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Sábado 29 de agosto de 2026 - 01:00 AM

Volver al magisterio

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La educación enfrenta uno de sus mayores desafíos. No solo en Colombia; en todo el mundo estamos tratando de entender cómo educar a nuevas generaciones que crecen en una sociedad cada vez más digital, audiovisual y ahora acompañada por la inteligencia artificial.

La tecnología nos ha facilitado la vida, pero también nos ha hecho más cómodos. Hoy una aplicación escribe, resume, calcula, traduce y responde en segundos. El riesgo está en que, mientras las máquinas adquieren nuevas capacidades, nosotros dejemos de ejercitar algunas esenciales: leer, escribir, comprender, argumentar y pensar.

En medio de esa transformación hay alguien que vuelve a ser fundamental: el profesor.

Todos recordamos alguno. Ese maestro que nos exigió más de lo que queríamos, que descubrió una habilidad que no sabíamos que teníamos o que con una conversación logró despertar una vocación. Esa capacidad de inspirar difícilmente podrá reemplazarla una pantalla.

Por eso vale la pena volver al significado del magisterio. La palabra viene del latín magister, maestro, quien enseña, dirige o guía; y magister, a su vez, se relaciona con magis, “más”: quien tiene mayor experiencia o conocimiento y está en capacidad de orientar a otros. No es casual que de esa misma raíz provengan palabras como magistral o magistrado.

Ahí está la esencia que deberíamos recuperar. El magisterio no es simplemente transmitir información ni dictar una clase; supone conocimiento, experiencia, responsabilidad y la capacidad de orientar y formar. También supone reconocer la autoridad intelectual y formativa del profesor, una autoridad que no significa autoritarismo ni distancia, sino liderazgo, respeto y ejemplo.

Y quizás ahí hemos perdido algo. Colombia lleva años atrapada en discusiones entre izquierdas y derechas, atendiendo problemas urgentes de seguridad, salud, economía y tantas otras dificultades. Mientras tanto, la educación parece haber dejado de ocupar el lugar que merece en la conversación nacional.

Una sociedad educada es probablemente el mayor patrimonio que puede tener un país. Pero educar no significa solamente enseñar matemáticas, ciencias, idiomas o tecnología. También significa formar ciudadanos capaces de respetar al otro, reconocer la autoridad, cumplir sus deberes, convivir y entender que los derechos necesariamente vienen acompañados de responsabilidades.

Por eso necesitamos nuevamente maestros con vocación, autoridad, reconocimiento y mística; profesores capaces de identificar las habilidades de sus estudiantes, cultivar sus talentos, despertar curiosidad y enseñarles a pensar, no simplemente a responder un examen. Podemos llenar las aulas de computadores, tabletas, plataformas e inteligencia artificial; todo eso será necesario. Pero ninguna tecnología sustituirá la trascendencia de un buen maestro.

El progreso de Colombia dependerá, en buena medida, de la educación que reciban las próximas generaciones. Y para mejorarla hay que comenzar por algo esencial: volver al magisterio.

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