La historia tributaria local reciente demuestra que el sentido común del contribuyente suele ser más agudo que muchas estrategias de recaudación. Conozca la lista de los impuestos que no prosperaron en Bucaramanga ni en Santander.

En Bucaramanga y Santander, el bolsillo del ciudadano de a pie ha sufrido más de un golpe. ¿Quién no lo ha sentido? Sin embargo, también la comunidad ha planteado sus propios ‘rounds’ para no dejarse abatir tanto en su economía familiar.
Esta semana, una nueva propuesta tributaria fue aplazada provisionalmente para alivio de miles de contribuyentes: la polémica tasa para la seguridad -que pretendía ser cobrada a través del recibo de la luz- fue suspendida de manera temporal gracias a una ponencia del magistrado Iván Mauricio Mendoza Saavedra, del Tribunal Administrativo de Santander.
La medida, amparada en la Ordenanza 15 del 29 de abril aprobada por la Asamblea, pretendía que los usuarios de estratos 4, 5 y 6 financiaran con su factura de energía las estrategias de seguridad del departamento. No obstante, el contribuyente local, quien ya viene cansado de ver cómo se le cuelgan nuevos cobros por cada problema estructural sin resolver, pusieron el grito en el cielo.
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Y aunque esta última sobretasa quedó en pausa, aal menos por ahora. Claro está que el historial es largo, y varios de esos experimentos tributarios terminaron estrellándose contra el rechazo ciudadano. Aquí, un repaso por algunas de las más recordadas.
Cuando quisieron cobrarnos hasta por morir

En diciembre de 2013, el Acueducto Metropolitano de Bucaramanga intentó meter de contrabando un seguro exequial en la factura del agua. Una “ayuda” obligatoria para cubrir gastos funerarios que, según los usuarios, no habían pedido ni querían. Las críticas no se hicieron esperar: cartas a Vanguardia, quejas en redes y hasta una investigación del Gobierno Nacional sepultaron el intento. En enero del año siguiente, la medida fue cancelada. Irónicamente, murió antes de nacer.
El teléfono también quedó fuera de línea

En 2004, en plena era de líneas fijas y tonos de espera, los alcaldes metropolitanos liderados por Honorio Galvis Aguilar propusieron un impuesto al uso y tenencia de teléfonos fijos en casas y locales. El cobro, que se iba a incluir en la factura de Telebucaramanga, pretendía financiar seguridad. Pero entre la incredulidad de los usuarios y la falta de consenso político, la idea se quedó en eso: en una llamada perdida.
Impuesto a la erosión: cuando el suelo se movía… y el impuesto no

En noviembre de 2010, con la escarpa occidental de Bucaramanga en riesgo de deslizarse y llevarse barrios enteros, surgió la idea de incluir un nuevo cargo en el predial: el llamado “Impuesto a la Erosión”. Aunque el peligro era real, el malestar no se hizo esperar. ¿Por qué debía el ciudadano pagar por los errores de una urbanización sin control? La propuesta, sin respaldo ni ruta clara, se desmoronó como los taludes que pretendía salvar.
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Lluvias, deslizamientos y… más cobros en el predial

En 2015, las lluvias causaron estragos en 31 barrios. La CDMB, sin suficientes recursos para atender emergencias, planteó aumentar la sobretasa ambiental del predial. La idea era buena en teoría: más recursos para evitar tragedias. Pero al hablar de subir impuestos, la ciudadanía respondió con resistencia y desconfianza. La propuesta no se materializó y quedó empantanada como muchas calles de la ciudad en temporada invernal.
En síntesis

Este recorrido por los tributos que fueron -y los que no- deja una conclusión clara: en Bucaramanga y su área metropolitana, cada vez que un gobierno intenta “solidarizar” al ciudadano con un nuevo cobro, la gente responde. A veces con protestas, a veces con argumentos legales. Y que aunque los discursos cambien, la respuesta ciudadana suele ser la misma: con mi bolsillo, no se meta.
















