Una persona padece inseguridad alimentaria cuando carece del acceso regular a suficientes alimentos nutritivos.
En Santander, 20 de cada 100 familias pasan por algún tipo de dificultad para alimentarse. ¿La razón? En la mayoría de los casos tales hogares padecen problemas económicos. Además, 34,8% (769.380 personas) no consumen ‘porciones’ ricas en nutrientes todos los días y nunca, o rara vez, consumen alimentos generosos en proteínas.
El dato, revelado durante el Día Nacional de la Nutrición y analizado por el programa Bucaramanga Cómo Vamos, evidencia el alto grado de inseguridad alimentaria por la que atraviesa la población santandereana.

Además de los habitantes en situación de calle, los adultos mayores, los miembros de los hogares conformados por vendedores ambulantes, las familias residentes en zonas de escarpa e incluso los núcleos en donde sólo una persona tiene empleo, hacen parte de la población que tiene en vilo su seguridad alimentaria.

De acuerdo con Johana Cárdenas Acevedo, directora del citado programa, “es preciso aunar esfuerzos para que los santandereanos tengan al menos un plato de comida en sus mesas”.
Teniendo en cuenta las estadísticas del Observatorio de Nutrición de ABACO, el 36,2 % de la población en Santander, aproximadamente 790.970 personas, usan estrategias de afrontamiento; es decir, bajan la calidad de los alimentos que consumen, se saltan tiempos de comida, reducen el tamaño de las porciones y piden alimentos prestados.

Brigadas solidarias
Los casos de hambre han instado a entidades asistenciales a impulsar iniciativas que buscan llevar alimentos a las personas vulnerables. Las solidarias brigadas están cobijando a los hogares de sectores populares, entre ellos los asentamientos subnormales, en los cuales sus integrantes no pueden consumir las tres comidas diarias.
Mediante donaciones de alimentos no perecederos, lo recolectado se distribuye entre estas comunidades, especialmente entre los niños. Durante las jornadas se recolecta, principalmente, granos (arroz, frijol, lentejas, arvejas, etc....) y panela para el abastecimiento de la comunidad afectada. Lo que se recoge posteriormente se envía a fundaciones dentro de las zonas de influencia de las instituciones.
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Vale resaltar que, con el fin de combatir la inseguridad alimentaria y nutricional, el Banco de Alimentos creó, junto con Uniminuto y la Unab, la campaña ‘Hambre Cero’.
El tema es tan neurálgico que algunos centros de acopio, como las plazas de mercado Central y San Francisco, han tomado la determinación de apoyar fundaciones, organizaciones sin ánimo de lucro y a personas de la tercera edad que a diario buscan alimentos entre los desechos













