Las fibras hablan un lenguaje ancestral en El silencio de las formas, la exposición de María Angélica Ferreira que entrelaza arte y artesanía para honrar su legado familiar y las tradiciones de su tierra. La exposición está abierta en las salas del campus central de la UIS.
Publicado por: Paola Esteban
Las fibras cuentan historias. No hay ruido, solo el susurro de los hilos que tejen memorias, paisajes y emociones en la exposición El silencio de las formas, donde la artista y artesana María Angélica Ferreira transforma la tradición en arte. Lea también: Llega el Cuarto Encuentro Nacional de Literatura en alianza con el Programa Sonidos para la Construcción de Paz y la UIS
Angélica, quien se presenta con la sencillez de quien honra sus raíces, cuenta cómo esta exposición es más que una muestra; es un homenaje a la herencia que ha moldeado su vida. “Soy artesana por principios”, dice, con una sonrisa que ilumina su rostro. Sus palabras evocan imágenes de una infancia llena de canastas pintadas, encajes fruncidos y risas junto a su madre en el almacén Manos Creativas. Allí, sin saberlo, María Angélica tejía los primeros nudos de su vínculo con el arte.
“Mi abuela y mi madre son artesanas. Ellas me enseñaron que cada hilo tiene una historia, cada puntada un propósito”, explica. Y es esa misma esencia la que María Angélica ha llevado a las salas Rafael Prada y Gustavo Gómez Ardila, donde su exposición se alza como un puente entre la tradición artesanal y la expresión artística contemporánea.
En las sala de exposiciones de la UIS, El silencio de las formas se despliega como un mapa emocional del territorio. Las obras no buscan retratar paisajes bucólicos; en cambio, abstraen las texturas y los colores del campo, capturando la esencia de lugares como Barichara, Curití y Barrancabermeja. Cada pieza parece respirar, como si las fibras contaran sus propias vivencias, recolectadas en los viajes de María Angélica por estas regiones, en compañía de su papá, Sergio. Allí, en los caminos y los talleres, ella aprendió a escuchar el lenguaje de los materiales: el fique, la hoja de piña, la tierra misma.
La exposición es una experiencia inmersiva que envuelve al visitante en olores, texturas y colores. Es un diálogo silencioso entre el pasado y el presente, donde las fibras del fique toman protagonismo. Desde su cultivo hasta su transformación en ovillos, cada paso del proceso está presente, recordando que el arte nace de la tierra y regresa a ella.
Artesanía y arte: un puente invisible
Pero El silencio de las formas no es solo una exposición; es una declaración. María Angélica desafía la idea de que la artesanía es una expresión menor frente al “gran arte”. “La gente no entiende el trabajo, la tradición y el conocimiento que hay detrás de cada pieza artesanal”, reflexiona. Su obra busca dignificar ese oficio, mostrando que la frontera entre arte y artesanía es tan delgada como un hilo, y que ambas disciplinas pueden coexistir y nutrirse mutuamente.
Inspirada por el arquitecto William Morris, quien abogaba por volver a la artesanía como punto de partida para nuevas expresiones artísticas, María Angélica se lanza a un “salto de fe”. Su exposición no solo honra su legado familiar, sino que invita al público a revalorizar las manos que crean, las fibras que cuentan historias y los oficios que conectan generaciones.
En las salas de esta muestra, el silencio no es ausencia, sino presencia. Es el murmullo de las fibras, el eco de las manos que han tejido y el suspiro de una tradición que se niega a desaparecer. El silencio de las formas estará abierto hasta el 3 de diciembre, esperando a quienes deseen escuchar las historias que se entrelazan en sus hilos.
Y al final, cuando el visitante se aleja, algo queda tejido en su interior: la certeza de que el arte no solo se mira, se siente. María Angélica lo confirma con cada puntada, con cada hilo que se transforma en un puente entre el pasado y el futuro.















