Este atentado ecológico incide directamente en la baja producción que van a obtener los apicultores y la reducción en la polinización de cultivos. Cada colmena cuesta $1 millón.

Publicado por: LUIS FERNANDO MARTÍNEZ V
Apicultores del Socorro dieron a conocer la preocupante situación con respecto a la aparición de millones de abejas muertas, debido a la aplicación de fungicidas para el control de la broca.
Así lo dio a conocer Orlando Acosta, reconocido apicultor del Socorro, quien informó que en varios sectores rurales se han encontrando numerosos apiarios totalmente aniquilados, “son millones de abejas muertas las que hemos encontrado, al parecer por la aplicación de fungicidas para el control de la broca en los cafetales.”
Acosta se pronunció en nombre de una buena cantidad de apicultores del Socorro, quienes se están viendo afectados en la región: “Queremos dar esta voz de alerta al coordinador de la CAS en el Socorro, Wbeimar Pérez, para que cuanto antes tomen cartas en el asunto, para que realicen las investigaciones pertinentes.”
Agregó que “en veredas como la Culebra, ya se tiene registro de 15 apiarios que fueron arrasados donde hubo muerte total de las abejas, hasta donde hemos podido analizar, están fumigando el café con un veneno muy fuerte, ya que antes no se había presentado este crimen ecológico, el problema es al estar empleando la aspersión del veneno, requerimos una acción inmediata de las autoridades ambientales y del Comité de Cafeteros, para que revisen el químico que están empleando, ya que así van a verse también afectados por la baja polinización que van a efectuar las abejas en los cultivos”.
Se acaban también los pomarrosos
Los apicultores de Oiba, Charalá y Socorro se declararon en alerta roja, debido a la gran cantidad de abejas que han resultado muertas, por la aplicación de fungicidas y otros elementos químicos, que no solo han atacado directamente a los insectos, sino también vienen acabando con los pomarrosos, árboles que tampoco han sobrevivido al uso excesivo y sin ningún control en la aplicación de los agroquímicos, que no tienen a la fecha ningún control por parte de las autoridades ambientales.















