Doña Alcira Inés Pinzón de Prado, ha sido una de las más destacadas bordadoras a mano de ponchos.

Publicado por: LUIS FERNANDO MARTINEZ V.
Sitial que ha logrado por los innumerables concursos en los cuales ha salido vencedora, por los diseños únicos que ha logrado crear con sus manos mágicas, y que hoy a sus 80 años de edad con orgullo se precia de haberle tejido estas piezas a personajes como el General Gustavo Rojas Pinilla, al ex presidente Álvaro Uribe Vélez, al ex gobernador Horacio Serpa Uribe, y figuras de la farándula nacional como Laura Acuña, Jota Mario Valencia y reconocidos caballistas del país.
Todo empezó cuando tenía 14 años de edad y visitó un domingo el mercado de Güepsa, cuando se percató de un vendedor que ofrecía agujas para bordar, fue tanta la curiosidad que despertó en ella que terminó comprando dos agujas “me fui al almacén de don Abdón Tavera, compré una tela para hacer un vestido, conseguí los hilos y fue así como empecé a bordar”.
Echando mano a los recuerdos nos contó que su primer poncho lo bordó por encargo de una vecina para el General Gustavo Rojas Pinilla, “ella me dijo que fuéramos a Vélez que él se encontraba allí y pues fuimos y le llevamos el poncho, fue por allá en 1948”.
El proceso de elaboración de un poncho es dispendioso, se requiere paciencia pues en esta labor, se tarda aproximadamente un año para lograr diseños y acabados únicos “lo importante es tener los dibujos ya pensados, y seleccionados los hilos se va bordando por el revés y luego se recortan las argollitas que van quedando por el derecho, he tenido que comprar tijeras para cirugía que me han costado entre 40 y 50 dólares, que he conseguido durante la realización de viajes al exterior”.
El costo de un poncho puede variar entre $1 millón hasta $2 millones y medio “los solos hilos llegan a valer hasta $400 mil, ya que se requieren infinidad de tonalidades del color de los hilos para lograr los matices de cada figura que se esté bordando”, amén de las miles de puntadas que hay que ejecutar para lograr dar las formas y texturas esperadas.
En repetidas ocasiones han sacado de casillas a doña “Alcirita”, como se le conoce cariñosamente en la región, pues debido a la perfección de las puntadas hay personas que se han atrevido a comentar que el proceso es realizado a máquina” Los bordados a mano de doña Alcira, han sido lucidos en ponchos por reconocidas personalidades que van desde esmeralderos, extraditables y hasta sacerdotes, que también llevan estas obras de arte en sus santificados ornamentos, “esos bordados llevan hilos de oro y plata, por lo general se los he obsequiado a los curas que han pasado por la parroquia de San José”
Sobre el reconocimiento
¿Qué piensa del homenaje? “Lo acojo con mucha alegría y emoción, porque la idea es que este arte lo continúen ejecutando mis hijas y todas las personas que han acudido para que les enseñe, y ojalá esta tradición se transmita de generación en generación”.
¿Y cómo es su poncho? Dona Alcira, no se salvó del viejo adagio popular que dice: en casa de herrero azadón de palo, pues ella le ha bordado ponchos a reymundo y todo el mundo menos el de ella, y se ríe de esta ironía de la vida, y terminó comentando que “ya pa’ qué”.












