Esta es la historia de Andrés Novoa Pineda, un visionario santandereano que preside Ventanar, una de las compañías más importantes del sector de ingeniería de fachadas y ventanería en el país. Su trayectoria está llena de templanza, caballos, el Atlético Bucaramanga y una pizca de suerte.

Era 14 de enero de 1999. Andrés Novoa Pineda, presidente de Ventanar, descansaba en familia y recibía el año con sus seres queridos en un apartamento del barrio Cabecera.
A las 9:55 p.m., una explosión sacudió a Bucaramanga. En el cielo se formó una estela de humo. Novoa se dedicaba a la industria de la ventanería y conocía de primera mano los estragos de los atentados en el área metropolitana por parte de grupos armados ilegales. Este último era una prueba fehaciente de que la seguridad estaba deteriorada.
Tras el estruendo, salió al balcón y fijó su mirada en la zona de la explosión. Por sus cálculos, estimó que el ataque había sido sobre la carrera 17 con calle 56. Estaba cerca, pero había fallado.
Minutos después sonó el teléfono de su casa. Era un trabajador de su empresa que vivía en el sector. “Don Andrés, atacaron el negocio”, fueron las palabras que escuchó del otro lado de la línea.
Novoa recuerda que bajó en su carro hasta la compañía y, lejos de sentir miedo, entró, vio los vidrios esparcidos por el suelo y se preguntaba por qué a ellos. Consideraba que Ventanar era una compañía “muy pequeña” como para ser blanco de ataques terroristas. Lea también: El ‘arte’ de los números todo lo envuelve: la historia de Efraín Saavedra Hernández, gerente de Maicito

Aún tiene presente la imagen de un candado robusto que quedó incrustado en las cortinas de aluminio que protegían el local, en la calle 55 con carrera 16, en el barrio Gómez Niño. Pensó que todo había terminado. Más de 20 años de trayectoria empresarial se vieron amenazados.
Entonces recibió la llamada de uno de sus mejores amigos, un reconocido empresario de la construcción. Con un par de palabras lo animó a volver. “Mire hasta dónde ha llegado”, fueron las palabras que lo alentaron a seguir. Puede interesarle: Las ventas corren por las venas: Isnardo Guarín, Espumas Santander
Un cuarto de siglo después del ataque, sentado en su oficina en Girón, Novoa recuerda que después de ese momento vino un crecimiento inusitado para su empresa: saltó al mercado de Bogotá, lo que lo posicionó como uno de los empresarios más relevantes del sector en el país.
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Ante la crisis de seguridad que padecía Bucaramanga, Novoa se fue a recorrer proyectos y obras de la capital del país. Con un maletín y toda la actitud para retomar, buscaba que los contratistas le recibieran su portafolio para entrar en algún proyecto.
Hasta que llegó el día. Frente a las obras del Hospital de Engativá, recuerda Novoa, se detuvo para hablar con uno de ellos. Inicialmente, el vigilante de la obra no lo dejó pasar, pero minutos después apareció un vehículo lujoso. El ocupante bajó el vidrio y lo reconoció. Era del ingeniero santandereano Felipe Ardila, quien lo saludó. Novoa se subió al carro y le presentó sus cotizaciones.
Tras un largo proceso, el contratista lo seleccionó como proveedor para la ventanería y fachada del centro médico. En adelante, los grandes proyectos fluyeron y tuvo que abrir sede en Bogotá. “El destino me ayudó. A veces, hay que tener suerte y que aparezca la Virgen”, admite sonriente. Lea también: Rafael Marín Valencia, el gran constructor de Santander

Dos décadas después, repasa las fachadas en vidrio y ventanería que han realizado para universidades, centros médicos, edificios de lujo, centros empresariales, entre otros. Su compañía es una de las líderes en el sector
Al salir de su oficina, Novoa recorre las instalaciones de Ventanar. Se detiene unos segundos y observa 6.000 de los 18.000 metros cuadrados de la sede.
No muy lejos están los recuerdos de las reuniones con dos socios y amigos más, cuando comenzaron las operaciones en marzo de 1980. “Éramos más socios ‘inversionistas’ que socios trabajadores”, admite entre risas. Ahora genera más de 450 empleos directos y hace tiempo pasó las fronteras del mercado internacional.

La templanza
De estilo desenfadado y sin cortapisas, este santandereano es un fervoroso creyente del departamento. Novoa admite que la franqueza de sus habitantes es una de las características más notables.
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“Tenemos una región bendecida por el tipo de gente que vive aquí”, sentencia. Puede interesarle: Mauricio Osorio de Crezcamos: La historia de un emprendedor que abraza la dificultad
Como pocos, reconoce el valor del compromiso y la calidad en sus labores. Son valores que este empresario tiene presente y que, bajo ninguna circunstancia, negocia.

La pertenencia es clave: cuando uno se compromete hay que seguir, así existan malos momentos

Sus inicios
Nacido en El Socorro en 1952, Novoa es ingeniero industrial de la Universidad Distrital. Se considera un regionalista de pura cepa, amante de los caballos e hincha furibundo del Atlético Bucaramanga.
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Todos los años, junto a otros amigos, Novoa visita las ferias de Santander para participar en las cabalgatas. Un rincón de su oficina delata sus pasiones: varios bustos de caballos y algunos recuerdos del equipo Leopardo copan uno de los estantes del escritorio de su oficina.

Uno de los días más felices para Novoa fue el 15 de junio de 2024. Su equipo del alma, el Atlético Bucaramanga, conseguía su primera estrella tras 75 años de historia.
No es un hincha celoso con las nuevas generaciones o aquellos aficionados que llegaron ‘al bus de la victoria’. Lo que importa es la unión, dice. Ahora, alista maletas para seguir a su equipo por el continente en la Copa Libertadores 2025, como lo hizo hace 27 años.

Los consejos de Visionario
1. Crecimiento es gradual: en cualquier aspecto de la vida es trascendental tener compromiso, pero hay que entender que el crecimiento es gradual. Que los socios de la empresa lleguen con la disposición de trabajar ‘hombro a hombro’.
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2. Prudencia con el endeudamiento: hay que pensar cómo se asumen las deudas y hasta dónde se pueden comprometer. Aunque es necesario, hay que equilibrar
3. Cercanía con su gente: tanto en el mundo empresarial como en la vida, el compromiso de las personas es fundamental. No todo depende del capital económico o la maquinaria. Se debe valorar el personal humano.
4. Actualización e innovación: es necesario mantenerse a la vanguardia, no se puede limitar a lo que ya se sabe. Es necesario renovar y aprender nuevas cosas.














