Pastor Julio Delgado Hernández es un empresario santandereano con una larga trayectoria y dominio en el mercado mayorista. Su historia comienza en la Bucaramanga de los años 40, cuando empezó a vender panela.

A Pastor Julio Delgado Hernández se le forma una sonrisa indeleble cuando habla de su familia. Rondando los 91 años, este empresario santandereano tiene claro que su trayectoria como comerciante está llena de momentos en los que el apoyo de sus allegados ha sido crucial.
“No hay nada más hermoso que la lealtad”, apunta este visionario santandereano con larga trayectoria y reconocimiento en las ventas mayoristas, la distribución y el comercio del país.
Aunque Pastor Julio nació en la vereda San Benito, en Lebrija, una enfermedad lo aquejó a los pocos meses de nacido. Esa calamidad hizo que su madre, doña María Hernández, viniera a Bucaramanga. Lea también: El ‘reflejo’ del compromiso empresarial: la historia de Andrés Novoa, presidente de Ventanar

Una vez se acostumbraron al ritmo de la ciudad, María no quiso regresar al campo y terminó de convencer a su esposo, don Julio Delgado para que la familia creciera en la capital santandereana.
Pastor Julio era el cuarto de 11 hijos de esa unión familiar, que creció en las calles del barrio Chapinero. Para entonces, Bucaramanga empezaba a tomar forma en su desarrollo urbano, con una población que no pasaba de los 44.000 habitantes. En esa época Bucaramanga solo tenía ocho iglesias y 12 parques. Lea también: Rafael Marín Valencia, el gran constructor de Santander

A principios de los años 40, la ciudad empezaba a ver obras como el estadio Alfonso López (hoy Américo Montanini), el Hotel Bucarica y la extensión del alcantarillado y más calles pavimentadas, todo en el marco de los Juegos Nacionales de 1941.
Pastor Julio fue a la escuela y cursó hasta el cuarto grado. “No había para más”, resume sobre las necesidades de la época.
A temprana edad y ante las dificultades del hogar, Pastor Julio comenzó a trabajar. Antes de cumplir los 14 años aprendió el oficio de zapatero. Sin embargo, no estuvo de acuerdo con el estilo de vida que por entonces tenían algunos colegas y buscó otros quehaceres. Puede interesarle: El aroma que mueve una región: Oswaldo Acevedo, desarrollador de Café Mesa de los Santos
Publicidad
Por un tiempo fue mensajero en la Gobernación de Santander. Al regresar de unas vacaciones y sin mayores explicaciones, le entregaron un sobre con su liquidación y una carta en la que reconocían sus cualidades. Lejos de amilanarse, se fue a buscar a doña María y le consultó qué podía hacer con el dinero. “Póngase a vender panela”, le dijo su madre. El consejo le cambió la vida.
“Fue como si un bombillo me hubiera iluminado la cabeza y yo no mostré mucha ambición, pero dije: ‘Sí’”. Tenía 17 años

Sin mayor reproche, Pastor Julio compró el puesto para comercializar panela. Los $4,50 de la liquidación alcanzaron para surtir y empezar a despuntar en ventas. En las jornadas de trabajo en la Plaza Central conoció a Graciela Duarte (q.e.p.d.), su esposa. La vida les cambió.

Luego de miradas que iban y venían, Pastor Julio y Graciela se enamoraron. Vivieron una historia de amor que superó los 67 años y en la que crecieron cuatro hijos: Martha, Yolanda, Julio Javier y Jorge Enrique Delgado Duarte. Puede interesarle: Iluminar el camino empresarial: la historia de Gonzalo Jaimes Muñoz
Siempre que la recuerda, Pastor Julio habla con admiración de “Chelita”, como le decía afectuosamente por su pujanza, temple y capacidad para los negocios y el hogar. “Ella me enseñó a trabajar”, reconoce Pastor Julio.

De la venta de panela pasó a tener un toldo, como su suegro, en el que vendía arroz, harina y granos por libras.
El siguiente paso en su trayectoria fue la compra del Granero Oriental. Con el ahorro de varios años y la venta de una casa, Pastor Julio logró adquirir la mitad de ese negocio, anclado en el centro de Bucaramanga. Puede interesarle: El ‘arte’ de los números todo lo envuelve: la historia de Efraín Saavedra Hernández, gerente de Maicito
Publicidad
Al darse cuenta que desde diferentes tiendas de la ciudad y los municipios aledaños llegaban al granero para surtir sus negocios, Pastor Julio se la jugó por comprar un furgón para repartir la mercancía en varios municipios de Santander. De esa manera comenzó Distribuciones Pastor Julio Delgado, una compañía con más de 53 años de trayectoria que cruzó las fronteras del área metropolitana para llegar a departamentos como Norte de Santander, Arauca, Cesar, Boyacá entre otros.
Retirado de los negocios, Pastor Julio dedica sus días a la lectura. Se siente pleno y siempre evoca recuerdos familiares.

Aún retumba en sus oídos aquella vez que le dijo a su hermano Hernando que se consideraba “de buena suerte” para los negocios. “Entonces váyase a dormir que allá le llega”, le dijo Hernando en tono jocoso. La respuesta lo dejó en silencio.
Si bien se considera un hombre afortunado en sus decisiones y compromisos, Pastor Julio reconoce que siempre hay algo de capricho y voluntad para lograr lo que se ha propuesto.
Publicidad
Con un sonrisa sostenida, Pastor Julio ya la conoce ‘el pulso’ a la vida, su familia y negocios. Siempre ha creído en sus capacidades y su empeño por el trabajo.

Los consejos de un Visionario
1. Honradez: habla de la capacidad y profesionalismo de cumplir con lo que se pide.
2. Creer en sí mismo: es importante tener claro cuáles son las capacidades que se tienen. Saber hasta dónde es capaz de llegar.
3. Comportamiento: es importante tener presente las actitudes y comportamiento a su alrededor.
Publicidad
4. Tacto y humanidad: el trato a los demás es muy importante, con los trabajadores no deben existir humillaciones.
5. Cumplir los compromisos: es importante tener presentes los compromisos. Se debe ser leal a la palabra.












