En el corregimiento El llanito de Barrancabermeja, los ‘Guardianes del Manatí’ hacen recorridos en la ciénaga para alimentar y proteger esta especie, que está en riesgo de extinción. Vanguardia acompañó a este grupo de pescadores para conocer cómo es esta labor.

Publicado por: Lesly Adriana Cifuentes
En el corregimiento El Llanito de Barrancabermeja, el también conocido como ‘Pueblito de Pescadores’, hay un grupo de 12 hombres y mujeres que batalla en silencio para proteger al manatí antillano. Su tarea empieza cuando apenas sale el sol y se hace más intensa cuando los niveles de agua de la ciénaga empiezan a descender. Son los Guardianes del Manatí, una red comunitaria que hace parte de ‘Asoberanía’ y que desde hace siete años trabaja por mantener viva una especie que la sequía y el deterioro ambiental están empujando al límite.
Para entender cómo se libra esa lucha comunitaria silenciosa, basta con acompañarlos una mañana cualquiera en la ciénaga. Nuestro recorrido (hecho el viernes 9 de enero) comenzó en el puerto El Guamo, una playa que se hizo a orilla de la ciénaga y que hoy se usa como embarcadero para pescadores de la zona. Le sugerimos: Comunidades pesqueras piden acciones para evitar varamiento de manatíes en Barrancabermeja
Eran las 7:30 a.m. y el sol empezó a ‘pegar fuerte’. En la orilla, las canoas esperaban alineadas mientras los pescadores alistaban sus machetes, varas artesanales de medición y el combustible. En esa ocasión no llevaban atarrayas ni se preparaban para la faena habitual de pesca, solo tenían previsto hacer un sigiloso recorrido en el que buscaban la sombra lenta del manatí antillano.

En la temporada seca, la preocupación por la conservación de esta especie aumenta, los niveles de la ciénaga bajan estrepitosamente y los animales corren el riesgo de quedarse sin alimento o ‘varados’ debido a su peso, el cual puede estar por encima de los 300 ó 400 kilogramos. Justamente el día anterior, pescadores de la zona avistaron un ejemplar. Le sugerimos:Alerta por muerte de tres manatíes en los últimos dos meses en Barrancabermeja
“Vamos a revisar los puntos de comida. Ayer nos informaron que vieron un manatí y queremos constatar que haya comido, que no se haya quedado atrapado en algún punto porque el nivel del agua está bajo”, comentó David Montero, pescador de 66 años, mientras se embarcaba en una de las tres canoas.
El manatí antillano, una especie sombrilla que habita varios complejos cenagosos de Barrancabermeja y la región, es para la comunidad de El Llanito algo más que un animal en riesgo. Su imponente presencia marca el equilibrio del agua, del alimento y de la pesca. No se pierda: El corregimiento El Llanito marcó la Ruta del Manatí y conquistó miradas internacionales

“El manatí es como si fuera un hijo para nosotros; nos preocupa que se queden encallados porque ellos se ponen loquitos, como un niño cuando tiene hambre. Ellos le dan la vida a nuestra ciénaga que es la que nos da de comer y por eso hacemos hasta lo imposible para cuidarlo y a toda la fauna. Cuando el manatí desaparece, la ciénaga empieza a fallar”, contó don David.
En busca del alimento para el manatí en la Ciénaga El Llanito
Cuando se encendieron los motores, Yelisa Potes, hija de un pescador y líder reconocida de la zona, asumió el control del recorrido con la naturalidad propia de quien conoce el territorio y sabe leer cada una de sus señales.
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La mujer se acomodó en una de las puntas de la embarcación, con binoculares en mano, libreta y lapicero. Para cubrirse del sol llevaba consigo una camisa con manga larga y un sombrero que apenas dejaba apreciar los gestos con los que detallaba cada movimiento del agua. Mientras observaba, recordó con dolor una muerte que, asegura, la marcó y le dolió profundamente.
“El año pasado se nos murió uno (manatí). Esa muerte me dolió mucho porque era una hembra y la encontramos con vida, pero en malas condiciones. Pedimos ayuda a varias instituciones, pero no llegaron a tiempo, llegaron tarde… el animal no aguantó. Era una hembra que tenía sus crías y ellos no se fueron hasta que la mamá murió”, recordó la líder.

Recolectando el alimento para el manatí antillano
Pasados unos cinco minutos, hicimos la primera parada. Al llegar al caño El Deseo, las canoas fueron atravesadas en medio de un pastizal, mientras los pescadores con macheta en mano empezaron a cortar el alimento con el que se abastecen trece puntos de alimentación que han instalado en el corredor que une la ciénaga El Llanito, el caño El deseo y el caño San Silvestre, por donde han visto transitar la especie durante años.
“Cada dos días por medio hacemos el recorrido para llevarles comida y, además de eso, estamos pendiente de dónde están y cómo están, porque también estamos luchando con la contaminación del agua. Aquí en la boca del caño El Deseo sacamos el pasto y armamos rollos con fique o yuta. Esos los llevamos a cada punto donde en un tronco los amarramos con el fin de que ellos tengan alimento. Ya tenemos los puntos estratégicos donde ellos llegan a comer”, explicó el pescador.

Los trece puntos de alimentación del manatí en El Llanito
Cerca de esa zona donde se recoge el alimento, está ubicado el primer punto de alimentación. Ahí, otro grupo de pescadores analiza el rollo de pastizal dejado hace dos días.
“Ya comieron. Mire, le sacan todas las ramitas. Eso es como el jugo y nos dejan solo esto que es como el tallo. Así es que sabemos que ellos ya comieron”, explicó Yoimar Agámez, mientras sostenía lo que quedaba del rollo de pastizal.
Así, en los trece puntos van revisando los rollos de pasto, dejando otros cuando el alimento se ha acabado, miden los niveles y toman atenta nota para vigilar el comportamiento del cuerpo del agua. El trabajo lo hacen de manera voluntaria, sacrificando días de pesca y poniendo de su propio bolsillo para el combustible y el fique.
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“Nuestro fin es salvaguardar la especie, sobre todo en época de verano; lo hacemos de manera empírica con el conocimiento que nos da llevar toda la vida pescando en la ciénaga. Sabemos que, en época de verano, la comida queda lejos y ellos no alcanzan a llegar. Es por eso que hacemos la tarea de dejar comida. A ellos les gusta este corredor del caño San Silvestre porque es una parte tranquila”, contó Cristóbal Mendoza Payares, otro guardián del manatí.
El recorrido culminó en un punto de alimentación sobre el caño San Silvestre. Esta vez no apareció la majestuosa silueta del manatí, pero sí su rastro.
En varios puntos los rollos de pastizal comidos fueron la señal inequívoca de que la especie aún permanece en la zona. La travesía puede durar entre dos y tres horas, dependiendo del caudal y de los cambios del afluente en temporada seca.

¿Quiénes son los guardianes del manatí?
Guardianes del Manatí es una iniciativa que nació hace siete años, impulsada por pescadores como David y Cristóbal, quienes comenzaron a presenciar varamientos y muertes repetidas de ejemplares en momentos de bajos niveles de agua.
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Ante la ausencia de respuestas institucionales, decidieron actuar por cuenta propia. Desde entonces, los recorridos se repiten durante todo el año con el fin de sostener la vida en un territorio que se seca y que, pareciera estar condenado a la indiferencia y a la muerte.

Sequía y contaminación en las ciénagas amenazan al manatí
En Barrancabermeja, la muerte del manatí se ha vuelto una constante y en ese escenario, la labor de los pescadores adquiere una dimensión casi heroica. En los últimos cinco años, al menos 15 ejemplares han muerto en los complejos cenagosos del Puerto Petrolero.
Durante el 2025 se registraron cuatro casos. Según la Fundación Cuidar la Tierra, tres de ellos ocurrieron en la recta final del año, en un periodo de solo 30 días.
“Es extremadamente grave lo que está ocurriendo en nuestros cuerpos de agua. En menos de 30 días murieron tres manatíes. El caso más reciente corresponde a un manatí adulto, que se suma a la muerte de un neonato y un manatí juvenil. Esto ya no es una coincidencia. Es una emergencia ambiental”, advirtió la organización.
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Si bien la Corporación Autónoma de Santander no ha dado conocer los resultados de los estudios hechos a los manatíes que han muerto y se desconocen las causas de los decesos.
Según Leonardo Granados, secretario de Ambiente y Transición Energética de Barrancabermeja, las muertes podrían estar asociadas a varios factores, entre ellos la sequía, la descarga de aguas residuales y el impacto de la industria que se desarrolla en la zona de influencia.
“Hemos identificado hidrocarburos cerca a la ciénaga El Llanito, cerca al punto donde murió el bebé manatí el año pasado, lo que demuestra que se está violando el plan de protección y conservación del manatí antillano. Tres de las amenazas más graves son desecación de humedales y factor de riesgo de contaminación por hidrocarburos que hoy comprobamos. Este tema es muy grave y por eso estamos poniendo acciones preventivas”, explicó el funcionario.
En la ciénaga El Llanito se suma otro factor de riesgo que está asociado a la operación de la hidroeléctrica Sogamoso, a la cual se le atribuye el impacto en los bajos niveles de agua.
“Hemos analizado que se suspendieron de manera abrupta los canales de desagüe de la represa, lo que ha generado una afectación grave a la sequía en la ciénaga”, precisó el funcionario.

¿Qué hacer para salvar al manatí antillano?
Ante este escenario crítico para la especie, se han planteado acciones con las que se busca actuar antes de que la especie se siga extinguiendo.
Una de ellas consiste en firmar un acuerdo de voluntades con el sector público y privado para invertir en proyectos encaminados a recuperar los complejos cenagosos que sirven como corredores naturales del manatí.
“Hemos fijado fecha de 20 de enero con la Procuraduría Ambiental Agraria, la CAS, la Anla, empresas petroleras, Veolia, Isagen, todo en el marco del primer Acuerdo Ambiental Empresarial para la conservación del Medio Ambiente y la Biodiversidad, porque entendimos que este tema requiere de una inversión importante para la restauración y descontaminación de los cuerpos hídricos para proteger esta especie. Se requiere el dique de verano y acciones de descontaminación”, explicó Granados.

Así mismo, según el funcionario, se requiere caracterizar la especie: saber cuántos son y cual es la ruta silenciosa que siguen por las ciénagas y caños de Barrancabermeja.
“Requerimos monitoreo con instalación de chips para caracterizar la especie de manatí para detectar cual es su corredor biológico real y de esta manera tener un control de la especie. Es la única forma que tenemos para avanzar en su protección”, explicó.
La cuenta para salvar al manatí es regresiva. Para los guardianes se hace urgente que esa labor que desarrollan de manera silenciosa y desinteresada vaya acompañada de acciones reales por parte de las empresas privadas, la CAS y el gobierno local. Cada día cuenta, cada muerte pesa, en una carrera contrarreloj para que el manatí no se siga extinguiendo.














