Natanael Abril Blanco es un empresario santandereano que pisa fuerte en el sector de los insumos para el campo. Su vocación como trabajador férreo junto a su familia lo han llevado a ganarse, a pulso, el respeto en el gremio.
Publicado por: Redacción L R
Cuando Natanael Abril Blanco recuerda sus inicios como empresario del sector agrícola esboza una sonrisa.
A diferencia de muchos empresarios del sector, Natanael no tuvo una crianza ligada al campo.
Es un citadino que, por accidente y suerte, terminó en el sector de los agroinsumos, en el que se ha erigido uno de los principales referentes para el gremio de Santander. Puede interesarle: Mano firme para ayudar: Alberto Alarcón French, un visionario de Santander

Natanael es un bumangués de 71 años que habla claro y sin rodeos. Es el segundo de ocho hermanos del matrimonio entre Natanael Abril Becerra y María Elvira Blanco de Abril.
En 1974, Natanael se graduó como bachiller en el horario nocturno del Colegio Santander. Sin imaginarlo, allí estaba la semilla de su futuro como empresario del sector agro.
“Llegué por accidente”, confiesa Natanael con algo de sorna.
Luego de graduarse, Natanael recibió una oferta de trabajo en Cartagena. Sin pensarlo mucho, se fue para la capital de Bolívar a cumplir con labores en una ferretería.
A mediados de los años 70, conoció a Álvaro Figueroa, el socio inicial de su actual negocio Vetiagro, que cumple 39 años en el mercado de Santander Puede interesarle: El coraje de ser santandereano: Álvaro Beltrán Pinzón
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Aunque en principio no pactaron ningún acuerdo, Figueroa se mostraba como un hombre de negocios. Un cuñado de Figueroa tenía un laboratorio de medicamentos veterinarios.
Al comienzo, Natanael no estuvo muy interesado. Cambió de trabajo y pasó a ser empleado de Rodrigo Lloreda Caicedo, excanciller, para dedicarse a la venta de agregados, alambre, hierro, grapas y puntillas. Luego, Natanael regresó a Bucaramanga para trabajar en la distribución de dulces y golosinas. Lea también: La fortuna de crear un hogar: Gerardo Dávila, visionario del sector inmobiliario de Bucaramanga

Por azares del destino, Natanael coincidió nuevamente con Figueroa en una de las correrías que realizaba en Chiquinquirá se lo encontró.
Meses después, se volvieron a cruzar en Bucaramanga y decidieron montar la distribuidora de insumos veterinarios. Con una memoria prodigiosa, Natanael recuerda que el 18 de enero de 1986, mediante escritura pública de la Notaría Séptima de Bucaramanga, conformaron el negocio.
La sociedad no duró mucho y al año, Judith García de Abril, esposa de Natanael, reemplazó a Figueroa como accionista del negocio. Pero la apuesta siguió para la familia Abril García. Puede interesarle: Óscar Pinzón: un visionario tras bambalinas
Un alianza familiar
Hombro a hombro, Natanael y Judith forjaron el negocio y una familia en la que crecieron sus hijos.
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La constancia ha sido un fundamento esencial. Para Natanael una clave indispensable es estar al día con las facturas. Por sencillo que parezca, pagar antes de tiempo le ha garantizado tener créditos, reputación y confianza de sus proveedores. Puede interesarle: El pulso de la experiencia: la historia de Pastor Julio Delgado Hernández, un visionario del comercio
El negocio arrancó en el barrio Bucarica de Floridablanca y desde hace años se encuentra anclado a un costado de la Avenida Quebradaseca. Judith acompañó, hasta hace unos años, a Natanael en el día a día del negocio. A pulso levantaron una de las principales distribuidoras de los agroinsumos en la capital santandereana.
Hay una idea que ronda la mente de Natanael y que delata su filosofía de consolidar un buen equipo. Este empresario considera que si el Estado le permitiera la rebaja en impuestos para trasladarlo directamente al bolsillo de los trabajadores, sería mucho más feliz.
En los años andados con el negocio, Natanael aprendió varias lecciones: la clave es la rotación y tener olfato para escoger la mercancía. “Sepa comprar y tiene armas para vender”, apunta Natanael.
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Otras pasiones
Desde 1997, Natanael pertenece a la Policía Cívica de mayores. Aunque no devenga nada, es uno de sus más grandes honores. Así lo delata su escritorio y las paredes de su oficina: hay varios reconocimientos y diplomas que le han entregado en los últimos años. Puede interesarle: El aroma que mueve una región: Oswaldo Acevedo, desarrollador de Café Mesa de los Santos
De esas experiencias recuerda varias anécdotas. Una de ellas es el apoyo inicial a los frentes de seguridad en los barrios con la instalación de cornetas para alertar frente a cualquier hecho de inseguridad.
Natanael recuerda cómo a finales de los años 90, en compañía de su amiga Zorayda D’Silva consiguieron 40 bicicletas para que la ciudad tuviera las primeras “ciclopatrullas” de Policías recorriendo varias zonas de la ciudad.
En ese camino cercano al campo, Natanael aprendió una de sus pasiones: el cuidado de las cabras y ovejas. Llegó a tener 800 animales entre estas especies. Ahora, dedicado al oficio de ser abuelo, no le queda ninguna. Recorrió zonas de Canadá, Estados Unidos, Cuba y Brasil para ver ejemplares y rebaños. Quería averiguarlo todo. Con sus ejemplares, ganó premios y reconocimientos de los que se enorgullece. Puede interesarle: El ‘reflejo’ del compromiso empresarial: la historia de Andrés Novoa, presidente de Ventanar
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Sin embargo, todas esas pasiones por los animales no tienen comparación con el amor de sus nietos: para Natanael es un sentimiento que está a otro nivel. “Es un amor inconfundible. Cualquier vacío que usted tenga lo llena ese amor de los niños”, confiesa.
Los consejos de un visionario
1. Constancia: este visionario recomienda a los emprendedores que “no le aflojen” a sus intenciones. “Situaciones difíciles encuentra usted aquí y en el fin del mundo”. Natanael define a la constancia como un fundamento vital para el que quiere tener una empresa.
2. Legalidad: para las empresas e inversiones es importante la rectitud. “Desde el aspecto legal hay que ser buen pagador, buen instructor: una persona que no le gusta que lo vilipendien”.
3. Ubicación: en el desarrollo de una empresa es esencial. A la par, este empresario santandereano considera que es importante la compra de un inmueble para tener tranquilidad de que no será desalojado o que el aumento de los arriendos presionara el bolsillo.
4. Buen equipo: es necesario que los trabajadores estén bien pagos, que sientan vocación por trabajar y no sientan una obligación. “Que sea por vocación, porque se sienten bien”, apunta.













