Bucaramanga
Jueves 27 de noviembre de 2025 - 06:15 PM

Bucaramanga revivió a través de sus viejos telones

En un singular circuito, con los ecos de butacas y aplausos, Bucaramanga revivió la historia íntima de los teatros del ayer.

Teatros del ayer de Bucaramanga. (Archivo/ VANGUARDIA)
Teatros del ayer de Bucaramanga. (Archivo/ VANGUARDIA)

Compartir

Durante la celebración del Día Nacional de los Teatros 2025, el pasado domingo Bucaramanga abrió una puerta hacia el pasado: dos visitas guiadas recorrieron la ciudad como quien desempolva un viejo álbum familiar, mientras un taller de dramaturgia encendía de nuevo la chispa creativa en jóvenes soñadores.

Antonio José Díaz Ardila, director del Teatro Santander, recordó que atendiendo la fecha oficial del 23 de noviembre, promovida por el Ministerio de las Artes, los Saberes y la Cultura, “nos unimos al circuito de 28 teatros del país, con una majestuosa transmisión televisiva por Señal Colombia y, por supuesto, Bucaramanga hizo su gran proyección”.

Le puede interesar: Teatro Municipal del ayer

Bucaramanga, silenciosa y atenta, volvió a escuchar las voces de sus antiguas salas, esas que durante más de un siglo acompañaron su crecimiento, sus anhelos y sus noches de espectáculo. ¡Fue emotivo el trayecto dominical!

El circuito del los teatros del ayer de Bucaramanga.
El circuito del los teatros del ayer de Bucaramanga.

El ayer de los teatros, paso a paso

La historia de los teatros en Bucaramanga se remonta a 1860, aunque antes de esa fecha cualquier espacio servía para celebrar el arte: el atrio de San Laureano, la casa cural, las plazas que improvisaban un tablado para acróbatas, compañías dramáticas y trovadores itinerantes.

Fue entonces cuando la casa de Jacobo D’Costa Gómez dio vida al primer escenario con nombre propio: el Teatro Torres. Allí, entre camerinos laterales y un ambiente de ilusión, nació el deseo de los bumangueses por tener un verdadero escenario cultural.

Una de las primeras actuaciones realizadas en el Coliseo Peralta. Foto Suministrada Rafael Gavasa Villamizar / VANGUARDIA
Una de las primeras actuaciones realizadas en el Coliseo Peralta. Foto Suministrada Rafael Gavasa Villamizar / VANGUARDIA

El paso del tiempo trajo nuevas ambiciones. Entre 1888 y 1893, el negociante Anselmo Peralta, quien era un enamorado de las artes escénicas, levantó piedra a piedra el Teatro Peralta, inaugurado finalmente en 1897. ¡Lástima, eso sí, que hoy esté tan abandonado!

Su existencia abrió el camino para una década prodigiosa: entre 1911 y 1917 se alzaron el Teatro Universal, el Pathe y el Variedades, mientras que el Peralta pasó en 1919 a manos de Luis Emilio Garnica. Él, un creador de alma incansable, fundaría años después el Teatro Garnica, un lugar que tuvo tantas vidas como sueños: plaza de toros, ring de boxeo, carpa de circo, escenario de ópera, zarzuela, teatro y, con la llegada del sonido, sala de cine.

Publicidad

Esta era la fachada del Rosedal.
Esta era la fachada del Rosedal.

En 1930 Saúl Díaz y Gustavo Ordóñez fundaron el Teatro Rosedal, el primero de cinco que compondrían el Circuito Unión. Pero desde 1928 los santandereanos esperaban con ansias otro gigante: el majestuoso Teatro Santander, inaugurado en 1932. Con su espíritu cosmopolita, sus espectáculos circenses y sus funciones de cine, se convirtió en el corazón cultural de la época.

La década del 40 fue fértil para el entretenimiento: nacieron el Real, el Colombia, el Sotomayor y el Libertador. El Real, con su cine continuo a un peso y su sala para fumadores, fue demolido para abrir paso a la carrera 37.

El otrora Teatro Sotomayor (Municipal)
El otrora Teatro Sotomayor (Municipal)

También se recuerda el que fuera bautizado como Teatro Municipal, pero que al final se conoció con el nombre de Sotomayor. La mítica edificación que estuvo a cargo de Próspero Chinchilla Pico, se levantó sobre la carrera 27, cerca al edificio Green Gold de hoy.

En 1952, el Circuito Unión volvió a sorprender a la ciudad con un coloso moderno: el Teatro Unión, 1.400 sillas, pantalla gigante y sonido estereofónico. Once años más tarde sumó el Teatro Analucía, la sala “in” por excelencia, la de los estrenos y el balcón ‘europeo’.

El antiguo Teatro AnaLucía, lugar en donde operó el Teatro Corfescu, funciono más de 50 años. Tenía 700 localidades para el público. (Foto: Archivo /VANGUARDIA)
El antiguo Teatro AnaLucía, lugar en donde operó el Teatro Corfescu, funciono más de 50 años. Tenía 700 localidades para el público. (Foto: Archivo /VANGUARDIA)

Se recordó cómo ese sitio fue renovado con el ya desaparecido Teatro Corfescu. Y también, con una nostalgia casi palpable, recordamos cómo en la esquina de la carrera 17 con calle 45, aquel Teatro Unión había marcado generaciones enteras hasta caer en 2007, dejando su lugar a una estación de servicio.

También renació la memoria del Teatro Libertador, en la carrera 15, famosa por su buena acústica y por ser templo del cine familiar y del western. Fue el segundo teatro del Circuito Unión y se ganó un lugar en la memoria por los inolvidables “cines de vaqueros” y los espectáculos de artistas mexicanos que colmaban su escenario.

Emeterio Garnica Uribe y su hermano Emilio en compañía de sus hijos Luis y Gustavo. Archivo personal Jairo Alberto Garnica Mantilla. Foto suministrada por la Casa del Libro Total/VANGUARDIA
Emeterio Garnica Uribe y su hermano Emilio en compañía de sus hijos Luis y Gustavo. Archivo personal Jairo Alberto Garnica Mantilla. Foto suministrada por la Casa del Libro Total/VANGUARDIA

Durante el circuito fue reiterativo mencionar, como quien pronuncia un nombre querido, al desaparecido Teatro Garnica, situado entre las calles 33 y 34: un ícono urbano, un patrimonio emocional, un sueño de Luis Emilio Garnica que durante décadas dio sentido a esa cuadra hoy irreconocible.

Publicidad

Teatro Santander (Foto: Fotos: Archivo / Montaje: Nicolás Durán)
Teatro Santander (Foto: Fotos: Archivo / Montaje: Nicolás Durán)

Y, claro, no podía faltar el Teatro Santander, joya histórica erigida en 1928, que llegó a ser vendido en 1972 para dedicarse exclusivamente al cine. Después vino su silencio, su abandono, su largo olvido… hasta que en 2008, bajo la gestión del entonces alcalde de Bucaramanga, Fernando Vargas Mendoza, el Municipio lo rescató y, años más tarde, junto a la Fundación Teatro Santander, lo devolvió a la vida.

El gran Teatro Santander
El gran Teatro Santander

Como un telón que vuelve a subir tras una función que parecía terminada, se concluyó que el hoy Teatro Santander renació para recordarle a Bucaramanga que la memoria también se restaura y que los teatros, aunque callen, nunca mueren del todo.

Así, entre pasos pausados, historias compartidas y miradas que buscaban rastros del pasado en las fachadas actuales, la ciudad celebró su legado teatral. Porque en Bucaramanga, los teatros no solo fueron edificios: fueron latidos, fueron encuentros, fueron los lugares donde los sueños -así fuera por un domingo- se hicieron realidad.

Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí y únase a nuestro canal de Whatsapp acá.

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad