En Bucaramanga, una revista insiste en abrirle espacio a la palabra. Libre de Márgenes, que presentó su tercera edición en la Casa del Libro Total, reúne voces nuevas y consagradas en una apuesta cultural que mezcla poesía, cuento, crítica y memoria para mantener viva la literatura desde la región.

Publicado por: Redacción Cultural
Las revistas literarias nacen entre papeles marcados, voces cruzadas, cafés fríos y una obstinación casi física: la de quienes se niegan a dejar que la literatura se quede sin casa. Primero son una mesa llena de borradores. Luego, una conversación. Después, si sobreviven, se convierten en objeto.
A lo largo de la historia existieron revistas literarias que se convirtieron en un ícono, tanto el objeto en sí como sus creadores. En Francia, por ejemplo, Mercure mostró la modernidad literaria desde el siglo XVII, la Nouvelle Revue Française, nacida en 1909 alrededor de André Gide, puso a Francia a discutir de nuevo qué debía valer en literatura; Poetry, fundada en Chicago en 1912 por Harriet Monroe, empujó la poesía moderna en lengua inglesa a una habitación cargada de grandes voces; The Little Review publicó a los inconformes; Sur, creada por Victoria Ocampo en Buenos Aires en 1931, tendió un puente entre América Latina, Europa y Estados Unidos; y The New Yorker, nacida en 1925, demostró que se podía mezclar humor, ficción y periodismo sin perder el rigor. Todas, a su manera, le dieron una voz al pensamiento literario.
En Bucaramanga, la revista Libre de Márgenes parece haber seguido ese mismo camino.
Su tercera edición, presentada en la Casa del Libro Total, es una señal de esa persistencia. La revista se define como una plataforma para publicar escritos en formato físico y virtual y, al mismo tiempo, como un espacio para reunir voces de la región, del país y del exterior, sin separar a los autores nuevos de los ya consagrados.
En sus páginas caben relatos, cuento, poesía, reseñas, entrevistas y otros registros. Lo suyo no es el molde; es la amplitud. También hay una voluntad clara de cuidar la forma: el diseño, la estética, la experiencia de lectura. No basta con publicar. Hay que hacer que el texto tenga presencia, cuerpo, peso. Por eso la publicación se entiende a sí misma como un trampolín para escritores y como un punto de encuentro para lectores que todavía buscan en la literatura algo más que entretenimiento.
Ese impulso se sostiene en varios frentes. Libre de Márgenes circula en papel, pero también en redes sociales, en plataformas digitales como Calaméo y en cuentas como @libredemargenes y @2entesmagazin arte y cultura.
Detrás del proyecto está un comité editorial integrado por Jimmy Fortuna, Milton Afanador, Rosabel Martínez y Gloria Martha Pérez, directora de la revista.
La edición número 3 deja ver con claridad esa vocación. Reúne versos, prosas, aproximaciones, cuento y textos en sala. Hay en sus páginas una mezcla de tonos y de heridas. Aparecen Sandra Acosta, con El hombre que desapareció y El pan de cada día; Dayana Vargas, con Milagrosa urbe melancólica; y de la poeta Natalia Rodríguez, una de las fundadoras del Colectivo Aurora. Varias manos escribiendo una palabras que cosen lo que la realidad rompe.
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En la sección de prosas, la revista reúne autores como Edwin Suárez, Erick Martínez, Renzo Orlando Gutiérrez, Liliana Stella Beltrán, Mauricio Ríos Albarracín y Ángel Joriel Toledo Castro. Los temas que recorren esos textos cargan un peso oscuro: desaparición, amor, desamor, guerra, muerte, hambruna, identidad, transformación interior, violencia. No hay decoración. Hay materia viva. Hay escritura tocando cicatrices.
A ese mapa se suman otras voces y otros registros. Paola Esteban participa con capítulos seleccionados de Una vida Perfecta. Norberto Castellanos Torres lleva dos cuentos marcados por la memoria de infancia y juventud. Laura Elizabeth Vargas Naranjo introduce una veta más frontal con ¿Código azul o código lila? Medicina y servicios de salud en modo automático, un texto donde la experiencia se vuelve denuncia. La revista no teme mezclar literatura, reflexión y crítica.
También hay espacio para pensar el arte desde otros bordes. En la sección de aproximaciones aparecen Juan Francisco Carrillo, con Etc, un fanzine que es también una plataforma de arte y comunidad; Ender Rodríguez, con reflexiones sobre arte y vida desde la red micelial; y Paola Ortega, con un texto que pone sobre la mesa el valor del trabajo creativo. Incluso se abre una grieta hacia otra lengua con un escrito en inglés firmado por María del Pilar Uribe. Ese gesto amplía el pulso de la revista y confirma que no quiere reducir su voz a un único registro.
Uno de los ejes más visibles de esta edición está en los homenajes. Allí desfilan nombres, legados y preguntas ligadas a las mujeres, a la escritura y a las figuras invisibles de la cultura. La revista mira hacia la literatura y hacia lo que la rodea: la memoria, los cuerpos, las ausencias, las autoras borradas. En la sección Intimidades, además, aparece entrevistada Paloma Bahamón Serrano, maestra y doctora en estudios sociales. Su presencia le da al número la densidad de una conversación entre sensibilidad y pensamiento.















