La conexión permanente aumenta la ansiedad, altera el descanso y debilita los vínculos personales, según especialistas en psiquiatría.

Publicado por: Redacción Vanguardia
La idea de que el miedo a perderse algo ocurre únicamente entre adolescentes quedó atrás. Especialistas en salud mental advierten que el FOMO (Fear of Missing Out), un fenómeno asociado con la necesidad constante de estar conectado y al tanto de todo lo que sucede en redes sociales, ya se está extendiendo entre ejecutivos, empresarios y profesionales con altas responsabilidades laborales.
La hiperconectividad ha cambiado la manera en que las personas trabajan, se relacionan y miden su éxito. Hoy, revisar el celular apenas comienza el día, responder mensajes a cualquier hora o sentir ansiedad por no estar actualizado ya no son conductas exclusivas de las nuevas generaciones. El fenómeno también alcanza a quienes ocupan cargos directivos y enfrentan altos niveles de exigencia profesional.
La comparación digital también afecta a ejecutivos
Para la médica psiquiatra Laura Villamil Cortés, el mayor desafío no está en el desarrollo de la tecnología, sino en la forma como el cerebro humano responde a una exposición permanente a estímulos digitales.
La especialista explica que el cerebro evolucionó para convivir en grupos reducidos y construir relaciones cercanas. Sin embargo, actualmente cualquier persona puede compararse, incluso antes de iniciar su jornada laboral, con miles de publicaciones cuidadosamente seleccionadas que muestran viajes, ascensos, logros profesionales o estilos de vida aparentemente exitosos.
Ese cambio de referencia, según la experta, deteriora la percepción sobre la propia vida. No necesariamente porque las condiciones personales hayan empeorado, sino porque la comparación dejó de hacerse con el entorno cercano y pasó a realizarse frente a una vitrina permanente de éxitos ajenos.
Esta dinámica tiene un impacto directo en la salud mental. El FOMO ha sido asociado con mayores niveles de ansiedad, disminución de la satisfacción personal, problemas para dormir, uso compulsivo del teléfono celular e incluso un aumento de síntomas depresivos.

La validación digital puede debilitar el bienestar
Otro aspecto que preocupa a los especialistas es que muchas personas comienzan a medir su autoestima a partir de indicadores digitales como la cantidad de seguidores, las visualizaciones o el reconocimiento obtenido en redes sociales.
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Villamil advierte que cuando la identidad depende del algoritmo y de la aprobación constante en internet, el bienestar emocional se vuelve mucho más frágil. La búsqueda permanente de validación externa puede terminar reemplazando la construcción de una identidad basada en las experiencias reales y en las relaciones personales.
En ese contexto, la psiquiatra también hace una diferencia entre estar comunicado y sentirse verdaderamente conectado. Aunque la tecnología facilita el contacto inmediato, recuerda que las conversaciones presenciales generan procesos emocionales y neurobiológicos que no pueden reproducirse completamente mediante una pantalla.
Elementos como el contacto visual, el tono de voz, las expresiones faciales y la sincronía emocional siguen siendo fundamentales para fortalecer los vínculos humanos y proteger la salud mental.
Lejos de proponer un alejamiento total de las redes sociales, la especialista recomienda recuperar hábitos que permitan al cerebro descansar del flujo constante de información. Dormir adecuadamente, mantener conversaciones sin interrupciones del teléfono, compartir tiempo de calidad con familiares y amigos, y aprender a tolerar momentos de silencio son prácticas que ayudan a reducir los efectos de la hiperconectividad.
En una sociedad donde la conexión permanente parece haberse convertido en una obligación, los expertos coinciden en que el verdadero reto ya no consiste en estar disponible todo el tiempo, sino en encontrar un equilibrio que permita cuidar la salud mental sin renunciar a las ventajas que ofrece la tecnología.
















