Siempre hay una primera vez para todo, para caerse, para viajar en avión, para manejar, para enamorarse y por supuesto, para sufrir una decepción amorosa, una experiencia que aunque cuando se vive no es nada grata, en perspectiva dejará grandes enseñanzas y marcará el inicio de la madurez sentimental de los adolescentes.
Publicado por: JINETH PRIETO / jprieto@vanguardia.com
Las relaciones sentimentales que se establecen entre los jóvenes tienen la particularidad de que se viven intensamente, razón por la que se tiende a idealizar a la pareja y poner en ella expectativas y sentimientos que van mucho más allá de lo que les debe suceder en esa edad.
Y es que más allá del primer amor está la decepción como aprendizaje, que en sí misma hará parte del cúmulo de experiencias que contribuirán a forjar el largo camino que se emprende para lograr la madurez sentimental en la vida adulta.
El psicólogo Camilo Umaña explica que el amor en la adolescencia 'suele vivirse de manera tan intensa que tener pareja a esa edad termina convirtiéndose en la búsqueda de un ideal que se ha creado a partir de imaginarios brindados por el entorno familiar, social y la influencia en general de los medios de comunicación'.
Sin embargo, es importante tener en cuenta que un joven cuando vive sus primeras relaciones sentimentales según expertos, 'tiende a buscar la manera de cubrir las carencias afectivas que tuvo durante la infancia con su pareja'.
Esto los hace inevitablemente vulnerables a las situaciones que sortean con sus parejas y provoca que cualquier sentimiento de frustración o fracaso al que se enfrenten lo vivan de manera intensa.
'Creí que no lo iba a superar'
Adriana Céspedes* es una joven de 19 años que ahora recuerda con gracia su primera decepción amorosa, de la cual creyó -cuando tenía 15 años- que jamás iba a superarla.
'Nos conocimos en la universidad. Cuando lo vi ni siquiera me pareció atractivo así que jamás pensé que él iba a ser el artífice de mi primera decepción amorosa.
Nos hicimos amigos porque veíamos casi todas las clases juntos. Primero me pareció tierno pero con el tiempo me empezó a gustar y yo a él, así nos hicimos novios.
De ahí en adelante todo fue muy bien, nos encontrábamos generalmente en mi casa, veíamos televisión, películas o jugábamos en el computador. De relaciones sexuales hablábamos en ocasiones, pero siempre le dije que tenía miedo de que me dejaran después de tenerlas, por lo que le huía al tema.
Con el tiempo no me preocupé más por eso y decidí estar con él. Ahí fue cuando sentí que me había enamorado perdidamente.
Pero cuando salimos de vacaciones, el sólo fue a mi casa una vez más y no me volvió a llamar ni a buscar, lo que provocó que cayera en una depresión profunda.
Cuando lo volví a ver en la universidad no me habló, ni me miró, era como si no existiera, lo que aumentó mi desanimo que duró cerca de tres meses.
Lloré todas las noches en mi casa y con mis amigos, sentía que el mundo se me había acabado, creía que me faltaba algo y juré que nunca me enamoraría nuevamente. En ese momento creí que no iba a superar lo que sentía.
Ahora que lo miro en perspectiva me causa risa, es algo que recuerdo con cariño porque fue parte de mi vida y me ayudó a madurar'.
La primera piedra en el camino
La misma historia de Adriana es repetida incontablemente por adolescentes, quienes al darle rienda suelta a sus sentimientos terminan encontrándose la primera piedra en el camino que han de recorrer para encontrar el amor verdadero.
Al respecto la psicóloga Fabiola Zúñiga dice que 'cuando un joven decide llevar una relación sentimental lo que debe plantearse es si la puede manejar o no, y eso depende de las relaciones que previamente haya llevado con su familia, ya que éstas determinan en términos prácticos la madurez sentimental de un adolescente'.
Sin embargo, cuando se dan las decepciones amorosas es común que los jóvenes pasen por la etapa de la negación que aunque es común debe saberse llevar, porque de no ser así podría terminar en una obsesión.
El psiquiatra de niños y adolescentes Mauricio Escobar recomienda que cuando se presentan esos casos lo mejor es buscar ayuda profesional, porque las causas en cada caso son diferentes, y para que el joven entienda y supere esa fase debe entender porqué le está pasando y la dimensión que implica ese estado emocional'.
Cuando se enfrenta esa primera decepción amorosa es necesario que los padres acompañen a sus hijos mientras la superan, ya que con su cariño, respaldo y comprensión la pena se hará más llevadera y pasará en poco tiempo.
LA VOZ DEL EXPERTO
Mauricio Escobar
Psiquiatra de niños y adolescentes
¿El amor de pareja existe en los jóvenes?
Sí. De hecho este amor inicia en pareja con el vínculo madre-hijo (a) y la calidad y seriedad de las siguientes relaciones de pareja a futuro van a depender de esta primera relación o vínculo.
¿Los jóvenes crean alguna clase de dependencia con la pareja? ¿Por qué?
Esta pregunta está asociada con la anterior. Y simplemente si hubo dependencia mezquina e insana (madres ausentes emocionalmente, inmaduras, irresponsables, etc.) en este periodo posiblemente esto sea así, es decir la probabilidad que así sean las futuras relaciones es bastante alta.
¿De qué depende la capacidad de enamorarse?
Así como existe un coeficiente intelectual también existe un coeficiente emocional que se define como la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y el conocimiento para manejarlos y este a su vez está influenciado por diversos factores que se deberán alimentar durante el proceso de desarrollo de los jóvenes en su infancia.















