Fue Gobernador de Santander, rector de la UIS y constructor de obras como el viaducto La Flora y Plaza Mayor en la ciudadela Real de Minas. Instauró íconos como el himno y promovió la bandera del departamento.
Con el aroma a miel, panela y cañaduzales al fragor del día, Álvaro Beltrán Pinzón creció en las bravas tierras de Güepsa, al sur de Santander.
De pequeño estudió en Tunja, Boyacá, y obtuvo el título de bachiller. Siempre estuvo cerca al campo. Aprendió, de primera mano, que el compromiso y carácter forjan el futuro. Por culpa de la violencia partidista terminó en San Vicente de Chucurí junto a su familia.
Al terminar el colegio empezó a estudiar en la Universidad Industrial de Santander, UIS. Hizo parte de la primera promoción de Ingeniería Civil. Es un constructor de obras que marcaron la pauta del crecimiento de la ciudad y un actor político liberal que implementó varios símbolos de la santandereanidad. Puede interesarle: La fortuna de crear un hogar: Gerardo Dávila, visionario del sector inmobiliario de Bucaramanga

Disfruta de la música en todos sus géneros. Guarda una especial deferencia por las tertulias de música colombiana con sus amigos. Le han dedicado un par de canciones: Tertuliando en Lisboa y La Zafra.
Es uno de los pocos santandereanos que se da el lujo de haber sido Gobernador de Santander y rector de la UIS. La Alcaldía de Bucaramanga le fue esquiva.
“Alo, ¿Gobernador?”
Año 1986. Agosto entraba a su última semana. El presidente liberal, Virgilio Barco Vargas, aún no había nombrado al Gobernador de Santander. Eran los tiempos en los que el Presidente designaba gobernadores y este era el único departamento en el que aún no se conocía el encargado. Lea también: Óscar Pinzón: un visionario tras bambalinas
Era sábado 30 de agosto, Beltrán Pinzón descansaba en su casa, en el barrio Sotomayor. Escuchaba la radio con la tranquilidad del fin de semana y sin el agite del trabajo.
“Atención. Santander tiene nuevo gobernador: Álvaro Beltrán”, decía el mensaje en la radio. Aunque no conocía homónimos que le pudieran arrebetar la alegría, Álvaro dudó al no escuchar su segundo apellido.
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Empezó a recibir llamadas en cascada. Una a una las atendía y ya después de la tercera aceptó con gozo su nuevo cargo. Aunque sí le había entregado su hoja de vida a los emisarios de Barco, no creía que fuese posible.
Eran varios grupos políticos liberales detrás de ese cargo. Según el analista político Gerardo Martínez, Beltrán Pinzón estaba más alineado con la Confederación Liberal de Santander, pero lo distinguía un aspecto técnico. Al igual que el Presidente Barco, Beltrán Pinzón era un ingeniero con formación académica en Estados Unidos.
En la tarde, salió a recibir la serenata que el coro de la UIS le ofreció por su nombramiento.

La inquietud le quedó sembrada hasta el lunes, día en el que pudo llamar al Ministerio de Gobierno (hoy Interior) para confirmar una cita y oficializar el anuncio. “Me hice Gobernador sin saber a qué horas”, confiesa Beltrán con una tímida sonrisa.
De este capítulo en su vida política tiene varias satisfacciones, pero si hay una que conserva con especial cariño es el legado de instaurar el himno de Santander, escrito por Pablo Rueda Arciniegas y con música de Jesús Pinzón Urrea.
Algo estremece a este santandereano cuando escucha en cualquier acto público el himno del departamento. La alegría va hasta el borde. “Se logró la identidad santandereana con el himno”, resume Beltrán, quien además promovió la bandera.
En su periodo como Gobernador Beltrán Pinzón aprendió a escuchar a sus paisanos que tenían problemas con acueductos, alcantarillados y vías. Puede interesarle: Rafael Marín Valencia, el gran constructor de Santander
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De ahí su programa de acción social denominado “Pas”, con el que incentivó la cobertura de alcantarillados, acueductos, vías veredales y puestos de salud en todos los municipios del departamento. “No había municipio que no tuviese una obra de ese programa”, recuerda el ingeniero.
Gracias a su gestión ante Ecopetrol, la estatal petrolera le anticipó el giro de las regalías al departamento, lo que le dio flujo de caja a esas inversiones.
Eran tiempos convulsos y de tareas pendientes con miles de habitantes que, en diferentes provincias, salían a paros, protestas y marchas. Allí entendió que no solo las obras y el frío del cemento solucionan los problemas de la gente: aprendió a escuchar y sensibilizarse.
Recuerda aquella vez que llegó al corregimiento de Yarima. Estaba recién posesionado y los habitantes salieron a marchar para pedir algunas obras. Para acabar con los bloqueos, Beltrán Pinzón aceptó las peticiones de la comunidad. “Les doy mi palabra”, dijo. Pese a su compromiso, la manifestación no cesaba. No sabía qué hacer. Uno de los líderes se acercó y le explicó que defendían el derecho a que los escucharan. A partir de entonces, se tomó el tiempo necesario para dialogar y abordar cada protesta. Puede interesarle: El ‘reflejo’ del compromiso empresarial: la historia de Andrés Novoa, presidente de Ventanar
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Cuando estuvo al frente del departamento, la región afrontaba problemas de violencia, incursiones guerrilleras y el afincamiento de grupos paramilitares.
La muerte de los líderes de la Unión Patriótica azotaba el Magdalena Medio.
Un reto mayor
Su carrera como ingeniero ha tenido todo tipo de retos. A los pocos años de su graduación, Beltrán Pinzón forjó su propia compañía. Pronto vendrían obras icónicas para el área metropolitana de Bucaramanga y su palmarés.
Una de las obras más importantes en el desarrollo de Bucaramanga tiene su sello. Foco de varias postales de la capital santandereana, Beltrán Pinzón fue uno de los responsables de la construcción de Plaza Mayor en la ciudadela Real de Minas, ese conjunto residencial que se distingue por su geometría y diseño. Era una nueva forma de ver la ciudad y proyectar el urbanismo. Lea también: El aroma que mueve una región: Oswaldo Acevedo, desarrollador de Café Mesa de los Santos
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El viaducto Armando Puyana Puyana, más conocido como La Flora, por el que a diario pasan miles de vehículos entre Bucaramanga y Floridablanca, tiene la impronta de Beltrán Pinzón.
Fue el constructor de esa megaobra que tiene una extensión superior a los 310 metros y una altura de 50 metros, para sobrepasar la quebrada La Iglesia.

Como empresario aguantó la crisis de finales de los años 90 y principios de milenio, en el que los altos intereses, la inflación y el mal momento del sector vivienda ahogaron a la industria.
Su compañía también tuvo a cargo la construcción del auditorio Luis A. Calvo de la UIS, escenario principal para eventos y graduaciones en esa universidad.
Una puerta a la sabiduría
Años después, en 2003, Beltrán Pinzón fue designado como rector por el Consejo Superior de la UIS. El llamado lo tomó por sorpresa.
Eran tiempos apretados para esa institución en lo financiero.
El día de la consulta a la comunidad, Beltrán Pinzón tomó un vuelo para Bogotá sin mayores esperanzas de triunfo. Había planteado su nombre ante la comunidad educativa. A eso de las 7:00 p.m. una profesora llamó a notificarlo de su triunfo en la consulta. A la semana siguiente, el Consejo Superior aceptó su nombramiento. Puede interesarle: El pulso de la experiencia: la historia de Pastor Julio Delgado Hernández, un visionario del comercio
En esos años, Beltrán Pinzón tuvo varios retos. Uno de sus legados fue el trámite de un artículo en una ley de presupuesto general de la Nación que le permitió a la universidad salir del “atolladero” financiero.
La universidad vivía un momento de expansión a otras sedes, pero ante el bajo presupuesto, asignado por la Ley 30, los recursos se acababan en julio o agosto de cada año. Profesores y servidores tenían que esperar al siguiente periodo, con el presupuesto nuevo que llegaba en febrero, para que les pagaran el saldo.
“Me reuní con el 80% de los senadores y representantes, les expuse el caso y los convencí de que había que salvar la UIS”, admite Beltrán Pinzón. Una adición a la base presupuestal le dio oxígeno a las cuentas de ese centro universitario.
Otro de sus legados quedó inamovible en la entrada de la sede principal de la UIS.
En su administración se erigió la escultura “Lección de Geometría” de Eduardo Ramírez Villamizar. Según los griegos la geometría es la puerta de ingreso a la sabiduría. Lea también: Eduardo Pilonieta Pinilla, el abogado patronalista de Santander
Con tono serio y de trato amable, Beltrán Pinzón recuerda decenas de momentos en su vida pública que no solo trascendieron en su día a día, sino que cambiaron la forma de ver a Santander. Sin dar paso atrás, Beltrán sabe que es necesario tener el coraje por estandarte.

El aspecto humano no hay que dejarlo de lado, es el fundamental y es el que debe regir nuestras acciones

Un visionario aconseja
Autenticidad: hay que ser siempre auténtico. Abrirse a la modernidad, pero nunca perder sus raíces.
Soñar: no hay que dejar de soñar y desafiarse. Siempre se deben tener propósitos, no puede llegar el día en que uno no tenga sueños.
El cambio es lo único permanente en la vida. Lo que siempre existe. Entonces hay que abrazarlo y avanzar con él.
Alianzas: hay que construir posibilidades de asociación, pero lo que nunca nunca se puede perder es la dignidad
Innovación: la tecnología es una herramienta, pero la innovación realmente es propia de la humanidad












