Publicidad

Columnistas
Sábado 29 de agosto de 2026 - 01:00 AM

¿Nos estamos volviendo más tontos?

Compartir

Soy usuario asiduo del podcast de Roberto Pombo, se llama “Mis Preguntas”. Lo escucho casi todos los días, en el carro, en la mañana, cuando puedo. Y esta semana hubo un episodio que me dejó pensando durante horas. El tema era aparentemente sencillo: nos estamos volviendo menos inteligentes. Y la culpa, según el argumento que se desarrollaba, la tiene en buena parte la inteligencia artificial.

En algún momento hablaron del “efecto Flynn negativo”. Flynn era un científico norteamericano que demostró que durante doscientos años la inteligencia promedio de la humanidad había subido de manera sostenida. Mejor nutrición, educación obligatoria, mejores sistemas de salud. Todo eso hizo que los seres humanos, en promedio, pensáramos mejor. Hasta que en el año 2000 eso se estancó. Y en el 2012, que es justo cuando explotó el uso de los smartphones, empezó a bajar. Con mayor rapidez hoy en día con el uso masivo de herramientas que nos solucionan la vida en muchos aspectos con facilidad.

Pero ¿qué está empeorando? Menos foco, menos atención, menos memoria. Esas son las dimensiones que están empeorando y que van alineadas, incluso, con temas de salud mental.

Y ahí me detuve a pensar en mi propio comportamiento. Cuántas veces en el último mes le pregunté a la inteligencia artificial algo que perfectamente podría haber resuelto yo solo con un poco de esfuerzo. Cuántas veces dejé de pensar porque tenía a la mano algo que pensaba por mí o cuántas veces no busqué la palabra exacta porque hay herramientas que me lo facilitan en segundos. Y no estoy convencido si, desde el punto de vista humano, eso sea eficiencia o si es indirectamente una atrofia cerebral relevante.

Lo que más me inquieta no es que la IA sea mala. Es una herramienta extraordinaria que usada bien puede hacer cosas sostenibles en el tiempo. Lo que me inquieta es la dirección en que nos está llevando el uso irreflexivo de ella. Estamos delegando no solo las tareas repetitivas, que es para lo que fue concebida, sino el pensamiento mismo y la reflexión, resolver problemas, etc. El esfuerzo cognitivo de llegar a una conclusión por cuenta propia.

Carl Sagan advirtió hace décadas que vivíamos en una sociedad profundamente dependiente de la ciencia y la tecnología, en la que casi nadie entendía nada de ciencia ni de tecnología. Hoy esa advertencia parece cierta. Ahora dependemos en múltiples escenarios de máquinas que piensan por nosotros, dejando relegado en gran parte el pensamiento crítico por un sistema que nos da respuestas instantáneas sin habernos esforzado por, al menos, dudar o cuestionar el algoritmo.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día