Fútbol
Domingo 15 de junio de 2025 - 09:19 AM

Los bebés que nacieron con la estrella del Atlético Bucaramanga

La noche del 15 de junio de 2024, hace un año, estuvo llena de goles, de emociones, de latidos, de lluvia y, sobre todo, del milagro de la vida.

Ellos son los bebés Diego Alejandro y Jhoseth David Castellanos Urbano, quienes hoy, al igual que los jugadores leopardos, celebran un año de una épica gesta. Los menores, que nacieron en Bucaramanga, hoy viven en Florián, Santander. Con la bandera del Atlético y con el fondo de las ventanas de Tisquizoque, les deseamos un feliz cumpleaños. |  Suministrada
Ellos son los bebés Diego Alejandro y Jhoseth David Castellanos Urbano, quienes hoy, al igual que los jugadores leopardos, celebran un año de una épica gesta. Los menores, que nacieron en Bucaramanga, hoy viven en Florián, Santander. Con la bandera del Atlético y con el fondo de las ventanas de Tisquizoque, les deseamos un feliz cumpleaños. | Suministrada

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Aquella noche, mientras los jugadores del Atlético Bucaramanga enfrentaban, uno tras otro, la tensión de los penales en el estadio El Campín -y como si cada remate fuera un latido en el vientre de la esperanza-, en la sala de partos del Hospital Universitario de Santander, HUS, dos niños también empujaban con fuerza para nacer.

Las señales de vida de los bebés se sincronizaban, en simultánea, con los pasos hacia la gloria del equipo ‘Leopardo’ que, al igual que ellos, luchaba por besar el mundo con estrella propia.

Hablamos de la noche del 15 de junio de 2024, esa que quedó tatuada en la bandera de una ciudad que jamás dejó de soñar con su equipo de fútbol, y que también tocó el alma de madre de Ányela Stefany Urbano Quitián, quien afrontaba su propio ‘partido’ en pro de la llegada de sus retoños, unos hermosos gemelitos.

Ellos son los bebés Diego Alejandro y Jhoseth David Castellanos Urbano.
Ellos son los bebés Diego Alejandro y Jhoseth David Castellanos Urbano.

Ella, a las 9:45 p.m., se jugaba el todo por el todo. Junto a su esposo, Diego Wilmer Castellanos Díaz, había esperado con ansias ese momento del alumbramiento. Mientras tanto, a esa misma hora en Bogotá, bajo la lluvia y el canto inagotable de un puñado de almas vestidas de amarillo y verde, el Atlético Bucaramanga vivía la gran final del fútbol.

Era el instante más tenso en la historia de dos equipos: el del club búcaro, que ansiaba su primera estrella, y el de la citada pareja de esposos, que soñaba con tener por fin a sus hijos en brazos.

La definición desde el punto frío de los once metros, esa corta distancia entre la gloria y el lamento, también era una metáfora viva para la pareja de Ányela Stefany y Diego Wilmer, quienes querían ver nacer el fruto de su amor.

Pero mientras cada lanzamiento a la portería estremecía los corazones de los hinchas, en el noveno piso del HUS se libraba una batalla igual de heroica, igual de sagrada e igual de memorable, toda vez que el embarazo de Ányela Stefany había sido delicado.

“Recuerdo que me llevaron a la sala de partos para vivir mi propio encuentro con la vida, eso sí, con el ‘cuerpo técnico’ de enfermeras y profesionales que me asistieron”, evoca con emoción la valerosa madre.

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Los orgullosos padres de los bebés que nacieron la noche en la que el Atlético Bucaramanga alcanzó su primera estrella.
Los orgullosos padres de los bebés que nacieron la noche en la que el Atlético Bucaramanga alcanzó su primera estrella.

Rodeada de monitores e incluso de un viejo radio que, en el fondo, dejaba colar la transmisión radial del partido de la final entre Bucaramanga y Santa Fe, ella afrontaba su labor de parto con el mismo temple que un equipo decidido a hacer historia.

Mientras los jugadores del ‘Leopardo’ lanzaban los penales que definirían su destino, las dos pequeñas vidas también hacían fuerza para salir, con singulares pataditas acompasadas al ritmo del alma colectiva del Bucaramanga. Fue una noche de nervios, de súplicas, de resistencia y de amor.

Rafael Dudamel, el técnico búcaro, mantenía la compostura; pero Diego Wilmer, el papá y capitán del hogar de la joven familia, no paraba de comerse las uñas, esperando el nacimiento de sus bebés y el triunfo del Atlético. Para él y para su esposa, al igual que para los aficionados al fútbol local, era una noche en la que debían respirar hondo y aferrarse a las súplicas celestiales, para finalmente abrazarse con lágrimas por lo que vendría.

La pareja conformada por Ányela Stefany Urbano Quitián Diego Wilmer Castellanos Díaz aparecen aquí junto a sus dos bebés: Diego Alejandro y Jhoseth David Castellanos Urbano.
La pareja conformada por Ányela Stefany Urbano Quitián Diego Wilmer Castellanos Díaz aparecen aquí junto a sus dos bebés: Diego Alejandro y Jhoseth David Castellanos Urbano.

Los diagnósticos médicos y deportivos, que se leyeron de manera oficial bajo dos cielos llenos de presagios, revelaron que el municipio fue testigo de dos nacimientos que quedarán grabados en la memoria: el de los niños de esta pareja y el de la primera estrella del Atlético. Fue como si el destino hubiese escrito una doble página de gloria, escrita con los mismos libretos de emoción y esperanza.

El parto de Ányela Stefany fluyó, pero no fue fácil. Su embarazo, vigilado con cuidado y amor, guardaba no solo la promesa de vida, sino también la tensión de lo inesperado. Y allá, en El Campín, los jugadores del Bucaramanga vivían una angustia similar: enfrentaban a Santa Fe en una final que pudo torcerse en cada penal y en cada suspiro.

Mientras los gemelos pateaban en la barriga de su madre, los canarios lanzaban balones con el corazón en la punta del pie, ambos desafiando el sudor, el miedo y la presión del momento.

Y así como los gemelitos llegaron al mundo entre luces del quirófano y lágrimas de amor, también el equipo auriverde alcanzó la gloria con los reflectores de las cámaras y el llanto de una hinchada que vibró hasta el alma.

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Esa noche, las estrellas nacieron: una, que iluminó por partida doble el hogar de Ányela Stefany y Diego Wilmer; y otra, que se encendió en lo más alto del escudo del amado Atlético. Fue un alumbramiento compartido: uno de carne y sangre; el otro, de historia y fútbol. ¡Ambos con el mismo fulgor!

Sí, esa noche los Búcaros bordaron por fin su primera estrella en el escudo; y esta pareja de jóvenes, natural de Florián, bordó su hogar con dos lindas criaturas, a quienes bautizaron así: Diego Alejandro y Jhoseth David. Fueron dos tiempos simultáneos: el de los nuevos ídolos del estadio y el de dos pequeños que llegaron con estrella, como si el destino hubiera querido que compartieran la fecha exacta de la consagración del Bucaramanga.

Los bellos gemelitos viven en Florián, Santander, junto a sus padres.
Los bellos gemelitos viven en Florián, Santander, junto a sus padres.

Hay noches que no se olvidan, y la de aquel 15 de junio parió esperanza por donde se le mire. Hoy, con el corazón pleno de gratitud, les deseamos un feliz cumpleaños a los pequeños Diego Alejandro y Jhoseth David, quienes llegaron al mundo en una noche de milagro y vida; y también a los búcaros de aquella gesta inolvidable, así como a cada hincha que vibró con el alma.

Que la luz de esa victoria, un año después, siga encendiendo los sueños de la ciudad y del bello hogar de nuestros gemelitos.

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