Jacobo Alberto Álvarez Lastra es, por amplia ventaja, el pastelero más reconocido de Bucaramanga y del país. En su recorrido empresarial ha logrado la expansión de su marca y un legado para Santander.
Esta semana se conoció el anuncio de la liquidación judicial de Don Jacobo, una emblemática marca santandereana que ha llegado a los hogares del país. Puede interesarle: “No es el fin de La Genovesa”: Jacobo Álvarez rompe el silencio tras la liquidación de sociedad
A principios de 2025, Vanguardia habló con Jacobo Alberto Álvarez Lastra, el dueño del establecimiento, para ahondar en su historia y la de la famosa genovesa.
Don Jacobo ha endulzado los cumpleaños de miles de personas en el país con sus tortas de genovesa. Este visionario santandereano le ha puesto su toque a un sinfín de historias, gracias a un postre que transformó la manera de celebrar las fechas especiales.
El propietario de Don Jacobo, una de las cadenas de pastelerías más reconocidas, tiene sello santandereano y una visión de expansión que perduró por 40 años. La receta de su historia tiene una gran dosis de legado familiar.
Jacobo es bumangués, abogado de profesión y un estudioso de la repostería.
Los inicios de Don Jacobo
En el barrio San Francisco se esconde gran parte del secreto de éxito para este visionario santandereano de 63 años. La receta tiene varios ingredientes que no se agotan en la despensa de sus sueños.
Una infancia feliz junto a una familia trabajadora, ese es el principal recuerdo que tiene este empresario bumangués sobre sus días al lado de sus padres y abuelos. Otras noticias: “No es el fin de La Genovesa”: Jacobo Álvarez rompe el silencio tras la liquidación de sociedad
Sus recuerdos están divididos entre los hogares de sus abuelos maternos y paternos. De doña Luisa Gómez, abuela materna, Jacobo tiene presente su empuje para sacar adelante un hogar de 11 hijos. De sus recuerdos se desprende una frase con la que sintetiza ese gusto por la gastronomía: “cocinaba delicioso”. En esa casa funcionaba el taller de carpintería de su abuelo Pedro, de quien aprendió la importancia de los detalles y la pulcritud en sus labores.
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Para Jacobo, las grandes lecciones y el amor a la cocina tienen como raíz las enseñanzas de Fanny Lastra Gómez, su madre, una matrona santandereana “con todas las letras”. Como una mujer lúcida, moderna y emprendedora, así define Jacobo a su madre, de quien heredó recetas para los postres y ponqués que representaron los principios de una carrera empresarial. Lea también: Las ventas corren por las venas: Isnardo Guarín, Espumas Santander
De la famosa ‘Casa del Ponqué’, negocio que era liderado por Fanny, Jacobo aprendió los detalles de este oficio y empezó a batir tortas. Era apenas un niño que tenía afán por aprender y crecer.
“Mamá nos dio esa capacidad de ser tenaces, emprendedores y resilientes”, admite Jacobo con orgullo.
Durante su adolescencia, Jacobo recuerda con aprecio su faceta como ‘Boy Scout’. Sin titubeos, considera que aprendió varias cosas de ese paso: valores, actitud para estar listo y liderazgo.

Un garaje, el lugar en el que se cocinó un sueño
La empresa Don Jacobo tiene en sus entrañas un negocio de garaje. Aunque muchos recuerdan Postres y Ponqués como la génesis, Jacobo tiene especial cariño por ese negocio que bautizó ‘Postres’ en el barrio San Francisco de Bucaramanga. Eran principios de los años 80 y el sueño de su negocio tuvo que posponerse mientras iba a la universidad de la que se graduó como abogado.
Al poco tiempo, el 13 de diciembre de 1986, “salió del horno la empresa Postres y Ponqués”, piedra angular de lo que hoy se conoce como Don Jacobo y que se extendió a las principales ciudades del país, así como a los diferentes rincones del área metropolitana de Bucaramanga.
Su camino no se detuvo ahí, en 2011 terminó sus estudios de pastelería en Argentina. Tras varias consultas, se inclinó por usar ‘Don Jacobo’ como imán de un pastelero y desde entonces se afianzó la marca asociada al personaje que encarna.
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Un viaje esclarecedor
Recorrer el mundo es una de las actividades preferidas por Jacobo. Un viaje esclarecedor fue el que tuvo en México, en los años 90. Sin llegar a imaginarlo, partió su historia empresarial en dos.
En los recorridos por una feria empresarial en ese país, Jacobo conoció la torta tres leches. El producto se robó su atención por sus características. Sabía que algo similar podría funcionar en Colombia.
“Sentí que había una revelación. Vi ese producto y quedé totalmente hipnotizado”, recuerda Jacobo. Este visionario santandereano empezó a modificarlo hasta encontrar su creación más célebre: la genovesa. Puede interesarle: La receta del triunfo empresarial de Rafael Mendoza lleva templanza
Pero la tarea no fue fácil. Jacobo recuerda que durante cinco años tuvo que esmerarse y esperar la aceptación del público.
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“Me di cuenta que había una oportunidad de negocio. No inventé el tres leches, creé la genovesa. El gran esfuerzo que hicimos fue lograrlo en un mercado que no estaba acostumbrado a comer productos con esa textura y sensación”, explica.
“La genovesa es un producto que llegó al corazón, paladar y cerebro. Son casi tres generaciones que cuando piensan en celebrar buscan la genovesa. Sabemos que lo que hay detrás es algo más que una historia, son miles de historias”, sostiene Jacobo, orgulloso de su producto.
















