Las pequeñas manos de nuestros niños sembraron árboles en Bucaramanga. Fue una linda brigada verde.

El espíritu ambiental volvió a respirar en el corazón de Cabecera. Lo que comenzó como una clase sencilla en las aulas se transformó en un acto de esperanza cuando 90 niños del Colegio Montagut School/Mi Pequeño Taller, con las manos llenas de tierra y la ilusión en los ojos, sembraron 100 árboles en un rincón del sector que pedía a gritos más sombra y oxígeno.

El escenario fue el pequeño parque que se levanta en la zona de la carrera 33, entre las calles 51 y 51A. Allí, bajo el sol tibio, se reunieron estudiantes, maestros, soldados del Ejército Nacional y transeúntes curiosos que se detenían a mirar cómo los niños plantaban no solo raíces, sino también conciencia.

La jornada fue organizada por Alix Eveling Montagut, directora del citado plantel, quien insiste en que la educación ambiental debe ser parte de la vida cotidiana y, además, debe inculcarse desde las aulas y, sobre todo, en los menores: “Si los niños y las niñas entienden hoy la importancia de cuidar un árbol, mañana cuidarán la ciudad entera”, afirmó mientras ayudaba a un grupo de menores a asegurar un guayacán amarillo en el suelo.
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Las risas y las voces infantiles se mezclaron con el sonido de las palas haciendo los debidos movimientos de tierra y abono. Cada árbol tenía un padrino o madrina: un niño que se comprometía a visitarlo, a regarlo y a verlo crecer.

El Ejército Nacional, por su parte, no solo apoyó con la logística, sino que también se convirtió en ejemplo de disciplina y servicio comunitario. Los uniformados ayudaron a los niños y a las niñas en la singular jornada.
Más que una siembra, fue una lección de futuro. Cada árbol, ahora erguido en el parque, es un recordatorio de que el cuidado ambiental no empieza en grandes campañas globales, sino en gestos sencillos: en manos pequeñas que entienden que un árbol es sombra, oxígeno y vida.

Al final de la jornada, mientras los últimos retoños quedaban firmes en la tierra, un murmullo se repetía entre padres, docentes y vecinos: “Estos niños sembraron algo más que árboles… sembraron conciencia”.
















