Jeans desgastados, camisas desaliñadas, blusas de corte europeo, zapatos extravagantes, rastas, crestas, piercings y tatuajes, entre otros, son lo que en conjunto se denomina la moda de las generaciones actuales de adolescentes.
Publicado por: JINETH PRIETO / jprieto@vanguardia.com
Y es que estar in ha sido una prioridad para los jóvenes desde tiempos inmemoriales, quienes aunque no comparten los mismos gustos, si establecen artículos distintivos de su época, que se convierten en la bandera de lo que será su generación.
No obstante, esa fijación por obtener los últimos accesorios ya sea de moda o tecnológicos, es mucho más que un simple capricho que viene de las grandes pasarelas de Milán, Nueva York o por qué no Medellín, Bogotá o cualquier otra ciudad. Según expertos esa es la manifestación de una etapa de la adolescencia que se evidencia debido a la necesidad que tiene un joven por pertenecer a un grupo en el que comparta con sus iguales.
La psicóloga Zulma Castañeda señala que, 'la moda para los jóvenes significa la posibilidad de pertenecer a un grupo, por eso existen las tribus urbanas y por eso es que se ven jóvenes emo, rockeros, punketos y rastafarys. Esas agrupaciones se crean a partir de la búsqueda de aceptación que emprenden los jóvenes cuando se relacionan con personas de su misma edad'.
Para ser más precisos, el término que define esa etapa de la adolescencia es la socionomía, entendida esta como el proceso de la búsqueda del yo interior de cada uno.
Al respecto el psicólogo Carlos Maecha explica que, 'todos en algún momento hemos pasado por esa etapa que se caracteriza por la búsqueda constante de encajar y sentirse aceptado, querido y protegido por personas de la misma edad y en la que el qué dirán importa en demasía'.
De ahí que vestirse de una u otra forma, llevar el cabello con peinados extravagantes o simplemente utilizar un accesorio sea más que una manifestación de impulso consumista, y se convierta en una expresión que demuestra que el adolescente se encuentra en proceso de construcción de su personalidad.
Es así que expresiones como ¡Qué boleta! ó ¡Qué oso!, utilizadas comúnmente por los jóvenes, son la forma de expresar lo que está prohibido dentro los círculos en que se mueven.
No obstante, el hecho de que esta etapa sea algo normal en la vida adolescente, no quiere decir que no necesite del acompañamiento de los padres.
Según Maecha, 'un buen proceso de socionomía se da cuando los padres en la etapa de la niñez inculcaron valores y acompañaron a sus hijos en el proceso de educación, ya que las enseñanzas que les dieron durante esa etapa serán las que primen cuando los jóvenes tomen las decisiones trascendentales de su vida'.
De lo contrario, esta época que debería ser terminada a eso de los 25 años, puede que jamás sea superada por el ahora adulto. Según expertos, hay cientos de personas en el mundo que jamás logran esa madurez y son los popularmente llamados inmaduros.
Por otra parte, también es de gran importancia que los padres noten que es supremamente errado el concepto del libre pensamiento en la crianza de sus hijos.
Castañeda argumenta que 'los padres son los que deben estar en todo momento con sus hijos educándolos, de no ser así ellos llegarán a tener problemas con su entorno, familia o la sociedad. Cuando los adolecentes no tienen fuertes pautas educativas en la niñez, tienden a buscarlas en lo que les ofrecen sus pares, y si eso es robar es bueno, pueden terminar muy mal. Los padres deben hacer más que sólo proveer dinero'.
Cuando la moda es perjudicial
En ocasiones la moda puede llegar a significar un arma letal para los adolescentes si estos no tienen el acompañamiento necesario. Los desórdenes alimenticios y las autolaceraciones se han convertido en prácticas supremamente peligrosas para ellos.
Los casos más comunes de lo que pueden llegar a ser los verdaderos alcances de la moda son sin duda los derivados de los desórdenes alimenticios: La bulimia y la anorexia.
'Estos casos se materializan debido a la imagen de belleza que predomina en los medios, sin embargo tienen inicios mucho más profundos. Las personas que padecen de esta clase de trastornos generalmente carecieron de afecto en la niñez, y esta se convierte en una de las consecuencias del abandono de los padres', explica Maecha.
Aunque cada cuadro clínico es particular, tienen en común el abandono paternal y síndromes de ansiedad y baja autoestima constante.
Para ayudar a los jóvenes es necesario que, 'desde edades muy cortas se les refuerce el cariño a sí mismos y que se les destaquen sus fortalezas', asegura Castañeda.
Por otra parte se encuentran las ahora comunes autolaceraciones, que aunque son muy frecuentes en la tribu urbana Emo, es necesario que se esté atento independientemente de si un adolescente se identifica como uno o no.
En su caso particular esta clase de acciones hacen parte de una fuerte carencia emocional que los jóvenes suplen practicándola para ser aceptados y lograr el reconocimiento y cariño de las personas con las que comparten.
Esta clase de conductas autodestructivas deben ser tratadas por especialistas.















