En Cantares alados, Natalia Londoño convierte las historias de las mujeres privadas de la libertad en la Cárcel de Bucaramanga en poesía. Este poemario, ganador de la beca departamental de creación literaria, es un canto de resistencia y esperanza.

Publicado por: Paola Esteban
El arte tiene alas. A veces frágiles, como las de un colibrí, otras veces imponentes, como las de un fénix. Así son los versos que Natalia Londoño ha plasmado en su reciente poemario Cantares alados, ganador de la beca departamental en la línea de creación literaria, una obra que nace de las sombras y aspira a la luz, alimentada por las historias de mujeres privadas de la libertad en la Cárcel de Bucaramanga.
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La obra se presenta este el miércoles 27 a las 7:00 PM en Café Libro de la Biblioteca Pública Gabriel Turbay.

En el corazón de este poemario late un compromiso: ser la voz de las que no tienen voz, aquellas mujeres que, entre muros y rejas, cargan con el peso de la violencia, el abandono y el aislamiento. Desde los talleres literarios del Programa LEO, Londoño escuchó sus relatos, a veces desgarradores, otras llenos de resiliencia, y los transformó en poesía. No son solo versos, son gritos, susurros y ecos de vidas que podrían ser las de cualquier mujer, en cualquier rincón de Colombia, de América Latina, o del mundo.
En Cantares alados, las mujeres son aves. A través de esta metáfora, Londoño recorre un espectro amplio de emociones y realidades. Desde el colibrí, pequeño pero lleno de vida, hasta el fénix, símbolo de renacimiento, cada parte del poemario teje un mapa de vuelo para escapar de las jaulas impuestas por el patriarcado.
Con un estilo sencillo y cercano, que combina el coloquialismo y las metáforas cotidianas, la autora nos lleva a las entrañas de la feminidad y sus desafíos. Habla de la violencia doméstica, de la violación, del feminicidio, pero también de la resistencia y la transformación. La poesía de Londoño no se queda en la página: pide ser leída en voz alta, lanzada al viento en plazas, escuelas y autobuses, como un canto colectivo que resuena y libera.
Ahora que conozco otras formas de dolor
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te advierto
no será la misma
sumisa
complaciente
obediente
que sigue el contrato
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que pierde
que renuncia
al poema
a la vida
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por ser
la señora
la dama
la esposa de.
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Después del dolor
renazco
fortalecida
segura
feliz.
Cada palabra es una declaración de independencia, un rechazo a los roles impuestos y una celebración de la libertad alcanzada tras el dolor.
El poemario se balancea entre lo femenino y lo feminista. Habla de los rituales cotidianos de las mujeres, como lavar pisos o cuidar hijos, pero también denuncia las exigencias sociales y la violencia. Sus figuras femeninas no se conforman; luchan, protestan y renacen.
Londoño no olvida su compromiso con la creación poética. En su universo, escribir es un acto de resistencia y sanación: ”Sembrar un poema es germinar hacia dentro.”
Su poesía no es solo un texto impreso; es un ruido extraño que permanece en las mesas de bares, en los recuerdos, en los amaneceres. Es un ruido que cura el corazón.















