Cultura
Martes 21 de julio de 2026 - 12:06 PM

Un café al amanecer: la novela que revive las heridas de la violencia para entender el país de hoy

El escritor Farid Numa reflexiona sobre la polarización, la memoria histórica y el papel de la literatura a partir de Un café al amanecer, una obra premiada por su calidad narrativa.

Un café al amanecer reconstruye la época de la violencia de los años 50 desde un pequeño pueblo del Eje Cafetero y plantea preguntas que siguen vigentes en el país.
Un café al amanecer reconstruye la época de la violencia de los años 50 desde un pequeño pueblo del Eje Cafetero y plantea preguntas que siguen vigentes en el país.

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Publicado por: John Arias

Por décadas, Colombia ha intentado dejar atrás los fantasmas de la violencia. Sin embargo, las preguntas sobre sus causas profundas siguen abiertas. En Un café al amanecer, el arquitecto y escritor Farid Numa convierte un crimen ocurrido en un pequeño pueblo cafetero en una poderosa reflexión sobre la memoria, la manipulación política y la capacidad humana para resistir. Lea también: El futuro imaginado desde Santander que llegó a una galería de Polonia

Todo comienza con un amanecer. El aroma del café recién preparado acompaña el descubrimiento de un cadáver en Marsalia, un pueblo ficticio inspirado en el municipio risaraldense de Marsella. A partir de ese instante, el libro despliega una historia que trasciende el crimen para adentrarse en una de las épocas más oscuras de Colombia: la violencia partidista de la década de 1950.

“Engloba lo que ha sido la situación histórica, social y política de nuestros pueblos en Colombia, pero algunos lectores en el extranjero me han manifestado que los hechos que allí se narran también sucedieron en países como Perú, Ecuador y México. Es una gran satisfacción porque vuelve la novela una obra universal. No se queda en lo regional, ni en lo coloquial, ese es el espíritu de la literatura cuando pretende tener toques de obra de arte”, comenta el autor.

Lejos de ser una novela policial, la obra de Farid Numa utiliza ese asesinato como hilo conductor para reconstruir un país atravesado por el miedo, las persecuciones políticas, el despojo de tierras y la presencia de los llamados “pájaros”, grupos armados responsables de innumerables crímenes durante aquellos años.

Sin embargo, la novela no se limita a narrar la barbarie. También retrata la solidaridad e incluso aspectos culturales como el humor y la música, así como la capacidad de los seres humanos para conservar su dignidad incluso en medio del horror.

Galardonada por la Universidad Industrial de Santander y publicada por Planeta, Un café al amanecer explora las heridas de la violencia en Colombia.
Galardonada por la Universidad Industrial de Santander y publicada por Planeta, Un café al amanecer explora las heridas de la violencia en Colombia.

Un hecho real convertido en literatura

La historia nació de una investigación de campo que Numa realizó cuando era estudiante de Arquitectura en la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales. Durante dos años, junto a otros investigadores, estudió la historia, la arquitectura y las tradiciones de Marsella, en el antiguo departamento de Caldas.

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Allí encontró el caso de un asesinato que, por su singularidad, terminó convirtiéndose décadas después en el punto de partida. “Cuando encontré este suceso dije: esto sirve para una novela”, recuerda el autor. Sin embargo, la historia permaneció guardada durante años hasta que decidió retomarla con la madurez que, considera, exige la literatura.

Aunque parte de un hecho documentado, Numa construye un universo ficcional donde personajes inspirados en figuras reales conviven con otros creados desde la imaginación, permitiendo que la novela dialogue tanto con la historia como con la ficción.

Una violencia que sigue resonando

Uno de los aspectos más llamativos de Un café al amanecer es que, pese a situarse en los años cincuenta, establece constantes puentes con el presente. Para Numa, Colombia ha vivido ciclos repetidos de confrontación política que no pueden entenderse únicamente desde la coyuntura. “Algunos dicen que el país está polarizado, pero eso no es algo nuevo. Nunca vamos a las causas profundas del problema”, afirma.

De hecho, resalta que la historia desarrolla aspectos de lo que sucede en Colombia en la década del 50, “pero también hay unos feedback bien interesantes que muestran el fenómeno de la violencia partidista entre rojos y azules, entre liberales y conservadores, entre godos y cachiporros, como se les llamaba. Esos con los términos que se utilizan en la novela que la hacen propia. No se usa para nada el lenguaje que hoy usamos”. Lea también: Cuando la opinión política se convierte en un ataque personal: ¿Qué hacer?

La novela propone justamente ese ejercicio: mirar hacia atrás para comprender cómo el fanatismo político y la manipulación ideológica han alimentado distintas formas de violencia a lo largo de la historia nacional. El autor sostiene que la violencia ha sido constante a través de los distintos periodos del país, pasando por las guerras civiles del siglo XIX, la Constitución de 1863 y la Guerra de los Mil Días, la confrontación con los indígenas liderados por Quintín Lame y la violencia liberal y conservadora del siglo XX.

Sin asumir una postura partidista, el narrador observa y deja que los hechos hablen por sí mismos. Esa distancia narrativa permite que lectores de distintas posiciones políticas encuentren en la obra una reflexión común sobre el país.

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La literatura como resistencia

El autor plantea que parte de esta violencia es la manipulación, alimentada por la ignorancia. “No somos un país ilustrado. Colombia de los países en América la tiene incluso de una baja proporción de lectura per cápita”, comenta.

Numa cree que la literatura tiene la capacidad de ampliar la mirada. Para él, leer significa romper los esquemas con los que muchas veces se interpreta la realidad. En este sentido, resalta que la literatura no solo entretiene; pone a pensar, obliga a cuestionarse y permite entender que el ser humano es mucho más que sus necesidades materiales.

Su visión parte de una convicción: un país más lector también puede convertirse en un país más crítico y menos vulnerable a la manipulación.

Por eso rechaza la idea de que las nuevas generaciones hayan perdido el interés por los libros. Considera que existen muchos jóvenes lectores y que el reto consiste en ofrecerles historias capaces de emocionarlos y hacerlos reflexionar. “Yo creo que en proporción sí se está leyendo más. Hay jóvenes, como dicen ahora, muy pilos que son verdaderamente van adelante y han leído. Por supuesto que el tema de las redes y demás conlleva que algunos vivan distraídos, pero antes vivían también distraídos en otras cosas. Entonces, lo que hay que hacer es enrutar y hacerles buenas propuestas del tema del arte”.

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Al respecto, señala que corresponde a los autores ser consciente de la dinámica de los tiempos y entregar obras que los cautiven. “No es escribir como se escribía hace 300 años, tampoco simplemente entregar cosas vacías y triviales, el resto cómo lograr algo dinámico. Hay mucha gente joven que sí, efectivamente, está interesada, porque se dieron cuenta que el montón se volvió aquellos que andan con el celular para arriba y para abajo y no van más allá”.

Igualmente, Numa resalta que uno de los desafíos es darle un correcto uso a la tecnología. “Mucha gente en el celular está escribiendo, está viendo noticias, la gente hoy está más enterada. Lástima que esa que esa información vuelve a ser también manipulada de acuerdo a unos determinados intereses económicos o políticos, históricos o sociales”.

“Hoy hay posturas de un lado y del otro, entonces se va generando una discusión que ojalá sirva para que la gente entienda que no solamente podemos quedarnos en los sucesos del día a día, sino que hay que ir más adelante a las causas primarias. Necesitamos generar unos procesos de educación mucho más amplios, mucho más generosos, distintos”, agrega.

Una novela que atrapa desde la primera página

Quienes han leído Un café al amanecer suelen coincidir en un aspecto: es una novela que engancha. El propio autor atribuye esa capacidad a la cadencia poética de la narración y a la construcción de un mundo donde el lector termina sintiéndose un habitante más de Marsalia.

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“El narrador lo cuenta de una manera tan desparpajada que cualquiera se involucra. Algunas cosas son tomadas de lo que fue la vida real, pero están cruzadas con el elemento novelado, ficcional. Y eso le da una viveza al texto. Este no es un libro del país de las maravillas. Es un libro complejo en su esencia, pero te atrae, te atrapa…se maneja el humor colombiano, ese humor de doble filo”, detalla Numa.

La historia combina tensión narrativa con humor, tango, costumbres del Eje Cafetero y una atmósfera profundamente colombiana, donde íconos como el café dejan de ser un simple elemento cotidiano para convertirse en símbolo de identidad y memoria.

Aunque aborda episodios dolorosos, nunca pierde el ritmo ni la sensibilidad literaria.

Un reconocimiento que abrió el camino

La calidad de la obra fue reconocida en 2018, cuando obtuvo el primer lugar en el Concurso Nacional de Novela convocado por la Universidad Industrial de Santander con motivo de los 70 años de la institución.

Para Numa, el premio tuvo un significado especial porque el reconocimiento consistía únicamente en la publicación del libro, sin incentivo económico. “Yo quería que alguien me diera un veredicto literario antes de publicar la novela por mi cuenta”, recuerda.

Aquel reconocimiento abrió el camino para una nueva edición publicada recientemente por Editorial Planeta, que incorporó algunos ajustes editoriales, como la titulación de los capítulos, fruto del trabajo conjunto entre el autor y el equipo editorial.

Un autor formado entre el arte y la academia

Arquitecto de profesión, Farid Numa ha desarrollado una amplia trayectoria como docente, investigador y gestor cultural. Su formación combina el urbanismo con una profunda vocación humanista alimentada desde la infancia por la literatura, el cine y el teatro.

Durante su juventud participó activamente en el Festival Internacional de Teatro de Manizales y desde entonces ha mantenido un diálogo permanente entre las artes y el pensamiento social.

Además de Un café al amanecer, es autor de El aroma de la acacia, una novela ambientada en el siglo XIII que explora el universo de los templarios y que también fue publicada por Editorial Planeta.

Su obra demuestra que la literatura puede surgir tanto de la investigación rigurosa como de la imaginación, convirtiendo episodios locales en historias capaces de dialogar con lectores de cualquier lugar.

Porque, como él mismo recuerda evocando a León Tolstói, “el verdadero arte consiste en ser universal desde la propia aldea”. Y eso es precisamente lo que consigue Un café al amanecer: contar la historia de un pequeño pueblo cafetero para hablar, en realidad, de un país entero.

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Publicado por: John Arias

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