viernes 30 de noviembre de 2018 - 8:22 PM

El proyecto aeroespacial de estudiantes de la UIS

Un grupo de cerca de 30 estudiantes de ingeniería mecánica, electrónica, sistemas, física, química y metalúrgica de la Universidad Industrial de Santander, UIS, dedican su tiempo libre a la creación de cohetes.

Un cohete, con combustible líquido, elaborado 100% en el departamento y de una altura que no supera un metro, lanzado desde la cancha de fútbol de la UIS, es el ejemplo más contundente que Santander, así sea en pequeña escala, ya explora la ingeniería aeroespacial.

Con materiales reciclables y de bajo costo, como  tubos de PVC y otros detalles elaborados con impresoras 3D, un grupo de cerca 30 estudiantes se entrenan en la elaboración cohetes, también de propulsión de agua. Los pequeños artefactos son probados en las canchas del campus universitario.

A pesar de que se trata de vuelos de poca duración y corta distancia, el ejercicio es todo un espectáculo. Hasta ahora en Santander, este es el único grupo que explora la ingeniería aeroespacial. El trabajo se concentra en un grupo de investigación y dos semilleros.

Julián Rodríguez, PhD en astrofísica, es uno de los coordinadores de los semilleros, y del grupo de investigación de control, electrónica, modelado y simulación. Dicho grupo es clase A1 en Colciencias, la máxima categoría y lo conforman profesionales egresados de la UIS.   

Los semilleros, por su parte, son integrados por los estudiantes. A diferencia de otros grupos, no hay restricción de semestre. Lo integran jóvenes desde primer semestre y de varias ingenierías. “Muchas áreas encuentran aplicación en este tema, lo importante es que los jóvenes se sientan identificados”, comenta Julián Rodríguez.  

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Uno de los semilleros se llama UIS Aeroespacial, donde los integrantes se encargan de diseñar los sistemas de propulsión, construir los cohetes, hacer el combustible, las lanzaderas, entre otros detalles.

Un segundo grupo complementa este trabajo. Se trata del semillero de instrumentación científica y electrónica. Aquí los estudiantes diseñan los dispositivos electrónicos para el vuelo del cohete. “Por ejemplo, ellos hacen cámaras que se insertan en el cohete para captar imágenes del vuelo, y sensores para medir variables como velocidad y aceleración. Así validamos los diseños que estamos haciendo”, explica Rodríguez.

El profesor, quien ha colaborado con importantes proyectos aeroespaciales en Europa, destaca que “los cohetes que se desarrollan en estos semilleros son proporcionales a uno real”.

Los estudiantes hacen todo el proceso. Ellos preparan el combustible, la estructura de los cohetes, los diseños y los módulos de prueba. “El objetivo es que se apliquen todos los procesos de ingeniería, que los vean representados en lo que estamos haciendo”, manifiesta Julián Rodríguez.

Tal es la importancia que tiene para los jóvenes del semillero, que Sebastián Villalba, uno de los integrantes, realiza su trabajo de grado en simulación de una recámara de combustión de un cohete a escala real, apoyado por el semillero.

“La idea es divulgar, Colombia está dejada en este tema. El desarrollo económico y social que se crea alrededor de esto, es muy importante”, destaca Villalba. 

¿Cómo surgió la iniciativa?

Daniel Valdivieso, estudiante de ingeniería mecánica de sexto semestre, siempre ha sentido pasión por el tema aeroespacial. Después de ver una materia de astronomía planetaria, hace dos años, con algunos de sus compañeros tomaron la iniciativa de retomar la idea del semillero, que tenía varios años de creación, pero en el que nadie participaba.

Fue así como vincularon al docente Julián Rodríguez, que acababa de llegar de una participación importante en un proyecto aeroespacial en Europa. Los jóvenes empezaron a reunirse dos veces a la semana para trabajar en los cohetes.

Iniciaron su preparación con cohetes de agua, que son didácticos. “Son el equivalente a un cohete que funciona con combustible real, con ellos aprendimos conceptos básicos”, expresa Daniel.

Después empezaron a realizar cohetes de combustible líquido. Y uno de los logros más importantes del semillero, desde hace año y medio, consiste en trabajar con cohetes de combustible sólido. Se trata de una mezcla de dos compuestos: nitrato de potasio y sorbitol. La traducción sencilla es fertilizante de plantas y azúcar.

“Los de combustible líquido son muy exigentes en diseño, preparación y seguridad, pues el líquido es más inestable”, explica Julián Rodríguez.  

Las tareas las definen de acuerdo a las habilidades de cada estudiante. Diseño de fuselaje,  diseño estructural del cohete, simulación del cohete, resistencia del fuselaje, de los materiales, dinámica de fluidos del cohete, análisis termodinámico y comportamiento de los gases dentro de la cámara de combustión son algunas de las tareas que ejecutan los jóvenes a diario.

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Más de 15 horas a la semana le dedican los muchachos a las tareas. Todo, porque esperan grandes frutos de estas actividades. “Quiero hacer parte del cambio en ciencias aeroespaciales en Colombia. Quiero que seamos el semillero parte de la divulgación de la ciencia en el departamento y el país”, comenta Valdivieso.

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La UIS realizó un concurso de lanzamiento de cohetes de agua con estudiantes de todos los programas de ingeniería, en el cual participaron cerca de 75 personas. “Se les entregaba una botella de agua o gaseosa y un kit de electrónica conformado por unos transmisores de radio, unas tarjetas, unos sensores, unas cámaras. Tenían dos días para hacer un cohete que volara y que esa electrónica funcionara con el cohete para que tomara los datos del vuelo”, explicó Julián Rodríguez.

El profesor calificó como positiva la experiencia. “Volaron 15 cohetes y tuvimos muchos aprendizajes”, destacó.  

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