Alberto Alarcón French es uno de los empresarios santandereanos que tiene buen pulso para los negocios y una mano caritativa que lo distingue. Esta es su historia de vida.
Banquero, golfista aficionado, inversor en bienes raíces, creador de uno de los concesionarios más importantes de Santander y fundador de los Hogares Crea en Bucaramanga, Alberto Alarcón French lo ha logrado casi todo en la vida.
Este santandereano, de pura cepa, es uno de los personajes más representativos de la cultura empresarial del departamento. Ha acumulado ‘galones’ en el sector automotriz, textil, inmobiliario, financiero y también en las obras de beneficencia.
Uno de los sabores más agradables para Alberto es la huella de la Fundación Hogares Crea en Bucaramanga. Esta es una organización sin fines de lucro que se dedica al tratamiento y la reeducación de personas con problemas de adicción y que se ha expandido desde Puerto Rico hacia diferentes latitudes. Puede interesarle: El coraje de ser santandereano: Álvaro Beltrán Pinzón
A sus 83 años, se mantiene vigente en los negocios. No pierde pista del sector automotriz en el que cada tanto apunta a nuevas inversiones.
Alberto nació el 8 de abril de 1942 en una Bucaramanga que despuntaba en su crecimiento: la población superaba los 52.000 habitantes y rondaba las 7.000 viviendas.
Una vez terminó el bachillerato en el colegio San Pedro Claver, Alberto se fue para Medellín a estudiar administración de empresas en Eafit (Escuela de Administración, Finanzas e Instituto Tecnológico). Al terminar sus estudios, en 1968, se casó con María Hortensia Gómez García. Fruto de esa unión nacieron María José y Alejandra. Lea también: La fortuna de crear un hogar: Gerardo Dávila, visionario del sector inmobiliario de Bucaramanga
La pareja se radicó en México para estudiar en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey. Allí obtuvo su Maestría en Administración de Empresas con énfasis en Mercadeo.
Después de la travesía por México, Alberto llegó a gerenciar la regional en los santanderes de la multinacional Carvajal y Compañía. Años después asumió como gerente de exportaciones para América Latina. Viajaba todas las semanas a un destino diferente. Puede interesarle: Óscar Pinzón: un visionario tras bambalinas
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El sonido de la ilusión
El ruido de los motores no es ajeno para la historia del apellido Alarcón en Bucaramanga.
En 1915, Víctor Manuel Alarcón trajo a la capital santandereana el primer bus. Alberto tiene un retablo con la fotografía en la que se ven varios pasajeros a bordo del bus. “Somos parientes”, dice Alberto sobre su parentesco con Víctor Manuel y luego suelta una sonrisa.
Alberto aún recuerda con claridad la pequeña vitrina con la que empezó Campesa en octubre de 1988.
La historia arrancó en el sector de Cañaveral, en Floridablanca. Apenas cabían los dos carros en exhibición: un Trooper y un Samurai, eran las puntas de lanza para un departamento lleno de trochas y baches. Para guardar los carros tenían que mover los muebles milimétricamente para que todo cupiera.
Uno de sus mayores orgullos empresariales es la consolidación de Campesa, concesionario que distribuye vehículos Chevrolet en el área metropolitana de Bucaramanga y que puntea los mercados de Santander y Norte de Santander. Su hermano Gabriel y el empresario Arturo Blanco fueron los impulsores de ese sueño. Puede interesarle: El pulso de la experiencia: la historia de Pastor Julio Delgado Hernández, un visionario del comercio
Como todos los negocios en la vida, Alberto vio en su escritorio los números rojos en los que todo parecía venir abajo.
Sin pensarlo mucho, levantó el teléfono y pidió respaldo a dos grandes amigos. Alberto reconoce la fortuna de ese apoyo. Rafael Ardila Duarte y Ricardo Caballero le tendieron la mano. Al poco tiempo, la empresa volvió a dar ganancias. Puede interesarle: El aroma que mueve una región: Oswaldo Acevedo, desarrollador de Café Mesa de los Santos
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El éxito no solo está en hacer negocios, sino también en aportar a la construcción de las comunidades

Hogares Crea
En su vida, Alberto ha tenido varios momentos cruciales. Son decisiones puntuales que le cambiaron la vida. Cuando llegaba a sus 40 años, Alberto dejó de lado varias costumbres que lo atormentaron desde joven.
En compañía de María Hortensia planearon la llegada de Hogares Crea a la ciudad. Conocieron la sede que funcionaba en Barranquilla.
Para replicarla tuvieron que buscar una casa. En uno de sus paseos, vieron una gran vivienda vacía. Era de Juan Olarte, quien se había ido para Medellín. Estaba esperando venderla para un proyecto de edificio. Alberto le propuso que mientras conseguía cliente, se la prestara. Se hizo cargo de servicios y mantenimiento del hogar. Así fue como en el barrio Sotomayor se constituyó la primera sede en la que buscaban la rehabilitación de decenas de personas que deambulaban en las drogas.
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En ese lugar, tomaban prestados los muebles de la funeraria San Pedro para realizar las reuniones de la junta. Apenas terminaban los encuentros debían correr con las sillas para regresarlas al lugar.
“No había dónde sentarse: comenzamos con las uñas”, admite sobre los inicios de esta fundación que cumple 40 años en el área. Puede interesarle: El ‘reflejo’ del compromiso empresarial: la historia de Andrés Novoa, presidente de Ventanar
A la par, Alberto era gerente regional del Banco Comercial Antioqueño, una de las entidades financieras más relevantes de la época. En algún momento se cruzaron tres responsabilidades: el concesionario, gerenciar el banco y sacar adelante Hogares Crea.
En tono jocoso, Alberto sabe que sus amigos lo tienen referenciado sobre una de sus preocupaciones más grandes: conseguir, mes a mes, los fondos para que decenas de jóvenes sigan su proceso y cuidado en Crea.
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“Cuando los amigos me ven venir por la acera, toman la otra”, dice Alberto entre risas admitiendo que en su maletín carga bonos, rifas o cualquier otra iniciativa para apoyar a la fundación. Puede interesarle: El ‘arte’ de los números todo lo envuelve: la historia de Efraín Saavedra Hernández, gerente de Maicito
En su oficina, tiene varios álbumes llenos de fotografías sobre Hogares Crea y también de Campesa. Aunque en su corazón guarda especial aprecio por toda su carrera empresarial, se detiene por más tiempo a ver las imágenes de la fundación. Recuerda rostros e historias. Servir le ha cambiado la vida. Él también lo ha hecho con decenas de personas.
“El éxito no solo está en hacer negocios, sino también en aportar a la construcción de las comunidades, no solo como una política de responsabilidad social, sino como un verdadero compromiso de vida”, remata este visionario santandereano. Lea también: Fernando Vargas Mendoza, el ingeniero de los sueños posibles
Los consejos de un Visionario
1. Responsabilidad: “Todos debemos asumir la responsabilidad social de vivir en una comunidad como Bucaramanga y Santander. Si lo hacemos mejorará la calidad de vida”.
2. Respetar las ciudades: Para este visionario es fundamental querer a la ciudad mediante la cultura ciudadana. “Respetemos las ciudades y aprendamos a quererlas; no botar la basura, no estacionar en sitios prohibidos, etc”.
3. Constancia: Este empresario recomienda a los emprendedores y sus empleados tener constancia y perseverancia ante las diferentes situaciones que se les presente.
4. La familia: En su experiencia como empresario y padre de familia, recomienda cuidar del hogar y valorarlo. “Cuidemos la vida familiar que es el pilar de la armonía de todos los seres humanos”.















