viernes 03 de diciembre de 2021 - 11:00 AM

Entrevista con el médico Antonio Vicente Carvajal, primer cirujano plástico y reconstructivo de Bucaramanga

En conmemoración al día del médico, Vanguardia entrevistó al santandereano Antonio Vicente Carvajal, primer cirujano plástico y reconstructivo de Bucaramanga, quien relató algunas memorias de su trayectoria profesional de más de 50 años.
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¿Por qué tomó la decisión de estudiar medicina?

Cuando terminé de estudiar el bachillerato me provocó estudiar medicina, para ese tiempo sabía que en la Fuerza Aérea habían bachilleres que los mandaban a la Universidad, entonces entré a la Escuela de Aviación de la Fuerza Aérea y allí estuve un año volando. Ese programa se acabó, presté un año de servicio en la Fuerza Aérea y entré a la Universidad Nacional en el año 1956.

¿Cómo fue su llegada a Bucaramanga?

Llegué a Bucaramanga como médico en el año 1962 a hacer el internado rotatorio en el Hospital San Juan de Dios. Recuerdo que éramos muy pocos médicos en la ciudad.

Hice la residencia de cirugía plástica primero en el Hospital Militar en 1963 y luego pasé al Hospital de la Hortúa que era de la Universidad Nacional. Terminé en 1966 y volví a Bucaramanga como especialista en cirugía plástica, reconstructiva, de quemaduras, cirugía de las manos y cirugía maxilofacial.

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¿Cómo era la cirugía plástica en esa época?

Fui el primer cirujano plástico de carrera aquí en Bucaramanga, en ese tiempo estábamos solo 68 médicos en la ciudad, contando especialistas y demás. Éramos todos muy amigos, porque los 68 íbamos al mismo hospital en la mañana a cuidar pacientes y trabajamos ‘Ad honorem’, nadie cobraba en el hospital.

Para 1966 llegaban a la ciudad los especialistas, recuerdo que llegó un neurocirujano, un ortopedista, oftalmólogos y así se fue conformando el Hospital San Juan de Dios. Como yo era el único cirujano plástico de la época, atendía en todas las clínicas de Bucaramanga, estamos hablando de La Merced, Santa Teresa y Clínica Bucaramanga, no había más.

Luego de eso, sobre 1972 inició la Facultad de Medicina de la Universidad Industrial de Santander, UIS, ahí cambió la fórmula de la medicina en Bucaramanga.

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¿Por qué consultaban las personas? ¿Cuáles eran los casos más frecuentes?

Lo más frecuente eran las quemaduras y las fracturas de cara. Esas fracturas del rostro eran sumamente importantes. Cuando empezó la era de la moto no existían los cascos de seguridad, entonces esas fracturas eran permanentes.

Al día atendía hasta cuatro casos de ese tipo, las fracturas de nariz eran las que más se presentaban, el resto se podría decir que eran fracturas de mandíbula, del rostro y quemaduras. También había muchos niños con casos de labio leporino, paladar hendido, deformidad en las manos y fracturas en la cara.

¿Cómo nació la Unidad de Quemados del hoy Hospital Universitario de Santander?

En 1975 estuve en el servicio de quemados del Hospital Universitario, más conocido como la ‘Unidad de Quemados’, que atendía a todo el nororiente colombiano. Empezamos con 25 camas para niños y adultos, una sala de mujeres y otra para hombres, y unas camas especiales para los pacientes de quemaduras más graves.

Afortunadamente encontré un baluarte muy grande en el Hospital, el director, el doctor Cristian Pinto que me colaboró totalmente, contaba con el apoyo de las facultades de enfermería que me ayudaron mucho en la iniciación de la Unidad. También las monjas, ellas eran muy importantes.

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Me acuerdo que allí laboraba una enfermera jefe, que primero fue monja y luego pasó a ser una enfermera de la Universidad, nos colaboraban cinco enfermeras auxiliares, una dietista, una trabajadora social y una secretaria de servicio. El lugar era totalmente cerrado, porque a los quemados toca tenerlos totalmente estériles, la verdad es que la Unidad funcionaba muy bien.

Para la época era común ver que los buses se quemaban en los accidentes con los pasajeros adentro y que en las empresas se quemaban los trabajadores laborando.

¿Qué otros proyectos destaca de su carrera como médico?

Ante el panorama de tantas personas con quemaduras, fundé en 1967 un servicio pequeño de atención en el Hospital San Luis, ese hospital atendía niños y estaba adscrito al Hospital San Juan de Dios. Allá teníamos ocho camas para los niños.

También fundé la Clínica Sotomayor y una Cooperativa de Profesionales en 1969, iniciamos 28 médicos y cuando me retiré de la presidencia, 30 años después, ya eran 1.250 los profesionales que estaban en esa institución.

Luego de que me jubilé, para el año 90 se me ocurrió hacer una crema para el tratamiento de los pacientes quemados, se llama ‘Anvicar’. Manejamos tres nichos de mercado, una especial para quemaduras, otra para evitar que se produzcan úlceras de presión en la piel y la última para pañalitis.

En 2001 sacamos el registro Invima, y actualmente tenemos 20 años con el producto que tiene muy buena aceptación. Es una crema económica y buena, porque ayuda a una cicatrización rápida y elimina gran parte del ardor en la herida.

¿Por qué se dedicó a tratar casos de personas quemadas?

Porque los cirujanos plásticos somos los que atendemos las quemaduras y las deformidades que luego pueden quedar. Todas esas deformidades y problemas hay que tratarlos primero, como lo que se hace con todo en la medicina, evitarlo y luego colaborar para que no se produzcan afectaciones.

¿Cuál es el momento que más recuerda de toda su carrera en la salud?

Como yo era el único cirujano plástico en la ciudad tenía que dividir el tiempo muy bien para estar en todas partes, eso era lo que más me llenaba, ayudar a la gente.

¿Qué mensaje le deja a las personas que están estudiando medicina o que ya son profesionales?

La actualidad en la medicina es otra, ya no es como la ejercimos. La medicina es de mucho sacrificio, esto no es para hacer plata es para beneficiar a los demás y eso es lo que prometimos hacer.

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