Hay mamás mucho peores que tú, de Glenn Boozan e ilustrado por Priscilla Witte, usa el humor y ejemplos del reino animal para desmontar el mito de la madre perfecta y recordarle a las madres que equivocarse también hace parte de criar.

Hay mamás mucho peores que tú, de Glenn Boozan e ilustrado por Priscilla Witte, es un libro que alivia la culpa materna mediante el humor.
La imperfección es parte de la maternidad y cuando la mayoría de las madres ponen en duda sus habilidades se olvidan de lo más importante: el amor y la intención detrás de cada acción.
Glenn Boozan, guionista de comedia y escritora, compara situaciones de crianza humana con extremos del reino animal, demostrando que los «errores» humanos son insignificantes frente a comportamientos naturales. La mamá koala alimenta a sus crías con sus propios excrementos. Las mamás panda, cuando tienen gemelos, dejan a uno de ellos porque criar a dos resulta ser una tarea abrumadora. Y, de vez en cuando, la adorable mamá hámster se come a sus crías recién nacidas.
El enfoque del libro es desmitificar la madre perfecta por medio del humor irreverente, la empatía y la autocompasión para las madres. El contenido, acompañado de ilustraciones coloridas y juguetonas, consigue calmar la ansiedad de las madres modernas que se sienten superadas, recordándoles que están haciéndolo mucho mejor de lo que piensan. El reino animal, con toda su belleza indómita, se convierte en un espejo que refleja nuestras vulnerabilidades y fortalezas. Dicho lo anterior, ser una buena mamá no se trata de tener un historial impecable; se trata de estar presente, con imperfecciones y todo, tal como lo hace el resto de la naturaleza.
Las lecturas con este trasfondo proponen una nueva perspectiva alrededor de la maternidad real que relativiza las fallas cotidianas. En un mundo donde la crianza a menudo se siente como un acto de malabarismo de alto riesgo, el libro de Boozan reconoce que la perfección es un mito, y que hay innumerables mamás en la naturaleza cuyas actitudes parentales harían que nuestro peor día pareciera insignificante.
Transformar las presiones de la maternidad moderna para desdramatizar la culpa es coyuntural. A veces nos comparamos con otras madres y terminamos sintiéndonos mal. Esto, aunque natural, no es útil ni justo con nosotras mismas. Repensar la maternidad desde una perspectiva más ligera y compasiva es zafarnos de la culpa que tantas veces nos persigue en el día a día.
En el mundo actual, las madres somos bombardeadas con imágenes de la mamá «perfecta». Las redes sociales, los foros de crianza e incluso los consejos bienintencionados de amigos pueden contribuir a una abrumadora sensación de insuficiencia. Se les hace creer que deben sobresalir en todos los aspectos: ofrecer comidas nutritivas, crear ambientes de juego educativos, mantener un hogar inmaculado y, de alguna manera, encontrar tiempo para el autocuidado. Esta búsqueda incansable de la perfección puede ser no solo agotadora, sino también perjudicial para la salud mental de una madre.
La autora no es madre, sin embargo, inspirada por sus hermanas, escribió este libro para abrazar la imperfección. Dice: «Errar es cosa de madres... y padres», recordándonos que todos somos humanos y nada es tan grave como parece.
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Existen libros, como este, que cambian conciencias y, sobre todo, nos hacen la vida más amena.
Una colaboración especial con la escritora Andrea Herrera Suárez.
















