Las Santandereanas
Lunes 23 de junio de 2025 - 07:19 PM

La poeta barranqueña Andrea Cote: versos que cruzan fronteras

Desde Barrancabermeja, la poeta colombiana Andrea Cote ha construido una trayectoria internacional que la llevó a ganar el Premio Casa de América y a enseñar poesía en Estados Unidos.

La poeta barranqueña Andrea Cote: versos que cruzan fronteras
La poeta barranqueña Andrea Cote: versos que cruzan fronteras

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

Un día cualquiera en Barrancabermeja, a mediados de los años 90, entre los versos de Baudelaire, Rimbaud y Georg Trakl, leídos en tipografía pequeña y papel de prensa, comenzó a formarse el universo literario de Andrea Cote Botero, una de las voces más potentes de la poesía latinoamericana contemporánea. Tenía apenas 16 años y ya intuía que el lenguaje podía salvar. Que escribir era una forma de quedarse, aun cuando todo lo demás fuera despojo.

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Nacida en Barrancabermeja en 1981, Andrea Cote creció entre las brumas del Magdalena Medio, en una ciudad marcada por el petróleo, la esperanza obrera y la crudeza de los años más duros del conflicto armado. “La actividad cultural era muy difícil en esos años”, recuerda. “Aunque teníamos buenas bibliotecas públicas, no existían librerías. Lo que llegaba lo hacían las revistas”.

“Mis primeras lecturas de poemas fueron las de los poetas españoles que aparecían en los libros de textos escolares: Antonio Machado y Miguel Hernández. La primera cosa de la que me percaté al leer Sus versos era que la formulación de un hombre de otro tiempo y latitud podía tener el tono perfecto de mis emociones. Así comprendí que la poesía nos hermana en la circunstancia y más allá de ella”, explica.

Andrea no tuvo que elegir la poesía. Fue la poesía la que la eligió a ella. Como diría Blanca Varela, su referente peruana, “la poesía no se escoge, es ella quien lo escoge a uno”. O como la define Frank Báez, “la prosa es un perro, la poesía es un gato”: viene cuando quiere, ronronea si le place.

“Crecí en Barrancabermeja en las décadas de los 80 y 90’s, momentos en los que la disputa por el territorio y la violencia generalizada en el país hicieron muy difícil la actividad cultural, entre otras cosas”, señala.

Fue en un concurso intercolegiado de poesía donde conoció a la poeta Yirama Castaño, quien le abrió las puertas al Festival Internacional de Poesía de Medellín. En 1997, aún siendo bachiller, asistió por primera vez a sus talleres y entró en contacto con poetas vivos, con tradiciones que vibraban en el presente. Fue entonces cuando la poesía dejó de ser solo lectura y se convirtió en horizonte vital.

Una poeta con acento migrante

Formada como literata en la Universidad de los Andes y doctora en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Pennsylvania, hoy Andrea vive en El Paso, Texas, donde es profesora de poesía en la Maestría bilingüe de Escritura Creativa en la Universidad de Texas.

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Desde allí ha seguido construyendo una obra poética que ha cruzado idiomas, océanos y generaciones. Puerto calcinado, su primer libro, ganó el Premio Nacional de Poesía Joven (2002) y fue traducido a varios idiomas. Le siguieron títulos como La ruina que nombro, En las praderas del fin del mundo y, más recientemente, Querida Beth, ganador del XXIV Premio Casa de América de Poesía Americana 2024, un homenaje en verso a su tía migrante, a las mujeres colombianas que construyen vida lejos de casa, entre silencios, spanglish y resiliencia.

“Uno de los grandes retos ha sido migrar”, afirma. “No sólo por lo que suponen los rigores del desarraigo, las dificultades propias de las muchas formas en que se es migrante, sino también por la lengua, entre todas las formas del despojo la de la lengua se supone como una de las más aterradoras. Sin embargo, esta escasez de palabras para comunicarse no es del todo mala, se está más atento a la magia de los vocablos, aprender a hablar es cosechar”.

Andrea sabe que vivir de la literatura es nadar contra corriente. Lo ha sido desde Baudelaire y lo sigue siendo hoy, en un mundo que privilegia la inmediatez sobre la profundidad. “Supe desde que decidí estudiar literatura que mi capital sería el tiempo y no el dinero”, dice. Y ese pacto con la poesía, lejos de restarle, le ha regalado comunidad, sentido y una forma de habitar el mundo.

“Hasta el momento la poesía me ha protegido brindándome seguridad en mi oficio docente y acercándome a una tribu de seres que comparten la misma pasión y con quienes comparto el entusiasmo por un campo del saber que, aunque es poco comercial, es decididamente universal”.

En El Paso, donde conviven culturas, acentos y heridas de frontera, su aula es un espacio bilingüe en el que el inglés y el español no compiten, sino que se abrazan. “Allí realizamos talleres donde ambas lenguas se reconocen. De ese reconocimiento de la otredad depende el enriquecimiento mutuo”.

Lo mismo ocurre en su hogar, donde cría a sus hijos en una identidad mixta, híbrida, viva. “En el mundo actual, la capacidad de reconciliar mundos se ha convertido en un asunto esencial”.

“Esta dinámica se replica en el ejercicio de crianza de mis hijos, que también se desarrollan dentro de este contexto de identidad mixta, bilingüe, híbrida y fronteriza. En el mundo actual, la capacidad de reconciliar mundos se ha convertido en un asunto esencial”, cuenta.

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Siempre Barrancabermeja

Hoy, Andrea Cote escribe un ensayo autobiográfico sobre su infancia en Barrancabermeja y su experiencia de migración. No deja la poesía: parte de ella para explorar nuevas formas, para seguir recordando. En su obra resuenan los silencios de una ciudad que ha sabido resistir, las calles sin librerías donde se gestó una escritora que encontró en las palabras su hogar definitivo.

Desde la frontera entre México y Estados Unidos, Andrea lleva en la memoria el ritmo del Magdalena y el eco de esa joven que leía a Machado como si fuera un diario íntimo. Porque para ella, la poesía no es un género ni un estilo. Es una forma de estar en el mundo. Una brújula en medio del caos.

Y sí: es cierto que la poesía no se escoge. Pero también es verdad que algunas mujeres nacen con la lengua abierta para ella.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

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