.500 plantas distribuidas en 3,5 hectáreas dedicadas al cultivo. Y ese nombre hace referencia a varias mujeres de la familia: la nona Rosalina, una trabajadora llamada Rosalba, una prima Rosa Francisca y la madre de Doly, Tulia Rosa Carrascal.

La marca Rosantú se formalizó en diciembre del año pasado. “Rosantú quiere decir santuario de árboles. En idioma amazónico busca expresar algo sagrado y una flor hermosa, pero también espinosa, como lo es un rosal”, explica.
Para Dolly fue posible construir este proyecto gracias al empuje familiar. “Yo metí a todo el mundo”, dice Dolly. Su padre, Jairo Gómez, es el proveedor del cacao; su madre se encarga del secado; y su hermana, Sandra Carolina Gómez, lidera el manejo de redes sociales y ‘marketing digital’. “Yo sé transformar y sé un poquito del cultivo, pero de ahí no pasa”, reconoce tímidamente y entre risas.

Un recorrido con sabor e historia
El ‘tour’ por la finca se estructura en varias estaciones y dura aproximadamente tres horas. La experiencia comienza en la plantación, donde los visitantes conocen el cultivo, la recolección y la historia del cacao, uno de los productos más relevantes para la economía de Santander.
Luego está la estación de compostaje. Allí explican cómo se aprovechan los residuos y el papel de los microorganismos en la recuperación del suelo. “Todo es aprovechable. Desde la cacota (cáscara), la vena, todo lo demás”, señala Doly.
La tercera etapa es partir la mazorca y degustar. Los visitantes prueban al menos dos variedades distintas de cacao y conocen las diferencias entre ellas. En la finca hay alrededor de cinco o seis tipos.
En el punto medio del recorrido se hace una pausa para el descanso y el refrigerio. Durante esos minutos se cuenta la historia de la finca y la herencia familiar que se remonta a la época de la Batalla de Palonegro, el episodio más cruento de la Guerra de los Mil Días.
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Después del descanso, el tour continúa con la explicación de los procesos de fermentación, secado y transformación. Dolly enseña cada etapa y los posibles usos del cacao en cada una.

El cierre llega con un show de atemperado. Una persona del grupo es invitada a participar en la elaboración de una barra sobre mármol. “La idea es incentivar que a veces hay que arriesgarse. El que se anima sale premiado”, explica. Pero ningún participante se va sin degustar el cacao de Santander, el mismo que viaja a destinos como Estados Unidos, México, Malasia y Japón.

¿Cómo llegar a la finca Los Rosales?
Para llegar a la finca Los Rosales hay que tomar la vía que de Bucaramanga conduce al aeropuerto, en el punto donde está la ‘Y’ se encuentra el desvío para llegar.
Desde Bucaramanga, el trayecto toma cerca de 20 minutos. Desde el casco urbano de Lebrija, el recorrido es de unos siete minutos.
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Una de las opciones que tienen los visitantes para llegar es tomar el bus Translebrija desde Bucaramanga hasta el peaje de Lebrija. El pasaje cuesta aproximadamente $4.000.
Desde allí, la caminata hasta la finca toma unos tres minutos. Está ubicada justo en el inicio de la vía hacia el aeropuerto.
El tour permite el ingreso de mascotas y cuesta $120.000 para adultos y $97.000 para niños de 5 a 15 años.











