Conozca el largo y tortuoso recorrido que deben hacer los conductores de camiones que atraviesan la cordillera Oriental y que traen a diario los alimentos a Centroabastos desde Arauca. Una carretera abandonada, con huecos, derrumbes y abismos desafiantes son la compañía de estos hombres, cuyo viaje, que debería ser de 8 horas, en ocasiones supera las 14 horas de recorrido.

Publicado por: BELKY TATIANA CELIS ROSAS
Si en algún momento de su vida tiene que viajar desde Bucaramanga hacia los llanos araucanos, no le pregunte nunca al conductor de camión las horas de recorrido que se tarda en llegar. “Eso no lo sabemos. Solo confiemos en que lleguemos bien, sanos y salvos”, responde Eduardo Celis, quien lleva 39 años conduciendo camión por esta vía.
Las canas han hecho de este conductor una fuente de sabiduría, no solo en el manejo de un aparato que carga hasta 18 toneladas en su carrocería, sino en afrontar las trabas que con frecuencia encuentra en el recorrido de 277 kilómetros.
“Casi siempre de Bucaramanga a Pamplona es el mismo tiempo, 5 ó 6 horas. Pero cuando llueve, de Pamplona en adelante es lo peor, porque podemos echarnos de 10 a 14 horas. No es fácil”, dice el conductor de un Dodge doble troque.
Se ríe y se ofende cuando lee en los periódicos que Invías construye desde hace dos años una doble calzada en la ruta 6603, (Bucaramanga-Cuestaboba-Pamplona) y que se entregará una parte de esta futura vía de cuatro carriles en diciembre, según lo dijo la ministra de Transporte Cecilia Álvarez Correa-Glen. “Nunca cumplen”, asegura.
Sale de Bucaramanga a las 4:00 de la mañana luego de haber cargado verduras en Centroabastos. Por el camino que emprende se encuentra con ‘colegas’ que van saliendo con otros productos que abastecen la canasta familiar de Arauca, tales como papa, cebolla, frutas, abarrotes, materiales para la construcción, cerveza, gaseosa, insumos de oficina, embutidos, vestuario y calzado.
En medio del tráfico pesado se escuchan las cornetas y los gritos de saludo de sus colegas con cara de trasnocho, cuyos vehículos pasan llenos de barro. Muchos de estos carros van para la central de abastos a descargar lo que el Llano produce: arroz, yuca, plátano, sorgo, maíz, patilla, papaya y cacao.
“Traen también pescado, cerdo y madera, y los domingos esta vía ve pasar a unos 80 camiones con ganado, todo esto proveniente de Saravena, Arauquita, Arauca y Tame. La mayoría de estos productos se distribuye en el área metropolitana de Bucaramanga y otros van hacia la Costa Atlántica”, dice Eduardo.
Mientras conduce su doble troque se acerca al peaje de ‘El Picacho’, donde Eduardo asegura que solo han hecho “reparcheos de puchito”.
El frío del único sector plano y recto de esta vía, Berlín, lo obligan a detener el camión para buscar un abrigo. “No solo los camioncitos se vuelven nada con este trabajo, también la salud se acaba. Estos cambios de clima lo obligan a uno a cuidarse, ya que de joven no lo hice y mire las consecuencias, los pulmones son los más jodidos con estos fríos”, comenta Eduardo.
El tramo nortesantandereano entre Cuestaboba, La Laguna, la entrada a Mutiscua y Pamplona transcurre con calma: curvas y más curvas.
“Pañitos de agua tibia”
Eduardo sigue comentando sobre los “arreglos a medias” que han adelantado en la vía. Dice que otro “paño de agua tibia” fue la pavimentación que hace 10 años hicieron desde Pamplona a La Lejía, el punto de referencia para los viajeros, pues allí la vía se parte en dos: para quienes van a Saravena y quienes se dirigen a Málaga.
El Invías intervino este punto de 12 kilómetros, pero no volvió a hacerle mantenimiento. Desde este punto, el negro asfalto no vuelve a verse en la carretera.
Los ‘cráteres’ con los que se encuentran los vehículos en la vía obligan a los conductores a bajar la velocidad y a disfrutar del paisaje. Eduardo mira por su ventana y dice que es el momento ideal para apreciar la hilera de picos que conforman la cordillera Oriental, el verde de sus paisajes y los ríos que nacen de sus lechos. No obstante, ni los paisajes, ni el buen clima compensan la realidad que este hombre tiene que vivir debido al mal estado de la carretera.
Minutos después pasa cerca al casco urbano de Labateca, lugar que tiene un clima que invita a quitarse la chaqueta y disfrutar de los 17 grados de temperatura.
A unas tres horas de Pamplona en camión, dos horas en bus y hora y media en campero, el trayecto ofrece un descanso en San Bernardo de Bata, corregimiento de Toledo, productor de mora, naranja y café, también en Norte de Santander.
Eduardo aprovecha para almorzar, aunque encuentra difícil el estacionamiento debido a que es domingo, día en que el campesino llega al pueblo para vender sus productos. Luego de una sopa de verduras y una presa de pollo el recorrido sigue.
Desde la apertura de este camino de herradura de más de 60 años, se bautizaron unos puntos de referencia. “Ahorita llegamos a la quebrada del Oro, aquí el año pasado hubo un gran derrumbe que se llevó varios vehículos. Esta carretera duró cerrada dos meses y nunca lo pasaron por las noticias, como si acá no fuera Colombia. La quebrada arrastró las casas de los lados y no quedó nada… pobre gente la que vivía ahí”.
Y continúa: “Luego subimos a la Choza de Tarzán y empezamos a subir el alto de Santa Inés, un trayecto bien largo y de mucha paciencia, pues no se puede forzar mucho el carro… hay que cuidar la máquina que nos da de comer”.
La temperatura vuelve a bajar y obliga a subir el vidrio o ponerse la chaqueta. La cordillera húmeda a la derecha, una estrecha carretera en descenso y un abismo desafiante a la izquierda acompañan la travesía de Eduardo hasta el alto de La Virgen, un recorrido de una hora.
“Le toca a uno estar pendiente de los vehículos que vienen en vía contraria para darles paso, porque en muy pocos trayectos caben dos carros. La carretera es bastante estrecha”, asegura.
Descenso al Llano
Hasta la curva del alto de La Virgen, donde de vez en cuando la neblina permite a los conductores y viajeros ver a lo lejos Saravena, la capital del piedemonte araucano, Eduardo completa 12 horas de recorrido. Es decir, lleva cuatro horas más de tránsito sobre esta vía.
Se encuentra con Samoré, un sitio conocido por los recientes intentos de explotación petrolera y por indígenas U’wa, que de vez en cuando salen de las espesas selvas a husmear la carretera.
Tras pasar por la estación de bombeo del oleoducto Caño Limón - Coveñas se ve un letrero: “No hay caminos para la paz, la paz es el camino”, que recuerda que Arauca ha sido golpeada por la violencia desde los años ochenta.
Las tierras nortesantanderanas terminan en Gibraltar. Allí el río Cobaría da paso a Cubará, un municipio que administrativamente pertenece a Boyacá, pero que sus tradiciones religiosas y culturales son netamente araucanas.
“Por lo menos vemos que el Ejército está arreglando la carretera entre Cubará (Boyacá) y el río Róyota, esto hace más fácil el trayecto, así sea cortico”, dice Eduardo al pasar por este lugar, un balneario de los saravenenses.
“Este es uno de los puentes más largos del país y pocos lo saben. Tiene 900 metros de longitud. Se construyó gracias a la supervisión del Ejército en la década de los ochenta, porque antes nos tocaba pasar con los camiones por el río, era muy jodido”, explica Eduardo al pasar sobre el río Bojabá, aguas frías del Nevado del Cocuy.
Son las 6:00 de la tarde y tal como lo dijo este experto al volante, se han completado 14 horas de viaje, con una velocidad promedio de 10 kilómetros por hora.
“En Bojabá termina Boyacá y entramos a Arauca. Aquí ya se siente uno en la casa, satisfecho y tranquilo. Ya si uno se ‘vara’ por aquí no es grave, pues estamos a 20 minutos de Saravena”, concluye el conductor.
Un peaje informal
El abandono de esta vía nacional por parte del Estado obligó a un grupo de camioneros a crear un ‘peaje ilegal’ en 2005. Con el recaudo que hacían los conductores, se pagan retroexcavadoras y aplanadoras para mantener la carretera. A pesar de que el peaje murió durante un tiempo, tuvo que reactivarse en noviembre de 2012 y ahora está en manos de la Asociación de Juntas de San Bernardo de Bata, corregimiento de Toledo.
Allí, los vehículos doble troques pagan $10.000, los camiones sencillos y buses $5.000 y los automóviles y camperos $3.500. “Con tal que la carretera esté buena, sin pavimento, estamos contentos”, manifestó René Torres, otro conductor araucano.
Algunas intervenciones
El Instituto Nacional de Vías, Invías, interviene esporádicamente en esta vía, la mayoría de veces luego de eventualidades.
La última emergencia atendida fue el 11 de agosto de 2012, luego de que un sismo de 2,1 en la escala de Richter ocasionara la caída de la bancada en el sitio conocido como ‘Tres Esquinas’, territorio de Norte de Santander, y se produjera también el desbordamiento de la quebrada del Oro.
Hasta allí llegaron las máquinas del Ejército Nacional gracias al convenio con el Fondo Financiero de Proyectos de Desarrollo, Fonade.
Las obras se extendieron durante mes y medio cerrando por completo el tramo. Este cierre representó pérdidas económicas para el sector agrícola y pequeños comerciantes de Arauca, Santander y Norte de Santander. Actualmente, Ingenieros Militares de Colombia, cuerpo especializado del Ejército Nacional estabiliza el terreno y pavimenta un trayecto de 25 kilómetros desde La Lejía y otros 12 entre Cubará y Saravena.
DATOS
* 277 kilómetros hay entre Bucaramanga y Saravena





















