Roberto Pablo Janiot Oslé fue un futbolista y empresario que dejó huella en Santander. Es reconocido como un visionario que sembró un legado que pisa fuerte en el sector gastronómico de Bucaramanga.

El nombre de Roberto Pablo Janiot Oslé no solo se escribió en los libros de historia del Atlético Bucaramanga, también tiene un aparte especial en las páginas de una ciudad en la que se mantiene su legado.
La historia familiar, con su esposa Zunilda Martirena de Janiot y sus hijos Ángela Patricia y Roberto Pablo Janiot Martirena, es un ejemplo para la ciudad. Lea también: El sello de la excelencia: la historia de Ernesto Serrano Pinto, un visionario de Santander
Además de su trayectoria como futbolista, Janiot Oslé dejó un hito empresarial en el corazón de los bumangueses. El icónico restaurante La Carreta tiene el sello de un visionario que, a la par del deporte, sembró un camino que se afianza con el paso de los años.

Proveniente de Argentina, Janiot Oslé llegó a la ciudad en 1956 para jugar en el Atlético Bucaramanga. Fue contratado por Rafael Pérez Martínez, entonces presidente del club y fundador de Terpel.
Además de su trayectoria como futbolista, Janiot Oslé marcó un hito empresarial en el corazón de los bumangueses. El icónico restaurante La Carreta lleva el sello de su visión, consolidándose como un referente gastronómico a lo largo de los años. Puede interesarle: El pulso de la experiencia: la historia de Pastor Julio Delgado Hernández, un visionario del comercio
En 1963, el restaurante se trasladó a su sede actual en la carrera 27 con calle 42. Esta no solo se convertiría en la casa de La Carreta, sino también en el hogar donde creció la familia Janiot Martirena. El imponente árbol de mango que se erige en la mitad del establecimiento es el corazón de este sitio icónico para los bumangueses.
Una vida familiar
Uno de los recuerdos más importantes para Ángela Patricia junto a su padre está ligado a la hora del almuerzo. Todos debían acudir a la mesa 20. “Él siempre insistía en que teníamos que estar siempre juntos”, recuerda Ángela Patricia, la primera periodista colombiana en llegar a la franja estelar de la cadena de noticias estadounidense CNN.
Roberto recuerda que en 1964 cuando su padre fue a renovar el contrato con el equipo, un directivo sugirió que debían rebajarle el sueldo. Aprovechando que le iba bien en el restaurante, le sugirieron que siguiera jugando al fútbol pero por menos dinero. Puede interesarle: Un implante para el alma: la historia de Juan Diego Restrepo, un visionario de Santander
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“Mi viejo tomó la decisión de no jugar más y se dedicó a los negocios”, recuerda su hijo Roberto Pablo.
Desde que el restaurante llegó a su sede actual, se convirtió en la cuna de los recuerdos familiares. “Aquí se desarrolló toda nuestra infancia”, resume Roberto Pablo.

Ángela Patricia evoca las conversaciones cercanas y extensas que siempre les brindaba su padre. Sin abandonar el rigor que forja carácter, lo describe como un padre amoroso que estaba siempre al tanto de todo.
“Era como un director técnico. Nos dio mucho, mucho amor. Siempre estuvo muy pendiente”, apunta. Lea también: Bernardo Serrano Gómez, un visionario santandereano que dejó semilla para rato
Cuando Roberto Pablo tenía nueve años, vivió uno de los momentos más memorables de su vida. Su padre lo llamó a una mesa con las palabras: “Vení para acá. Vas a escuchar este disco”.
Era 1969. Piero, el cantautor argentino, estrenaba su primer álbum. En el restaurante, Janiot Oslé pidió la canción “Mi viejo” y le dijo a su hijo: “Espero que algún día me la dediques”.
La promesa se cumplió. En el cumpleaños 80 de Janiot Oslé, su hijo consiguió que Piero grabara un video exclusivo con la dedicatoria especial.
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Fortaleza mental
La perspicacia empresarial de Janiot Oslé no se limitó al restaurante: creó discotecas y mantuvo la premisa de escuchar siempre a los clientes.
Su hija lo recuerda como alguien que siempre tenía en mente su próximo proyecto: ampliar, decorar, cambiar y mejorar estaban en el radar de este visionario. En últimas, hacía las veces de arquitecto y se involucraba de lleno en cada obra o remodelación.
“Mi papá siempre veía el vaso medio lleno”, detalla Ángela Patricia. Al pensar en su padre recuerda que si llegaba a contarle un problema o necesitaba un consejo, él solo necesitaba de tres minutos para desbaratar el argumento y contagiar de felicidad. Su fortaleza mental era envidiable. Puede interesarle:El coraje de ser santandereano: Álvaro Beltrán Pinzón
Roberto Pablo tiene grabada en su memoria una premisa con la que su padre vivió y les transmitió por años: “vinimos a esta vida a ser felices”.
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En ese camino diario, les recordaba que, aunque en la vida se atraviesen tormentas, siempre se puede salir adelante.
“Acostúmbrate, siempre vas a tener problemas. Siempre solucionas uno, después solucionas otro, y siempre vienen más”, dice Roberto Pablo sobre los consejos de su padre. Puede interesarle:Rafael Marín Valencia, el gran constructor de Santander
Janiot Oslé murió en febrero de 2015 y estuvo al frente del negocio hasta sus últimos días. Un visionario que creyó y aplicó la premisa de que la familia es lo primero.
















