A medida que el coronavirus se ha incrementado en todos los países del mundo, la necesidad de contar con un método fácil de usar, inmediato y efectivo, conllevó al uso de las denominadas pruebas serológicas rápidas COVID-19. Pero, ¿qué tan efectivas son? Tres profesionales de la salud en Santander se dieron a la tarea de averiguarlo.

Publicado por: Claudia Isabel Delgado
Leonelo Bautista, médico, doctor en salud pública y profesor asociado de la Universidad de Wisconsin-Madison; Myriam Oróstegui, enfermera magíster en Epidemiología y docente titular jubilada de la Universidad Industrial de Santander, UIS y Ruth Aralí Martínez, docente, magíster en Epidemiología y doctora en ciencias de la salud pública con área de concentración en enfermedades infectocontagiosas, se dieron a la tarea de evaluar la utilidad de las pruebas serológicas para el diagnóstico inmediato de COVID-19 en Bucaramanga.
En su análisis, previa revisión de la literatura al respecto, concluyeron que las pruebas rápidas no son una herramienta adecuada para hacer vigilancia epidemiológica, ni para hacer diagnóstico.
Hasta el momento, las pruebas moleculares (PCR) para detectar Sars-CoV-2 son el único método válido para diagnosticar y tratar pacientes sospechosos o con COVID-19.
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Si bien, al inicio de la pandemia el país invirtió grandes cantidades de dinero en la adquisición de estas pruebas por prometer grandes beneficios, bajo costo, inmediatez, y fácil realización para la identificación de casos como fuente de infección; han resultado un método poco efectivo, debido a los problemas relacionados con la sensibilidad y especificidad de dichas pruebas.
¿Cómo llegaron a la indagación?
De acuerdo con Myriam Oróstegui, el análisis se plantea a raíz de la inquietud que se genera en Bucaramanga sobre si comprar o no las pruebas rápidas para enfrentar la pandemia.
“Basados en la información del Instituto Nacional de Salud, INS, empezamos a revisar toda la literatura de las pruebas rápidas y fue allí donde llegamos a la prueba Abbott/Wondfo, la única disponible en el país”, explica.
Estas pruebas rápidas se basan en la detección de dos tipos de anticuerpos contra Sars-CoV-2, el virus que causa el COVID-19. Se realiza en una muestra de sangre tomada por punción de un dedo, en suero o en plasma tomado de la vena del brazo.
Allí, se determinan las inmunoglobulinas M (IgM) y G (IgG), es decir, la detección de anticuerpos que se generan contra el virus que causa la enfermedad.
En consecuencia, encontraron que la sensibilidad de estas pruebas es muy baja para el diagnóstico por Sars-CoV-2, especialmente en personas asintomáticas.
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“Es como una “ruleta rusa”, pues de cada 100 personas asintomáticas, pero infectadas con COVID-19, que se les haga la prueba, 24 van a ser diagnosticadas correctamente, pero a 76 les va decir que no tienen la enfermedad, convirtiéndolos en falsos negativos, aún cuando están infectados y pueden propagar el virus”, menciona el análisis.
Este resultado puede incidir en que las personas continúen haciendo una vida normal, propagando la infección. En el caso de las personas con síntomas la sensibilidad aumenta sólo hasta después de diez días de haber iniciado la sintomatología.
“De acá se deduce que las pruebas serológicas rápidas no son efectivas en el tamizaje de poblaciones asintomáticas. Lamentablemente en el país, se les está dando este uso, aún a pesar de las advertencias hechas por los epidemiólogos”.
¿A qué se debe la no confiabilidad?
“El problema de la prueba es que está midiendo anticuerpos, que se van produciendo en diferentes momentos de la historia natural de la enfermedad. Esta prueba no es confiable porque no tiene la adecuada sensibilidad y especificidad para decir con certeza qué es lo que está pasando en la población”, señaló Oróstegui.
Hay otras pruebas rápidas como las que se hacen por el método Elisa o las pruebas por quimioluminiscencia, que en un futuro podrían estar disponibles y ser mucho mejores.
“En este momento usar estas pruebas para tomar acciones en términos de contener una pandemia o saber cuál es el nivel de infección en una población es prácticamente imposible porque cuando la prueba se aplica en personas asintomáticas, que es en quienes se hace el tamizaje, tiene muchos falsos positivos y falsos negativos, y está creando un escenario de muy difícil manejo tanto para las personas como para los servicios de salud”, agregó la enfermera magíster en epidemiología.
Recomiendan además, que en caso de usar las pruebas rápidas, se usen otro tipo de pruebas que usen métodos más confiables y en escenarios post- pandemia. Es decir, en escenarios en los que la prevalencia de la enfermedad sea lo suficientemente alta, para que el uso de las mismas aumente significativamente el costo-efectividad en el manejo del COVID-19. En Bucaramanga la prevalencia de la enfermedad aún es muy baja.
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“En ninguna parte del mundo en estos escenarios usan las pruebas rápidas. China o Estados Unidos solo aplican pruebas PCR”.
Las cifras pueden ser más
A la poca efectividad de las pruebas rápidas se suma que quizá las cifras que conocemos de casos positivos en la región puedan ser mayores.
El ideal es que en todas las ciudades, si hubiera suficientes pruebas PCR, se empezara un tamizaje poblacional pero no con prueba rápida. El atractivo de esta es que no es demorada, es económica y no le molesta a la gente, sin embargo, su uso está ocasionando mucho daño, por el impacto y el sufrimiento que un diagnóstico equivocado ocasiona.
“Se propone hacer el tamizaje, con pruebas PCR, en ciertos grupos de mayor riesgo: personal de salud en primera línea, conductores de transporte público y personas que se identifiquen tienen contacto estrecho con gran cantidad de población”.
Desde el ámbito del autocuidado, para evitar la infección por coronavirus, lo más efectivo hasta el momento es acoger estrictamente las medidas recomendadas como: el aislamiento o distanciamiento social, lavado las manos con frecuencia, hacer uso adecuado del tapabocas y consultar las líneas destinadas en caso de presentar síntomas o de haber tenido contacto estrecho con un caso diagnosticado como positivo.
Desde el punto de vista de Salud Pública las intervenciones incluyen la Vigilancia Epidemiológica, la realización de los cercos epidemiológicos, el raído estudio de los conglomerados de casos, el seguimiento de contactos y educación a la población. Solo de esta manera, se puede lograr la mitigación de esta epidemia, que se convierte en el gran desafío para todos.















