En un giro digno de una serie de suspenso político, alias Kevin, disidente de las Farc, se convirtió en protagonista de una historia real que tiene de todo: traición, poder y secuestros masivos.

Publicado por: Redacción Colombia
En las montañas del suroeste colombiano, donde el Cañón del Micay huele a coca, pólvora y miedo, se esconde un personaje que ha hecho del terror su principal libreto. Su nombre de pila es Anderson Andrey Vargas, pero todos lo conocen por su alias de guerra: Kevin. Hasta hace poco, era uno más dentro del engranaje del frente Carlos Patiño, una de las estructuras más violentas del autodenominado Estado Mayor Central (EMC), disidencia de las FARC. Pero Kevin no se conformó con ser un actor secundario. Su ambición fue tan despiadada como su ascenso.
La información de inteligencia y fuentes militares coinciden en una escena clave del drama: Kevin habría ordenado la ejecución de su propio superior, alias El Mocho, para quedarse con el mando de la zona y los millonarios ingresos del narcotráfico. Un golpe de Estado criminal dentro de una organización criminal. Así, en el corazón del Cauca, Kevin escribió el primer acto de su consolidación como jefe absoluto del Micay.
Capítulo 1: El secuestro de los 57
La tensión creció hasta llegar al clímax el pasado 21 de junio de 2025, cuando 57 militares fueron secuestrados por más de 200 civiles en las veredas La Hacienda y El Plateado, en el municipio de El Tambo. No fue una escena espontánea. Según las autoridades, los pobladores actuaron bajo presión directa del frente Carlos Patiño, siguiendo órdenes de Kevin. Una retención masiva, a plena luz del día, en medio de un supuesto diálogo de paz.
Durante más de 48 horas, Colombia entera observó, entre el asombro y la impotencia, cómo un grupo de soldados era convertido en ficha de negociación. Las imágenes que llegaron desde el terreno parecían sacadas de una película de guerra: uniformados rodeados, retenidos en casas campesinas, sin posibilidad de actuar. Mientras tanto, Kevin, desde algún rincón selvático, movía las piezas con sangre fría.
Capítulo 2: Rescate sin disparos, tensión sin final
El domingo 23 de junio, la tensión se rompió. En una operación bautizada como Justicia, más de 400 uniformados del Ejército y la Policía lograron rescatar a los militares sin un solo disparo. El operativo, que incluyó helicópteros, negociadores y equipos de inteligencia, también dejó más de 20 capturas. Aunque los soldados regresaron a sus bases sanos y salvos, el país sigue herido: el golpe simbólico al Estado ya estaba dado.
El gobierno respondió con fuerza. El ministro de Defensa, Iván Velásquez, ofreció 500 millones de pesos por la cabeza de alias Kevin. Un cartel de los más buscados fue activado. El EMC volvió a ser blanco militar. Pero Kevin, como buen antagonista de esta historia, sigue libre y en la sombra.
Capítulo 3: El otro guion del conflicto
Más allá del escándalo militar, esta historia revela un drama de fondo: el regreso del miedo al Cauca. Las disidencias han convertido al Cañón del Micay en un escenario de violencia permanente, donde el narcotráfico dicta las reglas, y la población civil actúa como extra forzado entre dos fuegos.
No es la primera vez. La región ha sido testigo de masacres, como la ocurrida en septiembre de 2024 en López de Micay, cuando cinco personas fueron asesinadas en una jornada de “limpieza social” ordenada por grupos armados. También ha vivido atentados con explosivos, reclutamiento de menores y desplazamientos masivos.
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