Desertio emerge como un homenaje poético a quienes enfrentaron el aislamiento y el olvido en los lazaretos del siglo XX. A través del arte, Sebastián Sánchez rescata las voces y memorias de una tragedia marcada por el “Mal de Hansen”, transformándolas en un archivo vivo que nos invita a reflexionar sobre la enfermedad, la exclusión y la resistencia humana.

Publicado por: Paola Esteban
La historia de los lazaretos en Colombia es un relato de olvido y exclusión. Durante la primera mitad del siglo pasado, la lepra —o “Mal de Hansen”— fue declarada calamidad pública. Sin claridad sobre su transmisión ni tratamiento efectivo, las autoridades tomaron medidas drásticas: la creación de recintos aislados donde los enfermos y, en ocasiones, sus hijos sanos, vivieron confinados. Guadalupe, Contratación y El Guacamayo, en Santander, se convirtieron en refugios forzados, con muros que contenían no solo cuerpos enfermos, sino también almas que luchaban por sobrevivir al abandono. Lea también: El silencio de las formas: la exposición de María Angélica Ferreira que une arte y artesanía en Bucaramanga
En Santander, se ubicó el lazareto de Contratación, que es el que inspira al artista.
Es allí, donde tiempo parece detenerse y las piedras murmuran, que surge Desertio, una exposición que da voz a quienes vivieron en las sombras de la historia. Este proyecto, un homenaje a la resistencia y a las memorias enterradas, recorre el estigma y el aislamiento que marcaron la vida de quienes enfrentaron el “Mal de Hansen” en la Colombia del siglo XX. A través de fotografías, esculturas e historias, el artista Sebastián Sánchez nos lleva al corazón de una tragedia que, a pesar de su dolor, florece con dignidad en el arte.
Sánchez recorrió estos lugares, ahora ruinas cargadas de silencios, para recuperar las voces de quienes vivieron entre esas paredes. Fotografías desgastadas, relatos de asileños y restos de edificios se transforman en piezas que narran una historia de segregación, pero también de resistencia.
Desertio es un archivo vivo que invita a recorrer el dolor, la esperanza y las contradicciones humanas. En las salas, el visitante podrá ver piezas que proyectan las miradas de quienes vivieron el aislamiento, y fotografías que inmortalizan los paisajes y rostros de una historia que no puede quedar en el olvido.
Entre estas piezas destaca una instalación que recrea una pequeña parte de los muros del antiguo asilo san Bernardo, un espacio donde se tomaban decisiones sobre la vida y muerte de los confinados. Sánchez lo convierte en un lugar para reflexionar sobre el poder, la exclusión y las cicatrices que estas prácticas dejaron en el tejido social.
La exposición abre este 2 de diciembre en el Centro Cultural del Oriente.

Voces desde el confinamiento
El proyecto recoge objetos, espacios y testimonios de aquellos que fueron niños en los lazaretos. Siete asileños, ahora ancianos, comparten sus recuerdos: juegos en medio del encierro, el miedo al estigma y la esperanza que nunca abandonaron. Sus relatos, cargados de nostalgia y dolor, se entrelazan con la historia de un paciente actual, quien enfrenta el mal desde una perspectiva contemporánea, pero no menos cargada de tabúes.
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La exposición trasciende la memoria histórica y nos invita a reflexionar sobre realidades que siguen siendo censuradas en nuestra sociedad. Sánchez plantea preguntas incómodas: ¿por qué seguimos silenciando la enfermedad, la sexualidad y la muerte? ¿Qué podemos aprender de quienes vivieron estas experiencias en el aislamiento? Desertio es, en este sentido, una ventana a las sombras que aún habitan nuestra colectividad.
Ganadora de las becas de la gobernación “Cultura con Berraquera”, la obra de Sebastián Sánchez no solo rescata una parte olvidada de nuestra historia, sino que la eleva al plano artístico. En cada pieza, se siente el latir de una lucha que se niega a desaparecer. El título, Desertio, evoca el abandono físico y emocional que enfrentaron los enfermos, pero también la fuerza que encontraron para resistir.
Las memorias de los lazaretos, que alguna vez fueron susurros, ahora son un grito que resuena en las salas de exposición. Desertio no solo nos invita a mirar al pasado, sino a replantearnos cómo enfrentamos las sombras de nuestro presente.
















