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Lunes 26 de mayo de 2025 - 10:31 AM

Un implante para el alma: la historia de Juan Diego Restrepo, un visionario de Santander

Juan Diego Restrepo Agudelo es un visionario del sector salud y del material quirúrgico. Supo reponerse ante los tropiezos. Es uno de los empresarios del sector con mayor reconocimiento a nivel nacional.

Juan Diego Restrepo Agudelo tiene en la mira el mercado internacional para sus productos de ortopedia quirúrgica y rehabilitación. | Marco Valencia / VANGUARDIA
Juan Diego Restrepo Agudelo tiene en la mira el mercado internacional para sus productos de ortopedia quirúrgica y rehabilitación. | Marco Valencia / VANGUARDIA

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Publicado por: Redacción L R

La vida de Juan Diego Restrepo Agudelo ha estado marcada por una capacidad para recomponerse ante la adversidad. A los pocos años de empezar su carrera tuvo un fracaso estrepitoso del que se repuso.

Con el pulso propio de un santandereano, Juan Diego y su familia levantaron a pulso un legado empresarial en el sector de materiales quirúrgicos y la fabricación de productos ortopédicos.

Es el fundador de la empresa Lineas Hospitalarias, una compañía que distribuye insumos quirúrgicos en todo el país. Lea también: Bernardo Serrano Gómez, un visionario santandereano que dejó semilla para rato

Juan Diego es un visionario que le imprime pasión a su labor y que conserva un rasgo poco usual: trabajar, cuando el caso lo amerita, codo a codo con sus empleados. Su familia es crucial en el camino de hacer empresa.

Nació en Bucaramanga en 1958 y desde pequeño se acostumbró a trabajar al lado de su padre, Herman Restrepo Obando, quien era visitador médico de una compañía alemana de medicamentos.

Juan Diego Restrepo Agudelo tiene en la mira el mercado internacional para sus productos de ortopedia quirúrgica y rehabilitación. | Marco Valencia / VANGUARDIA
Juan Diego Restrepo Agudelo tiene en la mira el mercado internacional para sus productos de ortopedia quirúrgica y rehabilitación. | Marco Valencia / VANGUARDIA

A los 13 años, Juan Diego apoyaba, como mensajero, los oficios de su padre. Acumuló experiencia en ese sector y empezó dar sus primeros pasos en la misma labor de don Herman. Desde los 19 años hasta los 23, Juan Diego fue visitador médico y, sin saberlo, empezó a formarse en un oficio que lo acompaña actualmente. Puede interesarle: La fortuna de sembrar y cosechar: Natanael Abril Blanco, un visionario de Santander

Después de trabajar por años en la misma compañía con su padre, Juan Diego se independizó. El lazo comercial se mantuvo y Juan Diego vendía insumos médicos en hospitales y droguerías del departamento. También lo intentó con otros negocios: tuvo panadería, lavadero de carros y hasta un restaurante.

En el sector de los insumos médicos se acercó a Ecopetrol y tuvo contratos con la estatal petrolera.

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Juan Diego Restrepo Agudelo, empresario santandereano

Cuando todo parecía encaminado para una carrera promisoria vino la debacle. Había logrado un gran contrato para suministrar muebles hospitalarios. Empezó a montar la fábrica y alistar todo para la producción. En un abrir y cerrar de ojos, se fue todo lo que le llevó años construir.

“Ese señor se llevó todo y quedé lleno de deudas”, recuerda Juan Diego sobre ese fracaso. Tenía apenas 28 años y el mundo se le venía encima. Lea también: Mano firme para ayudar: Alberto Alarcón French, un visionario de Santander

Para ese momento, Juan Diego ya se había casado con Elsa Carvajal en 1984. Fruto de esa unión surgieron María Lucía, Federico y Santiago.

No tenía cómo pagar las cuentas y, según él, le debía a “medio mundo”. Sin chance de recuperar el dinero, Juan Diego volvió al bachillerato. Aunque se había graduado a los 19 años, ya su prueba de estado había perdido vigencia. Por ese motivo volvió a estudiar y se graduó como mecánico industrial del Colegio Salesiano.

Tres años después, intentó retomar el rumbo. Aprendió el oficio de afilar tijeras e instrumentos quirúrgicos y su trabajo comenzó a popularizarse. Puede interesarle: El coraje de ser santandereano: Álvaro Beltrán Pinzón

“Me dediqué a afilar las tijeras de todos los hospitales del país”, recuerda Juan Diego sobre esos primeros años.

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Con lo que iba ganando, Juan Diego empezó a saldar cuentas y las puertas volvieron a abrirse. Recorría varias regiones del país para cumplir con ese oficio. En ese camino se encontró en Barranquilla con un cliente al que tan solo 15 días atrás le había cancelado la deuda.

Juan Diego Restrepo Agudelo tiene en la mira el mercado internacional para sus productos de ortopedia quirúrgica y rehabilitación. | Marco Valencia / VANGUARDIA
Juan Diego Restrepo Agudelo tiene en la mira el mercado internacional para sus productos de ortopedia quirúrgica y rehabilitación. | Marco Valencia / VANGUARDIA

Tras unas conversaciones, a Juan Diego le permitieron nuevamente la distribución de reemplazos de rodillas y caderas. “La empresa volvió a nacer”, apunta este visionario.

Así renació el sueño empresarial que ha construido esta familia santandereana. Puede interesarle: Óscar Pinzón: un visionario tras bambalinas

Un hijo y una compañía eterna

Federico tiene un apartado especial en la historia de Juan Diego, su familia y la empresa.

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En el baúl de los recuerdos, Juan Diego tiene presente una escena que demuestra la nobleza y empeño de Federico desde niño.

Juan Diego recuerda que su hijo tenía ocho años cuando se acercó caminando a toda prisa con una alcancía. Estaba repleta de monedas que durante meses había ahorrado. Sin dudarlo, se las ofreció. “Aquí está lo que he guardado para que pagues tus deudas”, fueron las palabras que pronunció Federico y que estremecieron a Juan Diego.

De su hijo aprendió una lección valiosa: no postergar las tareas. Dejar todo hecho le ha servido a nivel personal y empresarial. Para Juan Diego no hay mayor satisfacción que irse a dormir con la mente libre de pendientes. Puede interesarle:El pulso de la experiencia: la historia de Pastor Julio Delgado Hernández, un visionario del comercio

Federico le organizó la vida a su padre en los aspectos financiero y empresarial.

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En ese proceso de expansión todo estaba finiquitado para que la empresa tuviese instalaciones más amplias en Girón, establecer nuevas bodegas y una infraestructura moderna. Entonces, ocurrió lo inesperado. Federico perdió la vida en un accidente de tránsito. Antes de su partida, Federico había dejado todo listo: acreditaciones, licencias y certificados.

“Las fábricas las dejó con todos las certificaciones y se fue para el cielo”, dice su padre a 11 años de la partida de Federico.

Ese impulso a la compañía fue crucial. En 2014 generaban 200 empleos, un registro que actualmente es tres veces mayor.

Un par de años antes de ese suceso, Federico insistió en comprar una panadería en el barrio Comuneros. Nadie entendía el objetivo, pero lo apoyaron. Cuando el negocio estaba finiquitado, Federico explicó que él no había comprado el predio por la panadería sino por el lote. Puede interesarle:El aroma que mueve una región: Oswaldo Acevedo, desarrollador de Café Mesa de los Santos

Juan Diego Restrepo Agudelo tiene en la mira el mercado internacional para sus productos de ortopedia quirúrgica y rehabilitación. | Marco Valencia / VANGUARDIA
Juan Diego Restrepo Agudelo tiene en la mira el mercado internacional para sus productos de ortopedia quirúrgica y rehabilitación. | Marco Valencia / VANGUARDIA

“Ahí voy a hacer un edificio y quiero que todos los empleados de la empresa tengan vivienda propia”, recuerda Juan Diego fueron las palabras de su hijo.

El proyecto está en construcción con una caja de compensación del departamento y Juan Diego espera que los empleados de su compañía tengan un auxilio para cumplir el sueño de vivienda que su hijo sembró.

También dejó el legado del Club Deportivo Federico que patrocina el tenis de mesa y la fundación con la que entregan el premio nacional de investigación en ortopedia y mantienen un proyecto de reforestación en Los Santos. Lea también: El ‘reflejo’ del compromiso empresarial: la historia de Andrés Novoa, presidente de Ventanar

El dolor para Juan Diego y su familia se ha apaciguado con la llegada de su nieto. Desde hace cuatro años este visionario y su familia tienen motivos de sobra para seguir creciendo y forjando empresa en Santander.

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Publicado por: Redacción L R

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