Uno de cada cuatro jóvenes en Santander ha probado vapeadores, una práctica asociada a daños pulmonares, adicción a la nicotina y nuevos riesgos de salud.

Publicado por: Danilo Cárdenas
Uno de cada cuatro jóvenes entre 12 y 24 años en Bucaramanga, Floridablanca, Girón, Piedecuesta y otros municipios de Santander ha probado al menos una vez un vapeador de sabores. No es una anécdota de colegio ni una moda pasajera: es el hallazgo más contundente de la Encuesta de Consumo de Sustancias Psicoactivas realizada en 2025 por la Secretaría de Salud de Santander. Tentados por una moda, los jóvenes se arriesgan a daños pulmonares, cáncer y una adicción difícil de superar, debido a las cantidades de nicotina y otros químicos que tiene el producto.
Detrás de esos números hay dispositivos que calientan mezclas de glicerina, nicotina, saborizantes y metales pesados hasta convertirlos en aerosoles que los adolescentes inhalan profundamente, muchas veces sin saber qué contienen y sin que ningún adulto se los impida.
Los datos confirman que el vapeo se consolida como una conducta de riesgo emergente que compite con el cigarrillo tradicional y que los vapeadores de sabores, los más coloridos, aromáticos y baratos son la principal puerta de entrada. Lo que la estadística no cuenta, lo narra la clínica.

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Riesgos del vapeo en jóvenes: neumólogo advierte sobre daños pulmonares y enfermedades graves
El doctor Jürg Niederbacher Velásquez, pediatra neumólogo, profesor titular de Medicina en la Universidad Industrial de Santander (UIS) y decano de su Facultad de Salud, lleva años atendiendo casos de pacientes jóvenes con afecciones respiratorias asociadas al uso de cigarrillos electrónicos. Su diagnóstico es categórico: el vapeo no es una alternativa segura al tabaco. Nunca lo fue.
A corto plazo, explica Niederbacher, el vapeo genera inflamación de la vía aérea que se traduce en faringitis, laringitis, bronquitis y tos seca. Pero el panorama a largo plazo es mucho más grave: bronquitis crónica, exacerbaciones de asma, neumonías bacterianas de repetición y una enfermedad que se ha vuelto tristemente frecuente en las salas de urgencias: el EVALI, sigla en inglés para la lesión pulmonar aguda asociada al uso de cigarrillos electrónicos, que puede llevar a la muerte.
A eso se suman la predisposición a cáncer de garganta y pulmón y el desarrollo de bronquiectasias, es decir, dilataciones irreversibles de los bronquios por infecciones supurativas crónicas.
Cuando se le pregunta qué sustancias son tóxicas, el especialista responde sin rodeos: “Todas”. La glicerina, los aldehídos, la nicotina, el tetrahidrocannabinol, los saborizantes, los metales pesados y decenas de compuestos generados por la pirólisis, el proceso de calentamiento del líquido, entran a los pulmones en cada inhalación. Un detalle crucial que Niederbacher subraya es que muchos saborizantes fueron diseñados para ser ingeridos, no inhalados. El recorrido de la boca al esófago es radicalmente distinto al recorrido de la boca a los alvéolos pulmonares.
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“Por mucho tiempo se habló de ‘minimización del riesgo’ y no es tal. El vapeo produce aerosoles de sustancias conocidas y desconocidas, con posibilidad de causar muchos daños ya mencionados y otros por descubrir”, dijo el al respecto el doctor Jürg Niederbacher Velásquez.
El especialista también desmitifica la idea del consumo dual como alternativa: hoy muchos jóvenes vapean y fuman cigarrillos convencionales al mismo tiempo, potenciando los efectos negativos de ambas sustancias. Y algunos ni siquiera se limitan a la nicotina: el vapeo de marihuana líquida y otras sustancias psicoactivas, a veces de origen desconocido para el propio consumidor, complica aún más el panorama clínico.

Por qué los jóvenes en Santander están vapeando: factores sociales, familiares y de mercado
Comprender por qué 1 de cada 4 jóvenes santandereanos ha probado un vapeador requiere mirar más allá de la biología. Niederbacher identifica varios factores convergentes que ninguna estadística puede capturar completamente desde fuera de la consulta.
El primero es la necesidad de pertenencia: vapear se ha convertido en un ritual de aceptación dentro de ciertos grupos de pares.
El segundo es el diseño mismo de los dispositivos: pequeños, elegantes, disponibles en decenas de sabores afrutados y dulces, de aromas agradables que no generan la misma aversión inmediata que el cigarrillo convencional. La percepción de riesgo es mínima, especialmente entre quienes empiezan con los vapeadores de sabores sin nicotina.
A eso se suma la exposición a modelos adultos o referentes públicos que vapean, la fácil consecución incluso en tiendas de barrio, los precios accesibles de los dispositivos desechables y la agresiva estrategia de la industria, que patrocina conciertos, eventos deportivos y genera contenido para redes sociales que asocia el vapeo con estilos de vida aspiracionales, muy lejos de las imágenes de advertencia sanitaria que llevan los cigarrillos tradicionales.
La investigación del grupo de Epidemiología Clínica de la Escuela de Medicina de la UIS, liderada en Bucaramanga y recientemente concluida, identifica factores adicionales: los entornos familiares adversos, padres separados o muy ausentes, la pertenencia a grupos de pares sin supervisión y el estrato socioeconómico bajo aumentan significativamente la probabilidad de que un joven consuma. Una psicopatología previa también actúa como factor de riesgo y las propias sustancias psicoactivas que se vapean pueden, por sí mismas, generar angustia, depresión o estados de excitación.
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En cuanto a la adicción, Niederbacher es enfático: cualquier adicción es difícil de abandonar. Un tanque de dos a tres mililitros con una concentración de 6 mg/ml de nicotina puede equivaler a un paquete completo de veinte cigarrillos sin filtro. A mayor concentración, mayor dependencia. A mayor tiempo de consumo, más difícil la cesación. Y la buena noticia, si puede llamarse así, es que en Bucaramanga existen clínicas especializadas en la cesación del tabaco y del cigarrillo electrónico, con tres grupos diferenciados de intervención: quienes aún no han consumido, quienes quieren dejar de hacerlo y quienes, por ahora, no tienen intención de cesar.
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Ley 2354 de 2024: así regula Colombia los vapeadores y cigarrillos electrónicos
Colombia no está desarmada legislativamente frente al vapeo. El 9 de mayo de 2024, el presidente Gustavo Petro promulgó la Ley 2354, que modificó la Ley 1335 de 2009, la histórica Ley Antitabaco, para incorporar explícitamente los Sistemas Electrónicos de Administración de Nicotina (SEAN), los Sistemas Similares Sin Nicotina (SSSN), los Productos de Tabaco Calentado (PTC) y los Productos de Nicotina Oral (PNO) dentro de su campo de aplicación.
La ley establece que todas las medidas de control vigentes para el cigarrillo convencional se aplican ahora también a los vapeadores: prohibición de venta a menores de 18 años, restricciones de publicidad y promoción, prohibición de consumo en espacios públicos cerrados, obligación de incluir advertencias sanitarias en empaques y el diseño de campañas educativas dirigidas a jóvenes, niños y población en general.
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El Ministerio de Salud y Protección Social es el órgano rector de estas campañas. En papel, es un avance significativo. En la práctica, el escenario es más complejo.
Los vapeadores desechables no cuentan con registro sanitario del Invima ni con autorización alguna para su fabricación, importación o comercialización en Colombia.
La propia autoridad regulatoria ha alertado que “bajo la regulación vigente, estos productos no cuentan con registro sanitario ni autorización de comercialización”. Y sin embargo, se encuentran en tiendas de barrio, papelerías y plataformas digitales a precios que van desde unos pocos miles de pesos.
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Proyecto de ley busca prohibir los vapeadores desechables en Colombia
Ante esta brecha entre la norma escrita y la realidad del mercado, un grupo de congresistas radicó en julio de 2025 el Proyecto de Ley N° 51 del Senado, que va más lejos: busca prohibir directamente la fabricación, importación, comercialización y distribución de SEAN, SSSN y Productos de Tabaco Calentado desechables o de un solo uso en todo el territorio nacional.
La exposición de motivos del proyecto cita datos contundentes: según el estudio nacional del Ministerio de Justicia, el 11,21 % de los estudiantes de colegios ya utilizaba cigarrillos electrónicos al año 2022, con una edad de inicio promedio de 14 años. El 17,6 % lo consumió en el último año. El consumo es más frecuente en mujeres jóvenes y en colegios privados y zonas urbanas.















